Ella solo quería olvidar aquella noche.
Él jamás dejó de buscarla.
Dos gemelos, un secreto guardado durante cinco años y un reencuentro que no estaba en los planes de nadie.
El amor, el pasado y la verdad chocarán cuando el destino decida intervenir.
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୨୧Herederos de Una noche ୨୧
El golpe seco contra la mesa hizo que todos se sobresaltaran.
—¡Bien! —tronó la voz del hombre.
Ariana y Taehyun permanecían sentados frente a él, en la larga mesa de los ejecutivos. A unos metros, Theo y Noah jugaban con el secretario, ajenos a la tensión que cortaba el aire.
—Así que este es el gran secreto que tu madre quiso ocultarme —continuó el señor Kang, con la mirada fija en su hijo—. Siete millones de dólares… gastados por unos niños.
Ariana respiró hondo y levantó la mano con calma.
—Perdón, señor —dijo con firmeza—. Yo le dije a su esposa que no era necesario. No quiero nada de su familia, se lo juro.
—Ella dice la verdad, padre —intervino Taehyun—. Ariana nunca pidió nada. Fui yo quien insistió.
Taehyun sacó entonces unos documentos y los deslizó por la mesa.
—Aquí están. Son las pruebas de que ellos son mis hijos. Uno de ellos está enfermo… y yo ya comencé mi proceso de limpieza para poder ser donante.
El señor Kang tomó los papeles y empezó a leer. El silencio se volvió pesado.
—Así que… ¿soy abuelo? —murmuró al fin—. Explícame algo, Taehyun. ¿Novia? ¿Amante? ¿Por qué nunca dijiste nada?
Taehyun apretó los puños.
—Padre… la noche antes del incidente alguien drogó mi bebida —confesó—. Ariana también fue engañada y llevada a mi habitación. Ninguno de los dos estaba consciente.
El señor Kang se levantó de golpe.
—¿Qué hiciste? —rugió—. ¿Qué le hiciste a esta jovencita?
Taehyun respiró hondo, la voz rota.
—La usé… contra su voluntad.
—¡¿QUÉ?! —el grito resonó en la sala—. ¿Y nunca dijiste nada?
—Perdón, padre —dijo con la cabeza baja—. No sabía quién era. La busqué, quise pedirle perdón, pero ella se fue a Londres. Recién ahora volvió a Corea.
El señor Kang lo tomó del cuello de la camisa.
—¿Y crees que eso se perdona así de fácil?
—¡Espere! —Ariana se puso de pie—. Taehyun ya me pidió perdón. Y lo que está haciendo ahora… es asumir su responsabilidad. Está cuidando a su hijo.
El hombre la observó en silencio. De pronto, algo inesperado ocurrió: sonrió. Taehyun nunca había visto esa sonrisa.
—Gracias, jovencita —dijo acercándose a Ariana.
Ella cerró los ojos por reflejo, pero él tomó sus manos con suavidad.
—Gracias por darle dos bendiciones a la familia Kang. —sonrió—. Supongo que ahora… soy el abuelo Kang.
Mientras tanto, en el baño de la empresa, Bianca gritaba frente al espejo.
—¡¿POR QUÉ, ARIANA?! ¡¿POR QUÉ?! —golpeó el lavamanos—. No… esto debe ser un error.
—¿Qué pasa? —preguntó Vivi entrando apresurada.
Bianca se giró y fingió llorar.
—No quería decirte nada, Vivi… pero Ariana es mi hermana. Mi hermanastra.
—¿Qué te hizo?
—sollozó—. Parece que ella sedujo a mi prometido.
—¿Qué? ¡Eso es terrible!
—Ella siempre fue problemática —mintió—. Se fue a Londres por qué estuvo con un desconocido, quedó embarazada y huyó. Pero no le digas a nadie…
Bianca sabía que Vivi no sabría guardar el secreto. Sonrió por dentro.
En otro lugar, Nara esperaba nerviosa.
—Adrián… —susurró.
Él apareció con pasos tranquilos. Camisa celeste perfectamente planchada, pantalón de vestir oscuro, zapatos impecables. Su cabello rubio, peinado con precisión, brillaba bajo la luz. Tenía ese aire serio y sobrio que imponía respeto sin decir una palabra.
Nara dio un paso… y resbaló. Adrián la sostuvo de la cintura antes de que cayera.
—Gracias… —murmuró ella, sonrojada.
—No pasa nada —dijo él con voz calmada—. A mi sobrina le pasa todo el tiempo. Estos zapatos son un peligro.
—Genial… se arruinó la salida —hizo un puchero.
Adrián rió suavemente y se agachó. De su bolso sacó unas zapatillas.
—Siempre cargo estas. Por precaución.
Nara no podía creerlo. Se sentía como una princesa.
—¿Todo bien? —preguntó él mientras comían.
—Sí… —respondió ella, justo cuando Adrián limpió suavemente una mancha de su labio con una servilleta.
—Perdón… es costumbre —dijo, un poco incómodo.
—Se nota que la quieres mucho —dijo Nara.
—Ella es mi mundo —respondió él—. Desde que la vi supe que debía cuidarla. Espero que algún día encuentre a alguien que la vea como la chica fuerte que es.
De vuelta con la familia Kang, Theo y Noah miraban unos papeles.
—Abuelo, ¿qué es esto? —preguntó Theo.
—Sí, abuelito —añadió Noah.
El señor Kang rió y despeinó a ambos.
—Un millón de dólares para cada uno.
—¡¡¿QUÉ?!! —gritaron Ariana y Taehyun al mismo tiempo.
—No, señor, es demasiado —dijo Ariana.
—Nada es demasiado para mis nietos —rió—. Además, ya son herederos.
—¿Este lugar es mío? —saltó Theo.
—Nuestro —corrigió Noah—. ¡Somos los jefes!
El señor Kang volvió a reír, mientras Ariana observaba a sus hijos… y entendía que nada volvería a ser igual.