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Cámara Encendida

Cámara Encendida

Status: Terminada
Genre:Romance / Malentendidos / Yaoi / Completas
Popularitas:892
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

De día soy el hijo perfecto, el alumno intachable que todos esperan ver. De noche me pongo la máscara y me convierto en Nox: la voz libre que miles esperan escuchar. Todo funcionaba en secreto hasta que mi seguidor más fiel, la única persona que realmente me entiende, resulta ser el mismo hombre que cada día me despierta curiosidad en la vida real. Ahora debo elegir: seguir escondiéndome para siempre, o encender la luz y mostrarle quién soy de verdad.

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CAPÍTULO 8 EL ÚNICO CAMINO ADELANTE

Pasaron lo que quedaba de la noche en ese sótano, sentados sobre el suelo frío y húmedo, abrazándose para darse calor mutuamente. Damián no dejó de temblar en ningún momento, y no era solo por el frío: era la sensación de que el mundo que conocía se había desmoronado por completo. Su padre era un hombre dispuesto a todo por dinero; su madre, en quien había confiado a ciegas, los había traicionado una y otra vez; y Elena, la única persona de fuera que parecía querer ayudar, también los había entregado. Nadie era quien decía ser. Nadie era de fiar. Excepto Gael.

—Si tú también me llegaras a fallar… —empezó a decir Damián con voz quebrada, mirándolo a la oscuridad—, no sé qué haría.

—Nunca te fallaré —respondió Gael con una firmeza que no sonó como una promesa vacía, sino como un hecho—. Puedes odiar al mundo entero si quieres, pero nunca dudes de mí. No hay nada ni nadie que me haga alejarme de ti.

Al amanecer, se atrevieron a salir. No podían ir a ningún lugar conocido, así que tomaron un autobús local que se dirigía hacia los pueblos pequeños al otro lado de la región, pagando con el poco dinero que Gael llevaba consigo y bajándose varias paradas antes de llegar a ningún sitio grande para no dejar rastro. Caminaron por caminos de tierra durante horas hasta que encontraron un viejo refugio de pastores abandonado, lejos de carreteras y casas, escondido entre colinas cubiertas de pasto seco. Allí se quedaron, porque era lo único que tenían.

Esa tarde, sentados en el suelo de tierra del refugio, revisaron todo lo que sabían y todo lo que les faltaba.

—Tenemos el diario del abuelo de Gael —dijo Damián contando con los dedos—. Tenemos la prueba de que el terreno es peligroso. Pero no tenemos los contratos firmados ni los registros de pago que Elena iba a darnos. Y sin eso, es solo la palabra de un hombre que ya no está contra la de toda una familia poderosa. Nadie nos va a creer.

—Además —añadió Gael con gravedad—, saben que tenemos el diario. Van a decir que es falso, que lo inventamos todo para dañarlos. Tu padre ya preparó el terreno: todo el mundo piensa que somos dos jóvenes rebeldes que quieren causar problemas.

Damián apoyó la cabeza entre las manos, sintiéndose vencido.

—Entonces no tenemos ninguna oportunidad. Ellos tienen dinero, influencia, gente que los obedece. Nosotros solo tenemos la verdad, y la verdad no vale nada si nadie se atreve a escucharla.

Gael se acercó y le levantó suavemente la barbilla para que lo mirara a los ojos.

—Escúchame bien. Mi abuelo no guardó esos documentos treinta años para que nos rindiéramos ahora. Tuvo miedo, se fue, pero no destruyó la verdad: la escondió esperando a que alguien viniera por ella. Y nosotros vinimos. Eso significa que ya no es solo nuestra lucha: es la de él también. Y la de todas las personas que viven abajo en el valle y que no saben que están en peligro.

—¿Pero qué podemos hacer? —preguntó Damián con desesperación—. No tenemos forma de conseguir las pruebas que faltan. Y aunque las tuviéramos… ¿quién nos va a ayudar si mi madre está de su lado? Ella sabe todo lo que hacemos. Si le contamos algo a alguien, ella se lo dirá a mi padre antes de que podamos terminar de hablar.

En ese momento, una idea le cruzó la mente a Damián, una idea tan dolorosa que le costó pronunciarla.

—Si ella sabe todo lo que hacemos… entonces la única forma de que no pueda avisarles es que no sepa lo que vamos a hacer. Tenemos que dejar de confiar en todos. Tenemos que hacer algo que no esperen en absoluto. Algo tan grande que no puedan detenerlo aunque se enteren a última hora.

—¿Como qué? —preguntó Gael, entendiendo hacia dónde iba pero sin atreverse a decirlo.

—Ir directamente al lugar donde van a construir —dijo Damián con voz firme—. Llevar el diario, los mapas, todo lo que tenemos… y hablar con la gente del pueblo. Con los que viven ahí. Con los que van a sufrir si ocurre un desastre. Si ellos conocen la verdad, no importa lo que digan mi padre ni los inversores: no podrán construir sobre gente que sabe que está en peligro.

Gael se quedó en silencio un buen rato. Sabía que era la única opción que les quedaba, pero también sabía lo arriesgado que era. Significaba salir de su escondite, exponerse, enfrentarse a toda la gente que los buscaba. Y si fallaban… no tendrían dónde esconderse nunca más.

—Es muy peligroso —dijo al fin—. Si nos descubren antes de hablar, no nos van a dejar explicar nada.

—Lo sé —respondió Damián—. Pero prefiero intentarlo y perder que quedarme escondido sabiendo que no hice nada. Y además… es la única forma de vencer a mi madre. Si le ganamos sin usar sus propias armas, su traición no habrá servido de nada.

Pasaron la noche preparando todo. Copiaron las páginas más importantes del diario en hojas separadas, dibujaron el mapa del terreno marcando las zonas de riesgo, y escribieron una explicación clara y sencilla de todo lo que había pasado. No mencionaron nombres para no dañar a nadie más que a los responsables; solo contaron los hechos tal como eran.

Antes de dormir, Damián se sentó junto a la entrada del refugio mirando las estrellas que apenas se veían entre las nubes. Gael se sentó a su lado.

—Tengo miedo —admitió Damián en voz baja—. Miedo a que nos hagan daño. Miedo a que todo salga mal. Miedo a que mi madre tenga razón y yo no sirva para nada.

—El miedo no significa que seas débil —le dijo Gael suavemente—. Significa que te importa lo que vas a hacer. Y eso es bueno. Significa que no eres como ellos: ellos no sienten miedo porque no les importa nadie más que ellos mismos. Tú sientes miedo y aun así vas a seguir adelante. Eso te hace mucho más fuerte que cualquiera de ellos.

Damián lo miró y en la oscuridad buscó su mano. Cuando la encontró y la apretó, sintió esa misma calidez que siempre lo había acompañado desde el principio.

—Gracias —susurró—. Por no haberte ido cuando podrías haberlo hecho.

—Nunca fui a ninguna parte —respondió Gael apretando con más fuerza—. Y mañana, pase lo que pase, no te soltaré la mano. Ni un segundo.

Esa noche durmieron poco y mal, sabiendo que al día siguiente todo cambiaría para siempre. No había vuelta atrás. Si ganaban, podrían detener el daño y limpiar sus nombres. Si perdían… serían separados, silenciados, y la mentira ganaría para siempre. Lo único que tenían era valor, la verdad y el uno al otro. Y en ese momento, para ellos, eso era suficiente.

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