Julián Alfonso Cabrera un CEO de mucho renombre, a pesar de estar casado con Karina Montalvo, llevaba una doble vida. ¿Podrá este CEO ocultar la verdad por nucho tiempo?
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Paco se lanzó sobre Julián
Como ya les dije antes, Karina quería ver a su exmarido en la calle. Pensó en poner a prueba el amor entre William y su exesposo.
Así que no lo pensó demasiado y, a media tarde
William recibió un mensaje. Necesito hablar contigo, es algo importante, ven a mi despacho, esta misma tarde.
William, intrigado por saber qué quería Karina acudió al llamado.
William llegó a Innovatech, fue directo al despacho de Karina, tocó a la puerta.
Al no recibir respuesta entró, Karina estaba en camisón, el despacho de Karina era muy íntimo, nadie podía entrar sin tocar a la puerta.
Karina tenía el camisón bajo una bata de seda, transparente, sentada con una elegancia depredadora. El aire olía a un perfume floral asfixiante.
Siéntate, William, dijo ella, señalando el sofá frente al suyo. Sé que estás trabajando mucho en tus galerías, lo sé porque te he visto en Instagram. Demasiado, diría yo, me preocupa que tu lealtad sea puramente profesional.
No sé a qué se refiere con eso.
Vamos, háblame de tú, tenemos algo en común, Julián Alfonso.
William se sintió mareado por la actitud de Karina, estaba irreconocible.
Karina se levantó y caminó hacia él, se inclinó, invadiendo su espacio personal, y puso una mano sobre el muslo de William. El contacto fue frío y calculado.
Sabes que yo puedo darte más que una vida con un hombre que nunca dejará de ser mi marido ante el mundo. Si me cuentas qué es lo que Julián está haciendo para su empresa, te apadrinaré en la mejor galería que hayas tenido nunca.
William sintió una náusea profunda. Sabía que ella lo estaba probando. Si cedía, perdería a Julián; si la rechazaba con demasiada brusquedad, ella podía vengarse de la manera más cruel.
Mi lealtad es con Julián, señora Karina, respondió William retirando su mano con una lentitud diplomática. Y los proyectos que haga Julián son suyos nada más. No me pida que traicione a Julián porque no lo voy a hacer.
Karina entrecerró los ojos. Una sonrisa gélida apareció en su rostro.
Lástima. La integridad es una virtud muy cara, William, espero que puedas pagarla.
William puso al tanto a Julián sobre lo que pasó con Karina.
Y esa misma noche, aprovechando que Karina estaba en una cena de recaudación de fondos, William y Julián entraron al despacho de Paco en la torre Innovatech.
Gracias a la tarjeta que aún conservaba Julián entraron sin problema, pero el sistema de seguridad personal de Paco era distinto: requería una clave biométrica.
Él usa su fecha de boda para todo, susurró Julián con un tono de amargura. No la de él, sino la nuestra, siempre estuvo obsesionado con lo que yo tenía.
Julián introdujo el código. Acceso concedido.
Mientras William vigilaba la puerta con el corazón a mil por hora Julián empezó a descargar archivos de la computadora de Paco. Fue entonces cuando lo encontraron: una carpeta oculta con el nombre "Proyecto Fénix".
No solo estaba la foto del beso.
Había registros de transferencia de fondos de la empresa de Karina a una cuenta personal de Paco en las islas Caimán.
También había documentos que probaban que la propia Karina había orquestado la caída de su padre para heredar la empresa; y Paco la había ayudado a encubrirlo.
"Y yo que creía que su padre se la había heredado en vida, eres una porquería, Karina", dijo Julián para sí mismo.
No solo nos tienen a nosotros, dijo William, mirando la pantalla, se tienen el uno al otro por la garganta. Son cómplices en un crimen mucho mayor que una infidelidad.
De repente, el sonido de un ascensor llegando al piso 40 retumbó en el pasillo vacío.
Las luces de seguridad se encendieron. No era un guardia. Era Paco, que había olvidado su celular y regresaba a la oficina.
William y Julián se miraron, no había tiempo para salir, se ocultaron tras el pesado cortinaje del ventanal justo cuando Paco entraba a la oficina.
El silencio era absoluto, roto solo por el clic de los zapatos de Paco sobre el mármol. Él se detuvo frente al escritorio. Olisqueó el aire. El perfume de Julián, ese rastro de sándalo, aún flotaba sutilmente en la habitación.
Paco sonrió para sí mismo, una expresión de triunfo retorcido, y extendió la mano hacia el cajón donde guardaba su arma personal.
El aire en el piso 40 se volvió gélido, Paco no era solo un contable, era un hombre que lo había sacrificado todo por la ambición, y no iba a dejar que un CEO sentimental le arrebatara su botín.
Paco descubrió que alguien ha tocado su computadora. Toma su arma y se dirige hacia los ventanales.
Sé que estás aquí, Julián, dijo con una voz suave, casi cariñosa. Puedo oler tu miedo. Siempre fuiste demasiado predecible.
Julián miró a William tras la cortina. El pánico en los ojos de William era evidente, pero Julián le puso una mano en el hombro y le entregó el disco duro con las pruebas del "Proyecto Fénix". Le hizo una señal clara. Vete, ahora.
¿Buscabas esto, Paco?, Julián salió de detrás de las cortinas, exponiéndose a la luz de la luna.
Paco apuntó al pecho de Julián. En ese segundo de distracción, William se desplazó por el extremo opuesto del despacho, moviéndose como una sombra hacia la salida de emergencia.
Julián no retrocedió. Caminó hacia él arma con una calma suicida.
Me traicionaste por una empresa que ni siquiera es tuya, Paco. Karina te despachará en cuanto le des lo que ella necesita. Eres su perro guardián, solo eso.
Soy el que mantiene este lugar en pie, gritó Paco, perdiendo los estribos. La rabia acumulada de años de estar a la sombra de Julián estalló.
Paco se lanzó contra Julián. No hubo disparos, pero sí un forcejeo brutal. Julián, impulsado por el deseo de ganar tiempo para que William escapara, peleó con una ferocidad que Paco no esperaba.
Cayeron sobre la mesa de cristal, que estalló en mil pedazos bajo sus cuerpos.