NovelToon NovelToon
El Precio De Amarte

El Precio De Amarte

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Él domina un imperio, pero ante ella se vuelve un cobarde.
Dominic Sterling es el implacable magnate de la moda inclusiva en Nueva York, un hombre frío que construyó una fortaleza de éxito para proteger a su madre, Elena, de los fantasmas del pasado. Pero cuando Scarlett Sinclair —una brillante y hermosa diseñadora de alta costura que pisa fuerte en sus tacones altos— irrumpe en su empresa, el control de Dominic se desmorona.
Scarlett busca un socio, pero encuentra a un hombre que la desarma y que, al mismo tiempo, levanta una barrera de hielo por pánico a ser vulnerable. Mientras Dominic calla lo que siente, la llegada del carismático fotógrafo Julian Beck amenaza con alejar a Scarlett para siempre. Atrapado en su propio silencio, Dominic se enfrentará a la prueba más difícil: descubrir si el orgullo vale más que el precio de amarte.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El Sudor del Orgullo

El invierno parisino golpeaba con fuerza a las seis de la mañana. La oscuridad todavía devoraba las calles de Le Marais y una capa de escarcha cubría los adoquines, volviéndolos resbaladizos. Scarlett caminaba a paso rápido, con las manos enfundadas en los bolsillos de su abrigo y sosteniendo un termo de café caliente que utilizaba más para calentar sus dedos que para beber. Mientras doblaba la esquina hacia el callejón trasero de su taller, una sonrisa incrédula y un tanto amarga se dibujó en sus labios. Estaba convencida de que las exigencias de la tarde anterior habían sido el límite. Dominic Sterling, el hombre que manejaba las acciones de Sterling Textiles desde un piso presidencial en Manhattan, seguramente ya estaría a bordo de su jet privado de regreso a su zona de confort. Ningún multimillonario cambiaría su legado por un par de tijeras y un piso cubierto de pelusa.

Sin embargo, al acercarse a la puerta de metal gris, sus pasos se congelaron.

Apoyado contra la pared de piedra, sentado directamente en el escalón frío, se encontraba Dominic. La imagen era tan irreal que Scarlett tuvo que parpadear un par de veces para asimilarla. El magnate no llevaba su habitual traje de tres piezas ni su calzado de diseñador italiano. En su lugar, vestía unos jeans oscuros notablemente gastados, unas botas de trabajo rústicas que ya habían visto mejores tiempos y una playera vieja de algodón grueso que se ceñía a sus hombros, una prenda que Scarlett jamás habría imaginado ver en su guardarropa. Tenía las manos metidas entre las piernas para resguardarse del viento helado, y su respiración formaba pequeñas nubes blancas en el aire.

Al notar su presencia, él se puso de pie de inmediato. No hubo quejas sobre el clima, ni reproches por la hora, ni saludos afectuosos que intentaran ablandar la situación. Scarlett mantuvo la mandíbula firme, tragándose la sorpresa. Sin decir una sola palabra de bienvenida, sacó las llaves, abrió la pesada cerradura de metal y entró al taller, dejando que él la siguiera en silencio. Fue directo al armario de suministros, tomó un delantal de lona áspera y pesada de color verde oliva y se lo arrojó al pecho.

—Póntelo —ordenó ella con un tono seco y distante—. El camión de distribución acaba de estacionarse en el callejón. Llegó un cargamento de rollos de brocado pesado y terciopelo grueso de tres metros de largo cada uno. Tu tarea es descargarlos todos, subirlos por la rampa y organizarlos en el almacén del fondo por estricto orden de colores, texturas y gramajes. No quiero ver un solo pliegue maltratado.

Dominic tomó el delantal, se lo pasó por el cuello y ajustó las cintas en su cintura con un asentimiento firme.

—Entendido —fue lo único que respondió.

Las siguientes horas se convirtieron en un verdadero calvario físico para el empresario. Su cuerpo, entrenado en gimnasios de élite pero acostumbrado a la comodidad de las sillas de piel fina y a los escritorios de caoba, empezó a pasarle una factura dolorosa muy pronto. Cada rollo de terciopelo era una masa compacta, tosca y helada que requería emplear la fuerza de los hombros y los brazos para ser transportada a pie por la rampa de madera. A media mañana, la lona áspera de los envoltorios comenzó a hacer estragos en su piel. Los nudillos de su mano derecha, aquellos que aún conservaban las cicatrices rojizas del espejo roto en Nueva York, volvieron a abrirse debido al roce constante, dejando pequeñas manchas de sangre que él limpiaba rápidamente contra sus jeans para no estropear la mercancía. La espalda le ardía como si estuviera bajo fuego y los músculos de sus brazos temblaban visiblemente cada vez que levantaba un nuevo bulto, pero se negó a detenerse.

Desde el segundo piso, a través de los amplios ventanales de su oficina de cristal, Scarlett lo observaba todo. Sentada frente a su escritorio, sostenía su taza de café humeante mientras fingía revisar unos patrones de costura. Mantener el rostro impasible requería un esfuerzo monumental. Por dentro, una mezcla de asombro y conmoción la sacudía por completo. Ver al hombre más poderoso y arrogante de la industria textil, aquel que solía dar órdenes con un simple movimiento de cejas, agachando la cabeza, sudando bajo la luz mortecina de los tubos fluorescentes y trabajando a la par de las mozas de almacén, era una visión que desmantelaba cualquier prejuicio.

A mediodía, el ambiente del taller se tensó por un incidente en la mesa central. Una de las costureras más jóvenes, abrumada por las prisas de un pedido, cometió un error de cálculo al meter las tijeras en un costoso rollo de seda fina, provocando un desgarrón que arruinaría la prenda entera. La joven rompió a llorar, aterrorizada por la reacción de la jefa. Dominic, que se encontraba cerca acomodando unas cajas de hilos, presenció la escena. Conociendo el negocio textil desde sus raíces más profundas gracias a los años que pasó vigilando las fábricas de su familia, se acercó despacio a la mesa.

En lugar de reaccionar con la tiranía o el despotismo que solía mostrar en Nueva York, Dominic adoptó la postura de un artesano paciente. Se colocó al lado de la chica, tomó una tiza de sastre con sus dedos heridos y le mostró un corte diagonal alternativo que permitía salvar la estructura del vestido utilizando los retazos sobrantes, solucionando el desastre en pocos minutos. Todo el proceso lo hizo manteniendo la voz baja, con un respeto absoluto, asegurándose de que el altercado terminara antes de que Scarlett tuviera la necesidad de intervenir desde su oficina.

La jornada se extendió durante doce horas continuas. Cuando el reloj marcó las seis de la tarde, las luces del taller comenzaron a apagarse una a una. Dominic se encontraba de pie junto a la puerta trasera, visiblemente exhausto. Tenía la playera gris sucia de pelusa, los brazos cubiertos de polvo textil y las manos entumecidas y adoloridas por el esfuerzo del inventario.

Scarlett se acercó a él con paso lento, sosteniendo un pequeño sobre de papel. Lo miró fijamente y, emulando la misma frialdad burocrática con la que él solía pagar a sus obreros de línea en las fábricas de Manhattan, le extendió el sobre que contenía la paga mínima diaria en efectivo.

Dominic estiró su mano herida y tomó el dinero. Sus ojos oscuros, enmarcados por unas ojeras profundas debido al cansancio brutal de la jornada, se clavaron en la mirada clara de la diseñadora. No había reproches en su expresión, ni rastro del antiguo orgullo herido; solo una devoción intacta, limpia y decidida que brillaba con más fuerza que nunca.

—Gracias, señorita Sinclair —dijo Dominic con la voz ronca por el cansancio físico, esbozando una silueta de sonrisa rota—. Nos vemos mañana a las seis en punto, jefa.

Se dio la vuelta y cruzó el umbral hacia el callejón oscuro, perdiéndose bajo la llovizna helada de la noche parisina. Scarlett se quedó inmóvil junto a la entrada, sosteniendo el pomo de la puerta mientras el eco de sus pasos se desvanecía en la distancia. Miró el espacio vacío, sintiendo por primera vez en tres meses que los gruesos muros de indiferencia que había construido a su alrededor comenzaban a agrietarse de manera irreversible.

1
Maria Mongelos
Hermosa historia 💕 gracias querida escritora 💕
Maria Mongelos
Me encantó este capítulo, gracias querida escritora 💕
Maria Mongelos
Que bueno!! Ella vuelve y vuelve por él, por el hombre que ama y le demostró su amor
Maria Mongelos
Pero pueden visitarse, París no queda tan lejos, pueden hablar todos los dias
Maya
Mm pensé que iban a poder estar juntos otra vez se separan
Maria Mongelos
Está muy buena, gracias querida escritora 💕
Maria Mongelos
Siii, ya aprendió la lección, ya bajó la guardia, reconoció sus sentimientos, ahora aprovechen la oportunidad y sean felices
Maria Mongelos
Ya es hora de que tengan una conversación y dejar de lado el orgullo, creo que él ya entendió
alicia g
el amor y respeto por la pareja pueden mover montañas, excelente historia escritora, felicitaciones
Judy
Hermosa historia!
Judy
Hermosa historia!!!! Me encantó la trama, diferente pero con un mensaje muy valioso sobre el respeto, la confianza, etc. Felicitaciones!
Isela Aguirre
excelente novela autora felicidades me encantó 💕 saludos
JZulay
😉👌🏼
Isela Aguirre
excelente felicidades autora
Rosa Nicolás
excelente
Zulema Neme
Pobre.Scarlett..No.Sufras por un Soberbio 😍😍😍😍😍. Ya llegará la hora de tu Venganza 🍀🍀🍀🍀🍀🍀🍀
Karina Marriaga
hola escritora me gusta la historia pero la tienes que seguir escribiendo para ver más capitulos
Maria Mongelos
Tu orgullo va a quedar hecho trizas pero sí va a valer la pena si consigues el perdón de Scarlet
Maria Mongelos
Te pásate Scarlet pero me parece justo, él tiene que aprender a ser humilde
Maria Mongelos
Si realmente la amas vas a tener que demostrarlo, remar bastante para que ella vuelva contigo
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play