En un mundo donde la sangre llama a la venganza y el destino teje hilos inquebrantables, ella, la Omega despreciada, se alzará para reclamar no solo un trono, sino el corazón de un Rey. Pero un amor tan puro puede ser la debilidad más letal en un reino oscuro.
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Capítulo 20
Ethan la rodeó con sus brazos, hundiéndose en el aroma de ella, un perfume de jazmín y tierra húmeda que parecía calmar a la bestia que rugía en su interior. Permanecieron así un largo tiempo, dos almas rotas encontrando consuelo en la cima del mundo.
—Hay algo que debes saber —dijo Ethan después de un rato, separándose lo suficiente para mirarla—. Mi padre no murió de causas naturales. Fue asesinado por alguien que aún se sienta en mi mesa. La guerra que mencioné no es solo externa; hay una traición pudriéndose en el corazón de este palacio. Por eso necesito que seas fuerte. No por mí, sino por tu propia supervivencia.
—¿Sospechas de alguien en particular? —preguntó Luneth, sintiendo un escalofrío que no era por el frío.
—De todos —respondió él con sencillez—. Caspian es el único en quien confío mi espalda, pero incluso él tiene sus propios secretos. Mañana, cuando empieces las pruebas ante el consejo, verás sus rostros. Te sonreirán, te llamarán "Reina", pero sus ojos buscarán cualquier grieta en tu armadura. No puedes permitirles ver a la Omega que servía en la mansión Moonlight. Debes mostrarles a la loba que llevas dentro.
—No sé si hay una loba dentro de mí, Ethan —confesó ella, bajando la mirada—. Siempre me dijeron que era defectuosa, que no tenía la chispa del Alfa.
Ethan tomó su mentón y la obligó a mirarlo.
—Se equivocaban. Tu fuerza no reside en tus músculos o en tu rango. Reside en tu capacidad de sobrevivir a diez años de infierno sin volverte cruel. Esa es una fuerza que ninguno de esos nobles posee. Yo te ayudaré a encontrarla.
Se inclinó y la besó. No fue un beso de posesión, sino un beso de promesa. Sabía a sal, a frío y a una esperanza desesperada. Luneth sintió que algo se despertaba en su vientre, un calor que no conocía, una chispa que empezaba a arder.
—Vuelve a la cama —le susurró él contra los labios—. Yo me quedaré aquí un poco más. Tengo que vigilar las sombras.
—No quiero dejarte solo —dijo ella.
—Nunca estoy solo, Luneth —respondió él con una sonrisa triste—. El vínculo me permite sentirte incluso cuando no estás. Vete. Necesitas fuerzas para lo que viene.
Luneth asintió y comenzó a alejarse, pero se detuvo antes de entrar en la torre.
—Ethan.
Él la miró.
—Gracias por mostrarme quién eres de verdad. No el Rey, sino... tú.
Él no respondió con palabras, solo con un leve asentimiento, pero Luneth vio un destello de algo parecido a la paz en sus ojos dorados antes de que volviera a perderse en la inmensidad de la noche.
Cuando Luneth regresó a su habitación, el Castillo de Obsidiana ya no le pareció tan frío. Las paredes seguían siendo de piedra negra y los guardias seguían en la puerta, pero el peso en su pecho se había transformado. Ya no era solo miedo; era un propósito.
Se acostó y, por primera vez en años, cerró los ojos y vio el futuro, no como un abismo, sino como un campo de batalla donde ella caminaría al lado de su Rey. Sin embargo, en la penumbra de su habitación, una sombra se movió. No era Ethan, ni era un guardia. Era una presencia sutil, un rastro de magia oscura que se desvaneció en cuanto Luneth se durmió.
El Consejo de Alfas se reuniría al alba. Los murmullos de descontento ya estaban corriendo por las venas del palacio como veneno. Luneth Moonlight, la "Omega despreciada", estaba a punto de enfrentarse a los hombres que consideraban su existencia un insulto. Pero lo que ellos no sabían es que el Rey ya no luchaba por deber, sino por algo mucho más peligroso: amor.
Y en el mundo de los Lycans, un Alfa que ama es un Alfa que no tiene piedad.
Mientras tanto, en las profundidades del castillo, en una sala donde la luz del sol nunca llegaba, tres figuras encapuchadas rodeaban una mesa de piedra. Sobre ella, un mapa del reino con un pequeño lobo de madera colocado sobre la Capital.
—La Omega ha llegado —dijo una voz sibilina.
—Es débil —respondió otra—. Ethan ha cometido un error táctico. Su corazón lo hará caer.
—No la subestiméis —advirtió la tercera voz, la más anciana—. Hay algo en su linaje que el Rey aún no ha descubierto. Si ella despierta antes de que actuemos, el linaje Dark'Raven será invencible. Debemos sembrar la duda en el consejo. Mañana, la prueba de fuego no será solo para ella, sino para su unión.
Las figuras se disolvieron en la oscuridad, dejando tras de sí el eco de una conspiración que amenazaba con devorar la poca paz que Luneth había encontrado. El rostro oculto del Rey había sido revelado, pero los rostros de los traidores seguían ocultos tras máscaras de lealtad fingida.
La batalla por el alma del reino de los Lycans estaba a punto de estallar, y Luneth, la heredera de las cenizas, sería la única que podría decidir si el reino renacería de ellas o se quemaría para siempre.