Cuando Lysandra Aster, la nieta olvidada de la Casa Aster, muere traicionada por sus propios familiares, cree que todo ha terminado. Sin embargo, despierta diez años en el pasado, cuando apenas tiene ocho años.
Con los recuerdos de su vida anterior, decide cambiar el destino de su familia. En lugar de buscar venganza, utilizará su inteligencia para fortalecer la casa Aster, proteger a quienes le fueron leales y descubrir el oscuro secreto que amenaza al imperio.
Mientras las demás familias nobles luchan por el poder, Lysandra teje alianzas, impulsa el comercio y se convierte en una estratega brillante. En el camino conocerá al reservado príncipe heredero Kael, un joven que también carga con un destino incierto.
Pero cambiar el pasado tiene un precio, y cada decisión acerca a Lysandra a una verdad que podría destruir el imperio... o convertirla en la mujer más poderosa de su época.
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Capítulo 23: La primera batalla
La explosión hizo temblar toda la antigua torre.
Fragmentos de piedra y vidrio cayeron desde el techo mientras una nube de polvo cubría la habitación.
Lysandra retrocedió instintivamente.
Nunca había estado tan cerca de un verdadero combate.
Frente a ella, Elara sostenía su espada con firmeza.
Su mirada permanecía fija en los hombres vestidos de negro.
—No den un paso más.
El líder de los atacantes soltó una risa seca.
—Sigues siendo tan obstinada como hace veinte años, Guardiana.
—Y ustedes siguen sirviendo a la oscuridad.
Sin esperar otra palabra, dos de los encapuchados se lanzaron al ataque.
Elara se movió con una velocidad sorprendente.
Su espada plateada describió un arco brillante en el aire.
¡Clang!
El acero chocó contra las armas de los atacantes.
Uno de ellos fue obligado a retroceder varios pasos.
El segundo intentó rodearla.
Pero Elara giró sobre sí misma y lo desarmó de un solo movimiento.
Lysandra observaba sin poder apartar la vista.
"Es increíble..."
Aquello no era solo habilidad.
Era la experiencia de alguien que había dedicado toda su vida a proteger un secreto.
El líder permanecía inmóvil.
—No podrán escapar.
Hizo una seña con la mano.
De las sombras aparecieron cuatro hombres más.
Elara frunció el ceño.
Eran demasiados.
Se volvió hacia Lysandra.
—Escúchame con atención.
La joven asintió.
—Debes salir por la puerta trasera de la torre.
—¿Y usted?
—Yo los detendré.
Lysandra negó con fuerza.
—¡No puedo dejarla sola!
Elara sonrió con serenidad.
—Tu deber ahora es vivir.
El futuro depende de ti.
Antes de que pudiera responder, un proyectil de metal atravesó una de las ventanas.
Elara lo desvió con su espada.
—¡Ahora!
Lysandra corrió por el estrecho pasillo que conducía hacia la parte trasera de la torre.
Su corazón latía con fuerza.
Detrás de ella podía escuchar el sonido de las espadas chocando.
Y los gritos de los atacantes.
Cuando estaba a punto de alcanzar la salida, una figura apareció bloqueando el camino.
Vestía la misma máscara negra con el símbolo del sol atravesado por una espada.
—No tan rápido.
El hombre desenvainó un puñal.
Lysandra retrocedió.
No sabía luchar.
Miró rápidamente a su alrededor.
Solo había una vieja lámpara apoyada contra la pared.
El hombre avanzó lentamente.
—Entréganos la llave.
Ella respiró hondo.
"Piensa."
"Siempre hay una salida."
Tomó la lámpara con ambas manos.
Cuando el atacante estuvo lo suficientemente cerca...
La lanzó contra el suelo.
El vidrio estalló.
El aceite se derramó.
Las llamas comenzaron a extenderse por el corredor.
El hombre dio un paso atrás para protegerse del fuego.
Aprovechando ese instante, Lysandra pasó corriendo junto a él.
—¡Deténganla! —gritó el encapuchado.
Apenas salió de la torre, escuchó pasos acercándose.
Por un instante creyó que eran más enemigos.
Pero reconoció una voz.
—¡Lysandra!
Era Kael.
Detrás de él corrían Selene, Lucien y varios profesores de la Academia.
Lady Helena desenfundó inmediatamente su espada.
—¡Protejan a los estudiantes!
Los atacantes comprendieron que habían perdido el factor sorpresa.
El líder observó a Elara por última vez.
—Nos volveremos a encontrar.
Con un rápido movimiento, lanzó una esfera de humo al suelo.
Cuando la nube se disipó...
Todos habían desaparecido.
Los profesores entraron rápidamente en la torre.
Elara seguía de pie, aunque tenía un corte en el brazo izquierdo.
Armand apareció pocos segundos después.
Al verla, respiró aliviado.
—Llegamos a tiempo.
Elara negó lentamente.
—No.
Llegamos demasiado tarde.
Los enemigos ya conocen la existencia de la heredera.
Armand guardó silencio.
Sabía que aquello cambiaría todo.
Horas más tarde, el director reunió a los estudiantes en el gran salón.
Anunció que la torre quedaba clausurada por motivos de seguridad.
Nadie mencionó el verdadero motivo del ataque.
Solo Lysandra, Kael, Selene, Lucien, Armand y Elara conocían la verdad.
Aquella noche, Armand entregó a Lysandra un pequeño cofre de madera.
—Guárdalo.
Ella lo abrió.
En su interior descansaba la llave plateada de los cuatro símbolos.
—¿No era de los Guardianes?
Elara sonrió.
—Desde hoy...
Es tu responsabilidad protegerla.
Lysandra sostuvo la llave entre sus manos.
Podía sentir una extraña energía recorriéndola.
Sin embargo, en lo más profundo de su corazón comprendía que aquello no era un premio.
Era una carga.
Una responsabilidad que podía decidir el futuro del Imperio.
Y, muy lejos de la Academia, en un castillo oculto entre las montañas, el misterioso líder de la organización del Sol Negro observaba un antiguo mapa.
Cuatro puntos comenzaron a brillar lentamente.
—La primera llave ya ha despertado...
Sonrió con frialdad.
—Ahora solo faltan tres.
La verdadera guerra por el legado de las familias fundadoras acababa de comenzar.