Renace en un mundo mágico para cobrar venganza.
* Novela parte de un gran mundo mágico *
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Contrato 2
Cora permanecía de pie, con el contrato aún en las manos, sintiendo que las ideas se le atropellaban unas a otras. No era miedo exactamente, tampoco ira. Era confusión, una sensación incómoda de estar frente a algo que no encajaba con ninguno de los planes que había trazado.
Jason Evenson fue el primero en romper el silencio.
—Mire, lady Morgan —dijo con calma, apoyando ambas manos sobre el escritorio—. No es la primera vez que me caso.
Cora alzó la vista de inmediato.
—Estuve casado con una mujer capaz —continuó—. Inteligente. Administraba la mansión con eficacia. Se casó conmigo diciendo que estaba enamorada… y aun así me engañó. Luego se marchó.
No había rencor evidente en su voz. Solo hechos. Datos.
—Desde entonces, no busco amor —añadió—. Busco estabilidad. Necesito una esposa por contrato.
Cora frunció el ceño, todavía sin comprender del todo.
—Yo no… —empezó a decir, pero él levantó una mano, pidiéndole silencio.
—Usted denunció a las personas de su propia casa —prosiguió—. Eso significa que no desea seguir viviendo allí. Y durante la investigación, varios declararon que la ignoraban deliberadamente. Que la dejaban sin comer. Que la trataban como si no existiera.
Cora sintió un nudo en la garganta.
—Como duquesa Evenson —dijo él, mirándola fijamente—, nadie se atreverá a humillarla jamás.
Las palabras la golpearon con una fuerza inesperada.
[Duquesa]
No hija olvidada.
No moneda de cambio.
No víctima silenciosa.
Cora abrió la boca, pero no encontró las palabras.
—Duque… yo… —murmuró, insegura por primera vez desde que había despertado en ese cuerpo.
Jason respiró hondo y agregó, con la misma serenidad controlada:
—Y hay algo más.
Ella alzó la mirada.
—Si me da un hijo o una hija —dijo—, le daré su peso en oro.
Cora abrió los ojos, sorprendida, casi escandalizada.
—¿Qué…? —susurró.
No era una amenaza. No era una exigencia inmediata. Era una cláusula dicha con la misma naturalidad con la que otros hablaban de herencias o tratados.
El silencio se volvió espeso.
En la mente de Cora se superpusieron demasiadas imágenes: el anciano de sus pesadillas, el matrimonio forzado de la verdadera Cora, los golpes, la humillación… y luego, de pronto, otra visión distinta: poder, protección, un apellido que nadie se atrevería a mancillar.
Jason la observaba en silencio, dándole espacio.
—No le pido una respuesta ahora —dijo finalmente—. Piénselo. Pero entienda esto: conmigo, todo está escrito. Todo es claro. No hay engaños.
Cora apretó el contrato contra su pecho.
No sabía qué sentir.
Solo una cosa estaba clara: aquello no era una jaula sencilla… pero tampoco era el infierno que ya conocía.
Y por primera vez desde su reencarnación, la venganza y el futuro parecían entrelazarse en una decisión que podía cambiarlo todo.
Cora dejó escapar un suspiro largo y contenido. Luego alzó la vista y miró al duque directamente a los ojos, sin rodeos, sin máscaras.
—Hay personas de las que debo vengarme —dijo con firmeza—. Y no quiero que te interpongas.
Jason Evenson parpadeó, sorprendido por la franqueza. No esperaba esa condición, menos dicha con tanta calma.
—¿Son culpables? —preguntó.
—Sin duda —respondió ella sin vacilar.
El duque la observó durante unos segundos que parecieron eternos. Finalmente, asintió.
—Entonces no me opondré —dijo—. Podrás usar los recursos del ducado… siempre y cuando esas personas sean realmente malvadas.
—Lo son —afirmó Cora.
—Bien —respondió él—. Entonces ya nos estamos entendiendo.
Cora relajó apenas los hombros.
—Sí —dijo—. Ahora hay algo más.
Jason ladeó la cabeza, atento.
—Tiene que pretenderme.
El duque frunció el ceño, claramente confundido.
—¿Cómo dice?
—Nadie me temerá como duquesa si saben que esto es solo un contrato —explicó Cora—. Tiene que parecer real. Usted debe mostrarse enamorado. Tiene que haber demostraciones de afecto. Algo creíble.
Silencio.
Jason la miró con una mezcla de sorpresa y evaluación. Por primera vez desde que la conocía, algo parecido a la preocupación cruzó su rostro.
[Para ser tan joven… es peligrosamente inteligente]
—De acuerdo —dijo finalmente, asintiendo—. Lo haré.
Fue entonces cuando Cora lo sorprendió aun mas a él.
Sin titubear, tomó la pluma del escritorio, la mojó en tinta y firmó.
El sonido de la pluma deslizándose sobre el papel resonó en la oficina como un juramento.
Jason la observó en silencio, incrédulo por un instante.
Cora dejó la pluma, respiró hondo..
[Espero no haber firmado mi sentencia de muerte..]
Alzó la mirada una vez más, ahora ya no como una hija olvidada, ni como una víctima, sino como alguien que acababa de sellar una alianza peligrosa.
Desde ese momento, el juego había cambiado. Y ya no había marcha atrás.