Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.
Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.
Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.
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Capitulo 20
A la mañana siguiente el día arrancó con esa neblina baja que suele encajonarse entre los rascacielos de Manhattan, dándole a la ciudad un aspecto grisáceo y frío. Me levanté a las cinco y media, con el estómago un poco cerrado por la expectativa del contraataque que habíamos planificado, pero bastó con ver a Christopher parado junto a la mesada de la cocina para que el pulso se me regulara de inmediato
Llevaba puestos unos pantalones oscuros y una camisa gris que le marcaba los hombros, y aunque estaba concentrado tecleando los últimos comandos en la tablet encriptada, se dio la vuelta en cuanto escuchó mis pasos y me regaló una mirada llena de una calidez absoluta
— Buenos días, mi amor — me saludó con esa voz profunda que me acariciaba el alma, dejando el dispositivo sobre el granito para caminar hacia mí. Me tomó de la cintura con una delicadeza increíble y me atrajo hacia su cuerpo, dándome un beso largo, pausado, de esos que te hacen olvidar que afuera hay una guerra de familias a punto de estallar — Dormiste poco, Elena. Te estuve mirando y estabas muy inquieta antes del amanecer
— Es que la mente no me para, Christopher — le respondí, acomodando mis manos en su pecho y sintiendo el latido firme de su corazón bajo la tela de la camisa — Estaba repasando mentalmente las ecuaciones para el parcial de macroeconomía del mediodía y, al mismo tiempo, las transferencias de Santino al banco del oeste. Pero tenerte así de cerca me borra cualquier rastro de nerviosismo
— Todo va a salir a la perfección hoy, te lo prometo — me aseguró, dándome un beso tierno en la punta de la nariz antes de soltarme sutilmente para servirme una taza de café humeante — La trampa técnica ya está corriendo en el servidor del búnker secundario. Si los hombres de Santino intentan pinchar nuestra frecuencia de radio mientras estás adentro de la facultad, el sistema les va a tirar una geolocalización falsa que apunta directo al galpón de la firma en Queens. Los muchachos de la cuadrilla norte ya están apostados allá, listos para recibirlos y neutralizar cualquier amenaza
— Sos un estratega impecable, Sterling — le sonreí, tomando un sorbo de café y sintiendo cómo el orgullo por el hombre que tenía al lado me inflaba el pecho. — Mi padre y Franco piensan que me mandaron a Nueva York para estar metida adentro de una campana de cristal, pero no se imaginan el equipo que armamos acá. Vos cuidándome la vida y yo desarmando las estructuras de lavado de Moretti a través de los balances. Somos indestructibles
El viaje hacia el campus universitario se desarrolló en un silencio sumamente cómodo, de esos que solo logran las personas que se conocen y se aman de verdad. Christopher manejaba con la mano izquierda firme en el volante, pero la derecha la mantenía entrelazada con la mía sobre la consola del sedán, dándome caricias suaves en el dorso de la mano con el dedo pulgar cada vez que el tránsito de la avenida del canal nos obligaba a frenar. Parecíamos una pareja común y corriente yendo a sus obligaciones diarias, y ese era nuestro mayor triunfo: haber encontrado una normalidad hermosa en medio del caos que acarreaba mi apellido
Llegamos a la dársena de seguridad del sector norte a las ocho y cuarto de la mañana. Al bajar del coche, recuperamos la distancia formal reglamentaria que debíamos mantener frente a las miradas curiosas o los posibles informantes que Santino pudiera tener merodeando el predio académico. Caminamos hacia el ala este del edificio principal con una separación de un metro, pero nuestros ojos se buscaban constantemente, cruzando miradas cargadas de complicidad, romance y una promesa silenciosa de cuidado mutuo
Me metí de lleno en mi rol de estudiante en cuanto pisé el aula magna. Durante las siguientes cuatro horas, me abstraje por completo de los búnkeres de comunicaciones, de las agencias marítimas de Chelsea y del peligro que representaba el sobrino de Don Moretti
Saqué mis hojas de anotaciones y mis apuntes manuscritas, concentrándome en desarrollar cada punto del examen de macroeconomía con una precisión matemática que me valió la felicitación del profesor titular al momento de entregar la planilla. Yo era una Rossi, la consentida de la casa, pero me ganaba mi lugar en el mundo demostrando que mi inteligencia estaba a la altura de cualquier desafío académico
Mientras tanto, Christopher se mantuvo en los pasillos del segundo piso, simulando leer unos archivos en su teléfono celular, pero manteniendo un control perimetral absoluto sobre cada persona que subía por las escaleras mecánicas o salía de los ascensores del sector de administración. Su presencia imponente era un escudo invisible que me permitía estudiar con una tranquilidad que jamás hubiera tenido en Illinois
A las dos de la tarde, salí del aula magna con la mochila al hombro y una sonrisa de absoluta satisfacción en la cara. En cuanto divisé a Christopher junto a la fuente de piedra del patio interno, apuré el paso, manteniendo las formas hasta que subimos al auto y cerramos las puertas blindadas, dejando el ruido del campus del otro lado de los cristales
— Te fue bárbaro, por lo que veo en esa sonrisa — me dijo de inmediato, girando el cuerpo en el asiento del conductor para tomarme de las manos y darme un beso lleno de orgullo en los labios
— Excelente, Christopher. Entregué un examen impecable, los gráficos de mercado cerraron a la perfección — le contesté con alegría, antes de que mi semblante se volviera un poco más analítico — Pero ahora que la estudiante cumplió, hablemos de lo nuestro. ¿Qué pasó con la trampa técnica? ¿Mordieron el anzuelo los hombres de Santino?
Christopher sonrió con una frialdad táctica que me demostró lo bien que manejaba los hilos de la seguridad. Sacó la tablet de la guantera y me mostró la pantalla, donde se veía el mapa digital de las afueras de Queens con varios puntos rojos titilando en tiempo real
— Entraron de cabeza, Elena. A las once y media, mientras estabas rindiendo, el servidor del búnker registró un intento de escucha en nuestra línea perimetral. El software les mandó la coordenada falsa de inmediato. Una cuadrilla de tres autos de los Moretti se movilizó hasta el galpón de Queens pensando que estabas ahí reuniéndote con los contadores de Franco. Los muchachos de la firma los emboscaron antes de que pudieran bajar de los vehículos. No hubo necesidad de disparar una sola bala, los cercaron, los desarmaron y los tienen retenidos bajo custodia de la central
— Eso es un golpe durísimo para Santino — analicé en voz baja, mirando los gráficos manuscritos que detallaban las patentes de los autos secuestrados — Perdió a sus hombres de confianza en Nueva York y se quedó sin su centro de comunicaciones en menos de veinticuatro horas. Debe estar dándose cuenta de que la consentida de los Rossi no está tan desprotegida como él pensaba cuando armó el atentado en el muelle del sur
Regresamos al departamento pasadas las tres de la tarde, y en cuanto la puerta principal se cerró con el doble cerrojo de seguridad, la tensión del operativo se disolvió por completo para darle paso a un ambiente puramente romántico
Christopher dejó las armas y la tablet sobre la mesada de la cocina, se quitó el saco oscuro y me tomó en sus brazos con una urgencia hermosa, cargada de todo el amor y la pasión que habíamos contenido durante las horas de la facultad
Me sentó sobre la barra de granito negro, quedando a la altura de sus ojos, y me besó con una intensidad desbordante, recorriéndome la espalda con sus manos grandes por debajo del abrigo ligero. Yo me entregué por completo a sus caricias, enredando mis dedos en su pelo corto y disfrutando del roce de sus labios ásperos contra los míos
Estar así, demostrándonos afecto en cada rincón de nuestra intimidad, era la verdadera recompensa de haber jugado nuestras cartas con tanta inteligencia
— Me volvés loco, Elena — me confesó en mitad de un suspiro, apoyando su frente contra la mía mientras me delineaba la mandíbula con la punta de los dedos — Ver cómo rendís un parcial con la mayor tranquilidad del mundo mientras afuera estamos desmantelando una banda de Moretti es algo que me enamora cada día más. Sos increíble
— Aprendí a tener templanza gracias a vos, Sterling — le respondí con una sonrisa sutil, dándole un beso corto antes de acomodar mi cabeza en su hombro — Sabía que estabas afuera cuidándome las espaldas, y eso me dio toda la seguridad que necesitaba para concentrarme en los números. Pero ahora que limpiamos el perímetro de Queens, tenemos que planificar el movimiento definitivo. Santino está acorralado, y un enemigo acorralado es el doble de peligroso si no se lo frena a tiempo
Pasamos el resto de la tarde sentados juntos en el sillón grande, compartiendo un café y disfrutando de la paz del piso alto mientras el sol empezaba a caer detrás de la línea de los rascacielos del distrito financiero
A pesar de que la amenaza de Santino seguía latente en alguna oficina clandestina de Chelsea, el amor que nos unía se había transformado en nuestro escudo más fuerte, una realidad paralela donde las directivas frías de mi padre ya no tenían el poder de dictar nuestras vidas
Hacia la noche, Christopher preparó una cena casera y nos quedamos conversando sobre el futuro, trazando planes manuscritas en una libreta de anotaciones sobre lo que haríamos cuando terminara el año lectivo en Nueva York. Queríamos construir una vida lejos de los búnkeres de Chicago, un destino propio donde él no tuviera que cargar un estuche de cuero en las costillas y yo pudiera ejercer mi carrera de analista en un mercado limpio y transparente
— Lo vamos a lograr, mi amor — me aseguró Christopher, tomándome de la mano y dándome un beso tierno en los nudillos antes de apagar las luces del living para irnos a descansar — Santino Moretti vino a buscar venganza por su tío, pero lo único que va a encontrar en Manhattan es el final de su carrera. Nosotros vamos a defender esta tranquilidad y este amor con todo lo que tengamos, y nadie va a venir a romper el refugio que tanto nos costó armar
Me abracé a su cuerpo en la oscuridad del dormitorio, sintiendo su respiración regular que me transmitía una paz absoluta. Mañana sería otro día de estudio en la universidad y de estrategias fuera del horario de clases, pero esta noche, en la intimidad de nuestro piso de la Quinta Avenida, el mundo nos pertenecía por completo.