¿Crees que el destino puede unir a dos personas en el peor momento de sus vidas?
NovelToon tiene autorización de Tania Margarita Salcedo Estrada para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 19: El verdadero juego
La llamada terminó.
Adrián permaneció inmóvil con el teléfono en la mano.
Valeria se acercó.
—¿Qué te dijo?
Adrián la miró.
—Que Montenegro no es quien mueve los hilos.
Daniel observó la pantalla donde todavía aparecía el nombre de Sergio.
—Entonces todo este tiempo estuvimos siguiendo una historia que alguien escribió para nosotros.
Roberto cerró la puerta del hotel.
—Tenemos que salir de aquí.
—¿Por qué? —preguntó Valeria.
—Porque si Sergio sabe dónde estamos, no tardará en llegar.
Camila tomó su chaqueta.
—Y hay algo que todavía no entiendo.
—¿Qué? —preguntó Daniel.
—Si Sergio estaba detrás de todo, ¿por qué ayudó a Adrián a escapar?
Adrián respondió:
—Para que pudiéramos llegar hasta aquí.
Todos quedaron en silencio.
La idea era aterradora.
Sergio no quería detenerlos.
Quería guiarlos.
⸻
Bajaron rápidamente las escaleras.
Cuando llegaron al vestíbulo, encontraron la puerta principal abierta.
Afuera llovía.
Valeria se detuvo bajo la entrada.
La lluvia le recordó aquella primera noche.
La noche en que había conocido a Adrián.
Por un momento, todo pareció regresar al principio.
Adrián se acercó.
—¿Estás pensando en aquella noche?
Valeria asintió.
—Sí.
—Yo también.
Ella lo miró.
—¿Crees que fue una casualidad?
Adrián tardó en responder.
—Después de todo lo que hemos descubierto… ya no sé qué creer.
Valeria bajó la mirada.
—Yo sí sé una cosa.
—¿Cuál?
—Que no quiero perderte.
Adrián se quedó en silencio.
No encontró una respuesta inmediata.
Simplemente permaneció junto a ella mientras la lluvia caía frente a ambos.
⸻
Dentro del automóvil, Daniel revisaba nuevamente los archivos encontrados.
—Hay algo extraño.
Camila se giró.
—¿Qué?
—El archivo de Sergio fue creado hace quince años.
Roberto frunció el ceño.
—Eso es imposible.
—No.
Daniel amplió la información.
—Miren la fecha.
Valeria observó la pantalla.
12 de agosto de 2011.
—Hoy es 12 de agosto —dijo.
Daniel asintió.
—Exactamente.
Adrián comprendió.
—Todo lo que está ocurriendo hoy estaba preparado desde hace quince años.
Roberto permaneció callado.
—¿Papá? —preguntó Valeria.
Él negó con la cabeza.
—Hay algo que nunca les conté.
Todos lo miraron.
—Antes de desaparecer, recibí una carta.
—¿De quién? —preguntó Daniel.
Roberto sacó un viejo papel de su bolsillo.
—De Sergio.
Adrián se sorprendió.
—¿Qué decía?
Roberto abrió la carta.
Solo había una frase:
“Cuando llegue el momento, tus hijos serán la llave.”
Valeria sintió un escalofrío.
—¿La llave de qué?
Roberto respondió:
—De una verdad que nunca debía salir a la luz.
⸻
Mientras tanto, en una oficina oscura, Sergio observaba varias pantallas.
En una aparecía Valeria.
En otra, Adrián.
En otra, Daniel.
Montenegro entró en la habitación.
—¿Ya los tienes?
Sergio negó.
—Todavía no.
—Entonces estás perdiendo el tiempo.
Sergio lo miró.
—Tú no entiendes.
—¿Qué?
—No estamos intentando atraparlos.
Montenegro frunció el ceño.
Sergio señaló las pantallas.
—Estamos esperando que encuentren el último archivo.
—¿Y qué contiene?
Sergio sonrió.
—La razón por la que sus padres tuvieron que desaparecer.
Montenegro permaneció serio.
—¿Y qué pasará cuando lo encuentren?
Sergio apagó las pantallas.
—Entonces Valeria sabrá quién es realmente.
⸻
De vuelta en el automóvil, Daniel consiguió abrir otro archivo.
Apareció una grabación.
La imagen mostraba a Roberto quince años atrás.
Junto a él estaban su esposa, Esteban y Sergio.
Los cuatro discutían.
La grabación tenía poca calidad, pero el sonido era claro.
—No podemos hacerlo —decía la madre de Valeria.
Roberto respondió:
—Si no lo hacemos, ellos morirán.
Sergio intervino:
—Entonces debemos elegir quién desaparece.
La grabación se detuvo.
Valeria quedó paralizada.
—¿Quién desapareció?
Daniel miró a su padre.
Roberto cerró los ojos.
—Yo.
—Pero tú estás vivo.
—Sí.
—Entonces alguien más tuvo que ocupar tu lugar.
Roberto no respondió.
Valeria comprendió que había una pieza que todavía faltaba.
—¿A quién enterraron aquella noche?
Su padre bajó la mirada.
—A alguien que murió intentando salvarlos.
Nadie dijo una palabra.
Entonces el teléfono de Daniel recibió un mensaje.
“Si quieres conocer su nombre, vuelve al lugar donde enterraron a tu padre.”
Daniel levantó la mirada.
—Tenemos que regresar.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Al cementerio?
Daniel asintió.
Adrián encendió el automóvil.
La lluvia comenzó a caer con más fuerza.
Y mientras se alejaban del hotel, una figura observaba desde la distancia.
Era Sergio.
Pero esta vez no estaba solo.
A su lado estaba la madre de Valeria.
Sergio le entregó un sobre.
—Ahora comienza la última parte.
Ella lo abrió.
Dentro había una fotografía antigua.
La observó durante unos segundos.
Después dijo:
—Espero que mi hija pueda perdonarme.
Sergio respondió:
—Si descubre toda la verdad, quizá nunca vuelva a hacerlo.
Continuará…