En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
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capitulo 20
🖤 Bajo la Piel del Hielo (Versión Oscura)
Capítulo 20 — Lo que no es suyo… tampoco lo comparte
La mansión estaba en silencio.
Después del caos… siempre venía eso.
Un vacío incómodo.
Luca no había dormido.
El alcohol ya no estaba.
Pero lo que había pasado… sí.
Caminó por el pasillo del tercer piso.
Sin apuro.
Pero con algo distinto en la mirada.
Los guardias se tensaron.
—Jefe.
—Abran.
La puerta se abrió.
Elena estaba despierta.
Sentada en la cama.
Mirando hacia la ventana.
No se giró cuando él entró.
—Pensé que no ibas a volver hoy.
Su voz estaba más firme.
Luca cerró la puerta.
—No es decisión tuya.
Elena giró la cabeza.
Lo miró.
—Nada lo es.
Silencio.
Luca la observó.
Buscando algo.
No sabía qué.
—¿Dormiste? —preguntó.
Eso…
No encajaba.
Elena frunció el ceño.
—¿Te importa?
—No.
Respuesta automática.
Fría.
Pero tarde.
Elena lo notó.
Y eso…
Le dio una pequeña ventaja.
—Entonces no preguntes.
Silencio.
Antes de que Luca respondiera…
La puerta se abrió.
Sin aviso.
Dante.
Entró directo.
Como si no le importara interrumpir.
—Tenemos un problema— empezó.
Pero se detuvo al verlos.
El ambiente cambió.
Dante miró a Elena.
Un segundo más de lo necesario.
—Estás mejor.
Elena lo sostuvo.
—Depende de con quién compare.
Eso generó una tensión inmediata.
Luca no habló.
Pero su mirada…
Se endureció.
—No te pregunté —dijo finalmente.
Frío.
Dirigido a Dante.
Dante no se movió.
—No te respondí a vos.
Silencio.
Pesado.
Luca dio un paso hacia él.
—No vuelvas a hablarle.
Directo.
Sin rodeos.
Dante lo miró fijo.
—¿Desde cuándo?
Eso…
Fue peligroso.
—Desde ahora.
Elena observaba.
En silencio.
Pero entendiendo todo.
Dante soltó una leve risa.
—Interesante.
Luca apretó la mandíbula.
—¿Qué?
—Nada.
Pausa.
—Solo que antes no te importaba.
Silencio.
—Ahora sí.
Eso…
Golpeó más de lo que Luca esperaba.
—No te confundas.
—No me confundo.
Dante dio un paso más.
—Solo estoy viendo.
—¿Qué cosa?
Dante lo miró directo.
—Que no la mataste.
Silencio.
—Que no la quebraste.
Pausa.
—Y que ahora tampoco querés que nadie más se acerque.
El aire se volvió pesado.
Luca avanzó.
Quedando frente a él.
—No es tu problema.
Dante no retrocedió.
—Se está volviendo uno.
Silencio.
Elena habló.
—¿Siempre discuten así?
Ambos la miraron.
Error.
Luca reaccionó primero.
—Cerrá la boca.
Pero ya era tarde.
Porque Dante sonrió.
Leve.
—Tiene razón.
Eso fue suficiente.
Luca lo empujó.
Fuerte.
—Te dije que no le hables.
Dante lo sostuvo.
Sin perder el equilibrio.
—¿O qué?
Silencio.
Tenso.
Peligroso.
—¿Te molesta?
Luca no respondió.
Pero su mirada…
Lo decía todo.
—Te molesta —repitió Dante.
Elena observó.
Atenta.
Porque eso…
Era nuevo.
Luca habló.
Más bajo.
Más oscuro.
—Salí.
Dante lo miró unos segundos más.
—Esto no va a terminar bien.
Se giró.
Y se fue.
La puerta se cerró.
El silencio volvió.
Luca seguía de pie.
Tenso.
Elena lo miró.
—No sabías que te importaba tanto.
Luca giró lento hacia ella.
—No me importa.
Ella inclinó la cabeza.
—Entonces ¿por qué te molestó?
Silencio.
—No es por vos.
—Claro.
Eso…
No ayudó.
Luca se acercó.
—No te confundas.
—No lo hago.
Se miraron.
Fijo.
—No sos nada.
Elena sostuvo la mirada.
—Entonces dejá de reaccionar como si lo fuera.
Silencio.
Otra vez.
Luca no respondió.
Porque no podía.
Y eso…
Era peor que cualquier respuesta.