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Latidos Bajo La Bata

Latidos Bajo La Bata

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor a primera vista / Divorcio / Amor prohibido / Romance / Superpoder / Completas
Popularitas:21.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Esta es la crónica de Valentina Vingut, una estudiante de medicina cuya existencia se fragmenta al colisionar con Ricardo Vidal. Él es un magnate custodiado por un imperio de poder y una familia de fachada, pero poseedor de una oscuridad magnética que arrastra a Valentina hacia un romance prohibido. Lo que ella ignora es que esa conexión eléctrica no es azar: sus linajes han estado encadenados por una deuda de sangre desde tiempos ancestrales.
Será el deseo suficiente para silenciar la moral?

NovelToon tiene autorización de Estefaniavv para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22; el fuego de la tregua

Los días de persecución, las auditorías y el peso de los secretos habían levantado un muro de hielo entre ellos. Pero esa noche, tras la partida de Rosa y Verónica, el silencio en el ático de Ricardo dejó de ser pesado para volverse asfixiante de deseo.

Ricardo estaba de pie frente al ventanal que dominaba la ciudad, con la camisa abierta y la mirada perdida en las luces. Valentina se acercó por detrás, rodeando su cintura. Sintió la tensión en sus músculos, esa dureza de hombre acostumbrado a cargar el mundo, pero al sentir el contacto de ella, Ricardo soltó un suspiro largo, rindiéndose.

Se giró con una rapidez que le cortó el aliento. No hubo palabras. Sus ojos se encontraron y el fuego que habían intentado apagar con lógica estalló en un segundo. Ricardo la tomó por la nuca, hundiendo sus dedos en su cabello, y la besó con una voracidad que sabía a desesperación. Sus lenguas se buscaron con una urgencia primitiva, reclamando el tiempo perdido.

Él la levantó en vilo, obligándola a enroscar sus piernas alrededor de su cintura. Valentina sintió la dureza de su erección contra su centro, un recordatorio de que, a pesar de las guerras externas, el deseo por ella era su única verdad absoluta. La llevó hasta la mesa de caoba del comedor, apartando los documentos y carpetas con un brazo, despejando el espacio para lo único que importaba ahora.

Ricardo la depositó sobre la madera fría, pero el contraste duró poco. Sus manos, grandes y expertas, bajaron la cremallera de su vestido con una destreza que la hizo temblar. El tejido cayó, dejando su piel expuesta a la mirada devoradora de él.

—Días... —gruñó Ricardo contra su cuello, dejando un rastro de besos ardientes que la hacían arquearse—. Han sido siglos sin tenerte así, mi Iñvalentina

Él se despojó de su ropa con movimientos bruscos, revelando ese cuerpo de dios griego que Valentina tanto anhelaba. Cuando su piel chocó contra la de ella, el mundo exterior desapareció. Ricardo bajó la cabeza, capturando uno de sus pezones entre sus labios, succionando con una fuerza que le arrancó un gemido gutural. Con una mano, empezó a masajear su feminidad por encima del encaje de su ropa interior, encontrando el ritmo exacto que la hacía delirar.

—Ricardo... ahora... —suplicó ella, clavando sus uñas en sus hombros bronceados.

Él no la hizo esperar. Despojó a Valentina de la última prenda y se posicionó entre sus muslos. Se detuvo un segundo, mirándola a los ojos, asegurándose de que ella viera al hombre que la amaba por encima de su propio apellido. Entonces, entró en ella de una sola estocada profunda, llenándola por completo.

Valentina soltó un grito que se perdió en la boca de Ricardo. Él empezó a moverse con una cadencia salvaje, ordinaria, sin espacio para la dulzura. Era un reclamo animal. Cada embestida hacía que la mesa vibrara, que los cristales de la estancia resonaran con el eco de sus jadeos. Ella lo envolvía con sus piernas, atrayéndolo más, queriendo que él llegara a lo más profundo de su ser.

El sudor mezclaba sus cuerpos en una danza de sombras y luces. Ricardo la giró, poniéndola de espaldas, y la tomó con una posesión que la hacía sentirse suya hasta la médula. Susurros posesivos llenaban el aire: "Eres mía, Acosta. Eres mi sangre, mi tierra, mi vida". El clímax llegó como una explosión volcánica, sacudiéndolos a ambos, dejándolos exhaustos y unidos en un abrazo que parecía querer fusionar sus almas.

Minutos después, aún entrelazados sobre la mesa, el silencio volvió a ser cómplice. Ricardo besaba su espalda con una ternura infinita, trazando círculos imaginarios. Se durmieron en unos segundos y al pasar las horas Valentina despertó lo observó por unos minutos y decidió salir a la cocina en busca de comida, preparó algo rápido para a recargar baterías hizo unos sándwiches con un batido de fresa, fue al cuarto y despertó a Ricardo para comer, él estaba fascinado bajo su cuidado, bromearon unos momentos, jugueteando como una pareja casual y así pasaron varias horas, en el fondo de su corazón temia que Valentina saliera corriendo entre este caos, que llegara alguien sin tanta basura en su camino de peso ligero y ella escogiera a esa persona porque pensándolo bien era una chica joven que no tenía mucha experiencia y él ya habíais sobrepasado toda una vida con toda su carga además no había escuchado a Valentina decir que lo amaba estaba seguro que lo quería pero no si era de la misma forma que él lo hacía…

-Ricardo: este día era justo y necesario luego de tanta locura.

Y su mirada de un momento a otro se volvió sombría y sin previo aviso, Ricardo la tomó de las muñecas con una sola mano, inmovilizándola sobre la madera de la mesa. La presión era firme, una advertencia de su fuerza bruta que hizo que Valentina soltara un gemido de anticipación. Con la otra mano, él le rodeó el cuello, no para asfixiarla, sino para recordarle quién mandaba en ese espacio sagrado de sombras. Sus dedos apretaron lo justo, haciendo que el pulso de ella latiera con furia contra su palma.

—Dime de quién eres, Valentina —gruñó él, su voz vibrando en la base de su garganta—. Dímelo mientras todavía puedes articular palabras.

—Tuya... Ricardo, soy tuya —jadeó ella, arqueando la espalda, buscando el contacto que él le negaba con su calculada lentitud.

Él sonrió, una mueca depredadora. La giró con brusquedad, obligándola a apoyarse sobre sus manos y rodillas en el borde de la mesa. El frío de la madera contra sus muslos contrastaba con el calor abrasador que emanaba del cuerpo de Ricardo tras ella. Él le sujetó el cabello, tirando de su cabeza hacia atrás con la firmeza, exponiendo la línea pálida de su garganta.

Ricardo bajó la cabeza y mordió con fuerza el lóbulo de su oreja, antes de descender hacia su hombro, dejando marcas que mañana serían el recordatorio purpúreo de su entrega. Valentina sintió un escalofrío de placer masoquista recorrer su columna; ese dolor leve era el combustible que encendía su propio fuego.

—Me has tenido esperando en un infierno de secretos —susurró él, su aliento quemándole la piel—. Ahora vas a pagar por cada segundo de ese silencio.

Él no entró con suavidad. Se posicionó y la penetró de una estocada seca y profunda, un impacto que hizo que Valentina gritara, un sonido que mezclaba el suplicio y la gloria. Ricardo no se detuvo; empezó un ritmo frenético, ordinario, golpeando contra ella con una cadencia que buscaba desarmarla. Con cada embestida, su mano libre bajaba para encontrar su centro, aprisionando su clítoris con una presión implacable, casi dolorosa, que la llevaba al borde de un abismo del que no quería regresar.

Valentina estaba fuera de sí. El sudor hacía que sus cuerpos resbalaran, el sonido de la carne chocando contra la carne llenaba la estancia, rompiendo cualquier rastro de civilización. Ella buscaba el castigo de sus manos, la fuerza de su agarre, la manera en que él la dominaba como si fuera su propiedad más valiosa, su trofeo de guerra.

—¡Más, Ricardo! ¡No te detengas! —le ordenó ella entre espasmos, su voz rota por la intensidad.

Él acató la orden aumentando la velocidad hasta que el placer se volvió una tortura exquisita. Sus manos se cerraron con más fuerza sobre sus caderas, dejando huellas dactilares que Valentina llevaría con orgullo. El clímax llegó como una descarga eléctrica que la hizo colapsar, sus músculos se contrajeron alrededor de él en una agonía de gozo, mientras Ricardo se derramaba dentro de ella con un rugido que parecía arrancar las sombras de las paredes.

Quedaron jadeando, el pecho de Ricardo subiendo y bajando contra la espalda sudada de Valentina. El hombre duro, el león que acababa de reclamar su territorio, relajó finalmente el agarre en su cabello y la atrajo hacia sí, envolviéndola en un abrazo que, a pesar de la violencia del acto anterior, era de una protección absoluta.

—Nadie te va a volver a tocar, Isabela —murmuró él, su voz volviendo a ser esa seda oscura que la envolvía—. Nadie va a ponerte una mano encima mientras yo respire. Eres mi sangre y mi castigo.

Valentina se giró entre sus brazos, con los labios hinchados y la mirada nublada de satisfacción. En ese momento, no importaban los De la Torre, ni el litio, ni las mentiras de Ernesto Videla. Solo importaba el fuego que acababan de purificar.

—Esta noche, Ricardo... esta noche solo quiero que me vuelvas a demostrar que este imperio es nuestro.

Ricardo la miró, y en ese ático de cristal, el futuro de los Valmont se selló no con firmas, sino con la marca de sus cuerpos entrelazados. La guerra continuaría al amanecer, pero por ahora, el león y su guerrera descansaban sobre las cenizas de su propio deseo.

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Maria M. Rosario
mjy bonita la historia
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
LIZA VELAZCO
sencillamente hermosa!!!!! felicidades que gran historia 😊
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
Elina Beatriz Ravazzano
Te felicitó por tu imaginación. No entendí mucho,pero me gustó.
Estefaniavv: Viene una segunda parte que se desarrolla la historia final 🥰🥰
total 1 replies
AYA
El título de la novela cambió, al inicio no se leía fantasía y luego cambió a pura fantasía , no fue mala pero esos cambió tan drástico dañan la lectura.
AYA
Demasiado fantasía, 🙄😒
Carola Videla 😈🇦🇷
que triste vivir así, es injusto
Lirio Blanco: Cierto 😔
total 3 replies
Estefaniavv
🥰🥰🥰
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