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La Épica De Los Antiguos

La Épica De Los Antiguos

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Mitos y leyendas / Acción
Popularitas:59
Nilai: 5
nombre de autor: Bastian Silva

El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará

NovelToon tiene autorización de Bastian Silva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Jean Thompson

Jean estaba durmiendo, posando su cabeza sobre un pupitre blanco. Se encontraba dentro de un salón de secundaria pintado de color beige, él estaba en el último asiento de la zona de la puerta, donde había varios estantes que guardaban materiales escolares de la maestra. Las paredes estaban adornadas con carteles y pósters en referencia a la clase y una mujer anciana explicaba de forma latosa y lenta los detalles de la historia de Inglaterra.

—Y entonces la reina logró vencer a los alborotadores con la ayuda de una gran arma, así pudo reconquistar Nueva Inglaterra —dijo la mujer anciana, miró que uno de sus estudiantes se encontraba dormido mientras ella explicaba y molesta le regañó la imprudencia—: Joven Dan, ¿podría explicarme lo que acabo de decir?

—¿Qué, qué? —gritó un joven de piel morena, cabello negro y corto, nariz aguileña y ojos de color amarillo, que vestía un abrigo negro y debajo de este una playera roja.

—Dije que me explicara cómo se detuvo la revolución de las trece colonias —dijo la anciana, sonriendo con sus labios resecos y arrugados.

—¡Oh!, se refiere al enorme genocidio que ella provocó con la ayuda de invocadores —respondió Dan de forma amenazante, mirándola directamente a los ojos, pero sonó un timbre agudo desde afuera del aula, indicando el cambio de clase.

—Te salvas por esta vez —dijo la anciana, dándose cuenta de que Thompson también estaba durmiendo. El pecoso despertó por el ruido, agarrando sus cosas y, posteriormente, el hombro de Dan, saliendo rápidamente por la puerta.

—¡Hey!, tonto, si te vas a quedar dormido en esa clase siempre debes ponerte atrás —dijo Jean molesto, dándole un golpe en la nuca.

—Me sorprende que nunca te atrapen en tus cagadas y, hablando de ellas, ¿cómo haces para que tus padres no te descubran estando ebrio?, porque claramente estás con resaca —preguntó Dan.

—Ni idea, pero todos los domingos y jueves acabo borracho y ellos no lo notan. ¡Carajo!, un día estuve en el baño por tres horas, parecía un muñeco de trapo en el jodido suelo —contestó Jean mientras se reía, pero se detuvo al volverle la migraña. Se llevó la mano izquierda a la frente mientras apretaba los dientes.

—Necesitas agua —dijo Dan indicando un bebedero metálico que se encontraba al lado de los casilleros azules y al costado derecho del baño de los hombres. Jean se dirigió allí para tomar varios sorbos, secándose la boca con la manga de su sudadera—. Deberías dejar de beber tanto, no es saludable ni tampoco es «genial».

—Ya lo sé —dijo Jean mirando al suelo.

—En verdad sé lo de tu hermano, lo lamento, pero debes continuar; ¿qué tal si buscamos ayuda? Deberíamos aprovechar el último día de escuela —sugirió Dan.

—Sí —contestó Jean sobando su nuca, pero poniéndose pálido al escuchar lo último—. Aguarda, ¿no se supone que eso fue ya hace semanas?

—No lo creo ni sé de qué me hablas —dijo Dan—, estás demasiado confundido.

—Para comenzar… yo no tenía un amigo llamado Dan —dijo Jean tocando su frente, sintiendo un escalofrío recorriendo su cuerpo y agotando sus energías. ¡Oh!, no es igual a otras veces, ellos están aquí, debo... despertar.

—¡Hey!, tranquilo —dijo Dan intentando tocarle la cabeza, pero el pecoso se alejó de él, golpeándole el brazo.

—¡Y un carajo! —gritó Jean—, siempre removiendo mi cabeza, borrando las cosas que ellos me hacían o para qué me querían, inventando datos falsos y gustos que no eran míos, pero ¡ya no más!

—Dije que te calmaras —dijo Dan cambiando la voz a la de una mujer.

—joder, ¿estás aquí verdad? —cuestionó Jean, creando agua de la nada y perforándole el pecho a Dan—. Debes jugar con mi percepción de las personas y el mundo, perra.

—Necesitábamos que nos ayudaras a derrocar a la reina —dijo Dan mientras comenzaba a desaparecer—, pero todo se fue al carajo y tuvimos que cambiar de planes cuando asesinaste a Max. Te dimos una vida normal y te la arrebataríamos para culpar a la reina, así te nos unirías.

—Tu reina no me interesa, arruinaste mi vida —dijo Jean lanzando más balas de agua y destrozando lo que quedaba del cuerpo de Dan—. Debo despertar ¡ahora!

—carajo, él despertó —dijo la señora Thompson, presionando aún más con su sello mágico junto a otras cuatro personas que rodeaban al joven, inmóvil por los hechizos.

—¡me las van a pagar! —gritaba Jean furioso.

—La reina es tu verdadera enemiga —añadió su madre.

—¡Tu puta madre es mi enemiga, me quitaste mi identidad para tus estúpidos planes! —gritó Jean intentando zafarse de sus captores.

—Y pensar que los otros te fueron a buscar en el resto de la ruta y estuviste aquí desde el comienzo, tú nos obligaste a ir a buscarte —dijo la señora Thompson—. Ahora vamos, hijo, él nos necesita en el pueblo acre.

—Aguarda, Kevin, él...

—Probablemente debe estar muerto, acabaremos con todos los que interfieran —dijo Thompson sonriendo levemente y provocando que Jean se pusiera pálido por la noticia.

—Debe ser una puta broma —dijo Jean sin reaccionar. El solo hecho de saber que la única persona que realmente le entendía estaba muerto provocó que su moral disminuyera; su compañero solo quería una vida normal y por ayudarlo falleció. En ese pésimo estado de ánimo, el antiguo comenzó a llorar por la impotencia que sentía al no poder hacer nada en absoluto.

—¿En serio creíste que en la secta solo había humanos? Dahaka era de los nuestros, eso deja en claro que hay varias razas y especies entre nosotros y todo gracias a nuestro señor, que nos unificó —dijo su madre—. Dahaka envió un wendigo como mensajero en caso de que él no sobreviviera a la pelea contra ti.

—Deja de llorar, maldito monstruo, eres un asesino al igual que nosotros, solo que tú lo hiciste por capricho. El ideal de unificar la tierra es hermoso, ¿no crees? —dijo otro sectario.

—¿Pero cuántos más tendrán que morir? —preguntó Jean alzando su cabeza y mirando a su madre directamente a los ojos.

—Los necesarios —dijo Thompson con una mirada fría—. Igual lo del skinwalker fue una prueba para ver si podíamos negar los sellos protectores y el imbécil se fijó en ustedes dos. Fue una falla que erradicamos con éxito.

—Este tipo cree que puede ganarnos, incluso tiene una jodida espada legendaria que le dio Edgard —dijo otro que se quitó la capucha. Era un joven de piel negra, nariz respingada, orejas puntiagudas, barba de chivo en el mentón, patillas largas casi cubriéndole las quijadas, cabello largo y castaño peinado en un estilo de reggae; el color de sus ojos era verde oliva y su nombre, Taylan Fitch.

—¿Cómo es que saben todo esto? —preguntó Jean aún más pálido, notando que se trataba de otro antiguo.

—Niño, estamos en todos lados —añadió Taylan—. De todos modos, querías la verdad y esta es la verdad. De todos modos, nuestro jefe te necesita vivo.

«joder, de verdad se fue todo al carajo, tengo que escapar», pensó Jean desmayándose por el cansancio que le generaban los sellos.

La zona en la que una vez fue erigido un pueblo ahora era un montón de cenizas y un montón de escombros bañados en el polvillo gris. Los árboles fueron carbonizados alrededor de un kilómetro y en el suelo yacía Tom tirado boca arriba. El antiguo se encontraba en perfecto estado, incluyendo sus ropas. Como cualquier antiguo, se regeneró con su elemento gracias al ataque de Fatuo. Terminó carbonizado, pero eso era lo de menos, ya que una habilidad especial que tienen algunos que controlan las llamas es que pueden revivir como el ave fénix si su cuerpo muerto cae en el fuego. Se levantó como si nada hubiera pasado, lanzando una risa maniaca. Vengarse de la especie que le hizo daño le llenaba un vacío que traía desde hace siglos puesto, pero aun así no le saciaba del todo, al no alcanzar su objetivo principal.

—Maldito enfermo —dijo Kevin alzándose sobre la arena y mirándole con odio, dispuesto a pelear por una segunda vez. Tom miró al cielo con rencor para posteriormente girar y ver a su enemigo.

—Sí, lo soy —dijo Tom sonriendo falsamente, pues que le calificaran así le dolía bastante.

—Vas a decirme qué planean o morirás aquí mismo —amenazó el australiano con su espada.

—Dime, ¿tuviste la suerte de ser tratado como un monstruo aun dentro de los de tu propia especie? —preguntó Tom con ira, emanando fuego de sus puños—. ¿¡Acaso naciste maldito!? —Siguió lanzando dos bolas de fuego contra el rubio, que las esquivó girando en el suelo.

—No —dijo Kevin, creando un muro de arena que empujó rápidamente contra su adversario. «The wall» cayó al suelo sin aprisionar al pirómano, que saltó hacia atrás—. Realmente tuve una vida normal hasta que todo este caos comenzó a ocurrir, somos monstruos para los humanos, eso sí lo sé, por eso oculto mi apariencia.

—Creo que él no lo comprende —dijo Tom con una voz rasposa—. No, no lo hace —se dijo a sí mismo con su voz anterior, luego de un segundo se dio cuenta—. ¡Oh, no!, no ahora.

—¿Qué?, realmente eres un jodido loco —dijo Kevin creando lanzas de arena desde el suelo para intentar perforar el cuerpo del castaño.

—¡Era justamente a eso a lo que me refería! —gritó Tom creando una enorme bola de fuego que arrojó contra Kevin, pero su adversario ya no se encontraba en esa dirección, sino que se había metido en la arena para atacarle por la espalda, apuñalándole un pulmón. El castaño caminó varios pasos hacia adelante vomitando sangre y creó una esfera de fuego con la que se hizo explotar al tocarla con su pecho.

—Joder, debo avisar a Edgard —dijo Kevin huyendo de la zona.

—¡Nah! —gritó un humanoide hecho de fuego. Era Tom, que flotaba sobre el australiano de cabeza y le dio un puñetazo, mandándole a volar con un clon de fuego que estaba detrás de él—. La única ventaja de estar maldito es que puedo hacer esto, guah hajá —rio Tom. Entre ambos humanoides golpeaban a Kevin.

—¡Debemos matarle antes de que llegue al otro pueblo —dijo el clon con la voz rasposa. Se llamaba Tommy y creó una doble espada de fuego.

—Un carajo, maldito enfermo, «enther the motherfucking sandman» —dijo Kevin creando una polvareda de arena de la nada, que comenzó a girar como una tormenta de arena.

—¡Oh, no! —gritó Tom volviendo a su forma normal e intentando abrir los ojos, mientras Tommy intentaba avivar su llama para, posteriormente, lanzarle la doble espada de fuego.

Kevin atravesó la yugular de Tom haciendo que este cayera al suelo desangrándose e intentando maldecir al australiano. La doble espada impactó en el pecho del castaño, carbonizando su cuerpo, pero el australiano creó un escudo redondo que arrojó a la cabeza de Tommy, decapitándolo en el acto. Tom saltó a la acción como si nada, con su doble espada cortándole el brazo derecho a Kevin con mucha ira y haciendo girar su arma rápidamente, dejando al australiano bloqueando los ataques con su escudo y retrocediendo cada vez más. El manejo del arma doble era de un profesional, cambiando de brazo con cada ataque, pero el australiano consiguió hacerle un parry en el último minuto, dejándolo indefenso.

—Aquí acaba la pelea —dijo Kevin creando varias lanzas de arena cristalizada y amputándole ambos brazos a Tom, que gritaba del dolor, cayendo al suelo rodeado de su propia sangre. Intentó sanarse, pero el rubio le negó dicha acción colocando arena en ambas aperturas. Se acercó a su enemigo tomando su espada, con la que le amenazó, acercándosela a su yugular. —Ahora quiero saberlo todo.

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