⚠️✅️Sam y Norman comienzan a saciar su sed de aventura, lejos de su amada familia. El camino comienza a dificultarse, pero cuatro almas sellan sus destinos.✅️⚠️
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Marcha triunfal hacia el destino
El grupo finalmente había dejado atrás el lodo de los bosques para refugiarse en una ciudad comercial de mediano tamaño. Se alojaron en una posada de piedra llamada "El Descanso", un lugar con paredes gruesas y una chimenea que no dejaba de rugir. Después de unas semanas de viaje constante, durmiendo sobre raíces y bajo el frío, el lujo de un techo y una cena caliente se sentía casi irreal.
Sin embargo, la paz duró poco.
Estaban terminando de cenar en una mesa apartada cuando la puerta de la posada se abrió de golpe. Un hombre joven, con el uniforme de cuero azul oscuro y el emblema de la Orden de la Luz, entró con la respiración entrecortada y las botas cubiertas de barro. Sus ojos escanearon la sala hasta detenerse en las capas grises de los hombres de Lin.
-¡Capitán Lin!- Exclamó el mensajero, acercándose a la mesa y haciendo un saludo militar apresurado -He cabalgado tres días buscándolos. Los informes decían que se habían desviado del camino tras el ataque de las Sombras, pero veo que están a salvo.-
Lin se puso en pie lentamente, su mano bajando por instinto al pomo de su espada. Su rostro era una máscara de piedra.
-Traes noticias, soldado. Habla.-
-Una nueva misión directa del Alto Consejo.- Dijo el mensajero, extendiendo un pergamino sellado con cera roja -Se han avistado movimientos de la "Plaga de Sangre" en el norte. La Orden exige que su unidad se movilice de inmediato para interceptar a un posible alto mando de los No-Muertos que ha despertado de su letargo. Se cree que es el Rey de las Sombras.-
El silencio cayó sobre la mesa. Sam y Norman intercambiaron una mirada rápida. Los cazadores de Lin se mantuvieron inmóviles, esperando la reacción de su líder.
Lin ni siquiera tomó el pergamino.
-Dile al Alto Consejo que mi unidad ya no está disponible para sus misiones.-
El mensajero parpadeó, confundido.
-¿Perdón, capitán? No entiendo. La orden es clara. Es una movilización de grado uno.-
-He dicho que no.- Repitió Lin con una voz que hizo que los clientes de la posada bajaran la voz -El grupo bajo mi mando ha rechazado la Orden de la Luz. Ya no servimos a un consejo que persigue sombras mientras ignora la verdad que tenemos frente a nosotros. Mi misión actual es proteger a estos jóvenes.-
El mensajero retrocedió un paso, su rostro palideciendo.
-Capitán... ¿está usted sugiriendo que deserta? ¿En medio de una crisis? Sabe cuáles son las consecuencias. La Orden no perdona la traición. Serán declarados proscritos. Serán cazados por sus propios hermanos de armas. No habrá rincón en el reino donde puedan esconderse.-
-Que vengan.- Dijo Ettore desde su asiento, apoyando su ballesta sobre la mesa con un golpe seco -No somos traidores. Simplemente hemos abierto los ojos.-
-Es mi última palabra.- Sentenció Lin -Vete antes de que decida que ya no eres un mensajero, sino una molestia.-
El soldado, aterrorizado por la mirada gélida de Lin y el aire de autoridad que ahora emanaba de Sam, dio media vuelta y salió de la posada. Sabían que, en cuestión de días, su situación pasaría de ser una simple aventura a una cacería humana.
Más tarde esa noche, en la habitación que compartían Sam y Norman, el ambiente estaba cargado de una confesión pendiente. Sam estaba sentado frente a la ventana, mirando la luna, mientras Norman terminaba de escribir en su diario.
-Sam... tenemos que hablar.- Dijo Norman, dejando la pluma de lado -Y esta vez, sin mentiras de "agua de montaña" o "alucinaciones".-
Sam suspiró y se giró. En su pecho, el rubí carmesí brillaba débilmente a través de su túnica.
-Lo sé, Norman. Creo que después de ver a Lin arrodillarse ante ti, ya no hay espacio para secretos entre nosotros.-
Norman asintió y se sentó en el borde de la cama, frotándose las manos nerviosamente.
-Ese hombre... el de negro. Alaric. Me dijo que te cuidara, Sam. Me llamó "hechicero". Él sabía lo que yo era incluso antes de que yo mismo me atreviera a usar mi magia frente a otros.-
Sam bajó la voz.
-Él es el Rey de las Sombras, Norman. El mismo que la Orden quiere cazar. Pero para mí... él es algo más. He tenido visiones. No son sueños, son recuerdos. Hace trescientos años, yo era alguien llamado Malric. Yo era su compañero, su amante. Él ha estado esperándome todo este tiempo.-
Norman abrió los ojos de par en par, pero no mostró miedo.
-Eso explica muchas cosas. Explica por qué te mira como si fueras el único ser vivo. Y explica esa piedra que llevas. Pero Sam... ¿cómo te sientes tú con eso? No eres Malric, eres mi amigo de la infancia que se colgaba de los árboles.-
-Me siento... completo cuando él está cerca.- Confesó Sam -Es como si toda mi vida hubiera estado caminando a oscuras y él fuera la única antorcha. Pero también me dijo algo más. Mi sangre, Norman. Dice que soy un Blackshield. Un príncipe de un reino perdido. Que este viaje tiene un propósito mayor que ver paisajes.-
Norman soltó un suspiro de alivio y sonrió con tristeza.
-Vaya pareja de mentirosos estamos hechos. Tú un príncipe reencarnado y yo... bueno, yo soy lo que viste en el bosque. Mi madre siempre me dijo que nuestra sangre estaba ligada a la tierra, pero que era un don peligroso. En la aldea lo llamaban botánica, pero la verdad es que puedo sentir la vida en las plantas, en el aire. Puedo usar esa energía para sanar... o para destruir, si me viera obligado.-
Sam se acercó y puso una mano en el hombro de su amigo.
-Me salvaste la vida muchas veces de niño, Norman. Ahora entiendo que no era solo suerte. Eres un hechicero increíble. Y si Lin y sus hombres están dispuestos a morir por ti, es porque vieron la luz que emanas.-
-Lin...- Norman se sonrojó levemente -Es un testarudo. No sé qué vio en mí, pero me asusta la forma en que me mira. Es como si hubiera pasado toda su vida en la oscuridad y de repente hubiera descubierto el fuego.-
-Él te ama, Norman. A su manera torpe y de soldado, pero te ama. Amor a primer vista.- Dijo Sam con una sonrisa -Y Alaric... Alaric me ha prometido que no me obligará a nada. Él respeta quién soy ahora, aunque muera por reclamar quién fui antes.-
Ambos amigos se quedaron en silencio, procesando la magnitud de sus realidades. Ya no eran los chicos que soñaban con el Mar de Cristal por aburrimiento. Eran un príncipe guerrero y un hechicero de luz, escoltados por cazadores desertores y vigilados por el vampiro más poderoso de la historia.
-¿Qué vamos a hacer, Sam?- Preguntó Norman -El mensajero fue claro. La Orden vendrá por nosotros.-
Sam apretó el rubí en su pecho, sintiendo el eco del beso de Alaric y la fuerza de su linaje despertando.
-Vamos a hacer lo que Alaric sugirió. Vamos a descubrir mi propósito. Si soy un Blackshield, debe haber un lugar donde mi gente me necesite. Y si la Orden quiere guerra, les enseñaremos que no se puede cazar a quienes ya han encontrado su verdadera naturaleza.-
Norman asintió, su miedo transformándose en determinación.
-Escribiré esto en mi diario, Sam. Pero esta vez, no será un cuento de hadas. Será el registro de cómo empezamos a cambiar el mundo.-
Esa noche, mientras los dos amigos dormían con la conciencia tranquila por haber compartido sus cargas, Lin vigilaba la puerta de la posada con la mano en su espada, y Alaric, desde el tejado de enfrente, sonreía a la luna. El tablero estaba listo. Los secretos se habían convertido en armas, y el viaje hacia el corazón del Reino de los Blackshield ya no era solo una huida, sino una marcha triunfal hacia el destino.