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Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Status: Terminada
Genre:Romance / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:10.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis Corta
Valeria Sterling lo tenía todo bajo estricto control: una fortuna corporativa en ascenso, una independencia feroz tras romper con un prometido que le costó cinco años de desilusión, y la certeza de que el amor es una pésima inversión de tiempo. Para fundar su familia sin intermediarios sentimentales, viajó en secreto a una prestigiosa clínica en Suiza buscando un donante anónimo que jamás se cruzaría en su camino. Seis años después, Valeria es la reina de las finanzas y la exhausta generala de tres torbellinos idénticos: Lucas, Mateo y Emma.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: Manchas de Mermelada en Alta Costura

Lograr que tres niños de seis años salieran por la puerta principal de un ático en el Upper East Side antes de las ocho y media de la mañana requería la misma precisión logística que un desembarco militar en territorio hostil.

—Lucas, tus zapatos están en los pies equivocados. Mateo, suelta la cola del gato inmediatamente. Emma... ¿por qué tu mochila escolar pesa lo mismo que un lingote de plomo? —Valeria abrió el cierre del bolso con estampado de unicornios y sacó, una a una, tres botellas de esmalte de uñas, un frasco de perfume de jazmín que creía perdido hacía un mes y una rebanada de pan tostado con mermelada de fresa envuelta precariamente en una servilleta.

—Es mi kit de supervivencia diplomática —respondió Emma con solemnidad, ajustándose la diadema de terciopelo azul marino del uniforme escolar—. Si la maestra nos pone otro examen sorpresa de restas, le ofrezco una manicura francesa para aplazarlo.

—La extorsión infantil no está en el currículo de la academia Saint Jude, cariño. Y la mermelada no viaja en el bolso de cuero.

—El pan tostado tiene una vida útil de cuarenta y ocho horas antes de desarrollar colonias de hongos —observó Lucas, cambiándose los mocasines con calculada lentitud mientras miraba el reloj de pulsera con cronómetro que le había regalado su abuelo—. Mamá, si no cruzamos la avenida en cuatro minutos con doce segundos, el semáforo de Madison nos costará tres minutos adicionales y llegarás con un déficit de siete minutos a tu junta de alto impacto.

Valeria sofocó una sonrisa, cargó las tres mochilas sobre un solo hombro con la destreza de quien lleva seis años levantando pesas invisibles y abrió la puerta del ascensor privado.

—Adentro los tres. Ahora.

El trayecto escolar fue una sinfonía de gritos, teorías de conspiración sobre si los dinosaurios tenían plumas de colores chillones y una breve disputa territorial por quién ocupaba la ventana izquierda de la camioneta. Cuando finalmente entregó a la tropa en los portones de hierro forjado de la academia Saint Jude, Valeria respiró por primera vez en dos horas.

Se inclinó para despedirse. Mateo le rodeó el cuello con un abrazo tan efusivo como un placaje de fútbol americano, estrujando la solapa de su abrigo de cachemira.

—¡Rompe un barco en tu reunión, mami! —exclamó con entusiasmo antes de salir disparado tras sus compañeros de clase.

—¡Cierra el contrato con un margen del veinticinco por ciento! —añadió Lucas con un saludo militar.

—¡Y no dejes que ningún hombre con traje feo te diga qué hacer! —remató Emma, lanzándole un beso al aire con ademanes de estrella de cine.

Valeria subió de nuevo a la camioneta, sacudiéndose las solapas con una sonrisa triunfal. El caos doméstico había quedado contenido. La fiera materna cedía el paso a la depredadora corporativa.

Veinte minutos después, las puertas de cristal del piso cincuenta y cuatro de la torre Sterling Global se abrieron ante ella. El ambiente olía a café expreso amargo, aire acondicionado congelado y un pánico corporativo apenas disimulado.

En el pasillo que conducía a la sala de juntas principal, sus dos hermanos mayores, Julian y Thomas —vicepresidentes nominales de marketing y relaciones públicas, cargos creados exclusivamente para que su padre no los desheredara por incompetencia—, caminaban de un lado a otro como dos novatos esperando su sentencia de muerte.

—Por fin llegas —susurró Julian, pasándose un pañuelo por la frente sudorosa—. Papá está adentro con él desde hace diez minutos. Ese tipo no es humano, Valeria. Es un témpano de hielo con acento suizo. Nos miró a Thomas y a mí como si fuéramos cucarachas que accidentalmente entraron en su yate.

—Porque probablemente lo sean, queridos —respondió Valeria sin reducir la velocidad de sus tacones de diez centímetros sobre el piso de mármol negro—. ¿Revisaron las cláusulas de arbitraje que les mandé a las seis de la mañana?

Thomas tragó saliva, mirando hacia el techo.

—Eran... sesenta páginas en letra microscópica, Val. Confiamos en tu criterio. Solo... por favor, no seas tan agresiva. Thorne Maritime controla el setenta por ciento del tonelaje en el Mar del Norte. Si se levanta de esa mesa, papá nos va a obligar a trabajar los fines de semana.

Valeria se detuvo frente a las puertas dobles de caoba maciza. Se miró en el reflejo del vidrio lateral: su traje sastre gris carbón de corte impecable resaltaba su figura espigada; su cabello castaño oscuro caía en ondas perfectas sobre sus hombros; sus labios lucían un tono vino sobrio y letal. Estaba armada para la guerra.

Entonces bajó la mirada.

En el puño derecho de su blusa blanca inmaculada, justo por encima del gemelo de nácar, brillaba una mancha roja, pegajosa y descaradamente dulce. Un recuerdo dactilar de la tostada de mermelada de Mateo.

Julian ahogó un grito de espanto.

—¡Tienes mermelada en la ropa! ¡Bastian Thorne va a pensar que desayunaste con un oso!

Valeria ni pestañeó. Con una calma absoluta, desabrochó el botón del puño, dobló ambas mangas hacia arriba con dos pliegues simétricos y precisos, dejando al descubierto sus antebrazos delgados y una pulsera de oro macizo. El look pasó de formal estricto a una declaración de poder ejecutiva: una mujer lista para remangarse y destruir a quien se cruzara en su camino.

—No es un oso, idiotas. Es fresa orgánica —dijo con frialdad—. Y ahora cállense y no abran la boca a menos que les pida que sirvan más agua.

Empujó las pesadas puertas de caoba con la palma de la mano y entró a la sala de juntas.

El silencio que reinaba en la estancia era tan espeso que casi crujía. Al fondo, de pie junto al ventanal panorámico que dominaba Central Park, un hombre alto, de hombros anchos y una presencia física tan dominante que parecía absorber la luz del espacio, se giró con deliberada lentitud.

Llevaba un traje azul medianoche que gritaba sastrería de Savile Row a kilómetros de distancia. Su mandíbula parecía tallada a golpes de cincel, y su postura era la de un emperador evaluando una provincia rebelde.

Pero fueron sus ojos los que congelaron el aire en los pulmones de Valeria.

Unos ojos grises. Metálicos, fríos, implacables.

Los mismos ojos que esa mañana habían intentado calcular las calorías de un panqueque con forma de dinosaurio.

Bastian Thorne la recorrió de pies a cabeza con una mirada lenta, calculadora y cargada de un magnetismo oscuro que hizo que la piel de Valeria se erizara bajo la seda. Sus labios se curvaron en una línea fina y peligrosa.

—Señorita Sterling —dijo Bastian, con una voz profunda, grave y arrastrada por un sutil acento europeo que vibró en el plexo solar de Valeria—. Veo que por fin decide unirse a nosotros. Empezaba a creer que su reputación de mujer implacable era solo una exageración de la prensa neoyorquina.

Valeria avanzó hacia la cabecera de la mesa, sosteniéndole la mirada sin parpadear, aunque por dentro un abismo helado comenzaba a abrirse en su estómago.

—En esta ciudad, señor Thorne, los únicos que le temen al tiempo son aquellos que no saben qué hacer con su poder —respondió ella, arrojando su carpeta sobre el cristal con un golpe seco—. Tome asiento. Tengo exactamente cuarenta y cinco minutos antes de que su oferta empiece a parecerme un insulto.

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Inoelia Lantigua
Ósea que el ya lo sabe
Cliente anónimo
Muy hermosa y romántica esta historia 👏👏
Flor Perez
como me gustaría que ya viniera un bebito a bordo 🤭🤭🤭🤭
Flor Perez
simplemente maravillosa 🥰🥰🥰🥰
Keyla M Borrero
😂😂😂
Flor Perez
una enorme felicitación, por tan preciosa novela tan diferente a todas las que se leen y esperemos que sigan más novelas como esta 🥰🥰🥰🥰
Maria Laura Perez: Gracias 🥰
total 1 replies
Keyla M Borrero
🔥🔥
Cliente anónimo
Me encanta el trama🥰
Cliente anónimo
Que bien Valeria 💕
Cliente anónimo
Al fin Valeria estás cayendo en los brazos de Bastian
Cliente anónimo
Parece que Valeria va entrando en razón
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya Valeria con sus inseguridades se la embarró, ahora que no se queje
Cliente anónimo
🥰que hermoso capítulo lleno de pasión, ternura y amor 👏👏👏te sobraste escritora te felicito
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya casi está lista para aceptar que está enamorada 🥰
Flor Perez
me encanta como se va desarrollando la novela , deseo que siga asi
Cliente anónimo
La trama se vuelve más interesante en cada capítulo, felicitaciones 👏👏
Cliente anónimo
Excelente novela escritora 👏👏👏
Cliente anónimo
Al fin Valeria perdió el control🤣
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