Un error de una sola noche. Un contrato de nueve meses. Un bebé que lo cambia todo.
Olivia Reyes acaba de conseguir el trabajo de sus sueños como secretaria del poderoso Rodrigo Maxton, cuando una noche terrible le arrebata el control de su vida... y la deja embarazada de Bruno Aldama, el CEO más arrogante, frío y mujeriego de la ciudad.
Él no quiere un hijo. Ella no quiere verlo nunca más. Pero la familia Aldama exige que el bebé lleve su apellido, y la única salida es un matrimonio por contrato: cláusulas estrictas, cero contacto físico y una fecha de caducidad marcada por el nacimiento del niño.
Lo que ninguno de los dos previó es que vivir bajo el mismo techo, entre antojos de medianoche, celos mal disimulados y una suegra que adora a su nuera, pondría a prueba cada regla. Y cuando el pasado de Bruno regrese en forma de una mujer decidida a recuperarlo, Olivia tendrá que decidir si ese hombre que dice no sentir nada está dispuesto a perderlo todo por ella... y por el pequeño CEO que viene en camino.
¿Qué pasa cuando el contrato termina, pero el corazón apenas empieza a firmar?
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Capítulo 20
Este filete es para ti
Olivia dejó atrás a Bruno y se fue directo a la parada de autobús. Al llegar vio el autobús repleto, y se arrepintió de haberlo despertado y de haber terminado en otra pelea.
Veía a la gente apretujada adentro y no se imaginaba entre esos cuerpos. Sabía que era lo que hacía todos los días, pero con las náuseas de esa mañana estaba segura de que no aguantaría.
Se le cruzó por la cabeza lo peor: desmayarse en pleno autobús si se obstinaba en subir. Decidió esperar a que hubiera un poco más de espacio.
Miró el reloj que llevaba en la muñeca. Casi eran las ocho, y se le frunció el ceño: no tenía tiempo para esperar mucho. Pero con el autobús tan lleno, no sabía qué hacer.
Entonces un coche se detuvo justo frente a ella. Supo de quién era. Con fastidio, giró la cara.
—Dijiste que querías irte temprano. ¿Qué haces todavía aquí? —preguntó Bruno, bajando la ventanilla. Los lentes oscuros no dejaban ver con qué ojos la miraba.
—El autobús está lleno —contestó ella, con desgano.
—Bueno, yo me voy —dijo él—. Que disfrutes la espera del autobús. Nos vemos en la reunión, que se va a retrasar por tu culpa. —Subió la ventanilla y se alejó.
—¿Pasó solo para burlarse de mí? —Olivia resopló. Se le multiplicó el enojo al verlo tan campante, y más con el autobús sin vaciarse.
Pensó cómo llegar a la oficina si el autobús no se aligeraba. Era consciente de que no podía tomar un taxi: eran caros. Se masajeó la frente, atrapada en el dilema.
Entonces oyó un claxon. Volteó hacia el sonido y reconoció el coche.
—¿Todavía no te has ido? —preguntó Rodrigo.
La ventanilla abierta dejaba ver su rostro al volante. Era la primera vez que lo veía manejar él mismo; siempre lo llevaba un chofer.
—No, señor.
—Sube. Ya es muy tarde para que sigas esperando el autobús. —Le abrió la puerta desde adentro, invitándola a ir con él.
Pensó que no podía desaprovechar la oportunidad, con el autobús sin vaciarse. Jaló la manija y abrió bien la puerta. Subió y se puso el cinturón.
—Gracias, señor —dijo, volteando un poco hacia él.
—Lo hago por mi propia comodidad. Si llegas tarde, mi trabajo se desorganiza. —Respondió con la vista en el camino.
Olivia se quedó desconcertada. A veces no lograba descifrar a Rodrigo. Había momentos en que se preocupaba por ella y otros en que parecía no importarle. Había palabras suyas que le calmaban el ánimo, pero otras, como esa, eran un cuchillo.
—¿Por qué sales tan tarde? —preguntó él, sacándola de sus pensamientos.
—El autobús venía lleno y desde temprano tengo náuseas. Estaba esperando a que se vaciara un poco. —Le explicó por qué seguía en la parada a esa hora.
—¿Y se vació?
Ella negó con la cabeza, y Rodrigo soltó una risita. Olivia volteó de inmediato al oírla.
—¿Por qué no tomas un taxi? —Había mirado la calle todo el tiempo, pero giró un instante hacia ella para preguntarlo.
—Es que... es caro —murmuró.
Rodrigo esbozó una sonrisa. Escucharla decir en voz baja que un taxi era caro le dio lástima. Pensó en Selena, que vivía su embarazo tranquila en casa, mientras Olivia tenía que lidiar con el trabajo y con unas mañanas tan pesadas.
—Mañana espérame en la parada que queda cerca de tu departamento. Yo paso por ahí —dijo.
Olivia abrió los ojos de par en par al oír que le ofrecía llevarla.
—¿Está seguro, señor?
—Embarazada, subir al autobús te debe resultar pesado. Por eso te llevo. —Lo dijo con tono plano—. Pero si cuando pase no estás en la parada, no esperes que me detenga —añadió, tajante.
Ha pensado hasta en eso, en mi embarazo.
Recordó a Bruno, que había pasado solo para burlarse y la había dejado ahí sin ofrecerle aventón. No sabía qué sentimiento le llenó el pecho: si alegría por el aventón, o tristeza porque el ofrecimiento viniera de otro.
—Sí, señor. —Quizá lo más justo era sentirse agradecida, antes que pensar en un hombre que no se preocupaba por ella ni por su bebé.
Al llegar a la oficina, subió con Rodrigo en su ascensor privado. Y otra vez la suerte estuvo de su lado: no tuvo que apretarse en el ascensor de los empleados.
En su escritorio, abrió la laptop y empezó a trabajar.
* * *
—Buenos días, Olivia —saludó Félix, acercándose a su escritorio.
Ella, concentrada en la laptop, levantó la vista al oír la voz. Bruno y Félix estaban frente a su escritorio.
—Buenos días, señor Félix —respondió con una sonrisa.
A Bruno le hirvió la sangre al verla sonreírle a Félix.
Qué coqueta, devolviendo el saludo con sonrisita, pensó, furioso.
—¿Solo me saludas a mí? —bromeó Félix. Sabía lo que había pasado esa mañana entre Bruno y Olivia, porque Bruno había llegado de mal humor y se lo había contado todo.
A ella le daba flojera saludar a Bruno, pero no quería descuidar su deber como secretaria de ser cordial.
—Buenos días, señor Bruno —dijo, con una sonrisa forzada.
Bruno la miró un instante y no le dio importancia al saludo.
—Félix, entremos de una vez, quiero empezar la reunión con Rodrigo. —Le habló a Félix, ignorándola.
Félix se rio al verlo hacerle el vacío. Pensó que Bruno estaba en plena guerra fría con ella.
—¿Está el señor Maxton? —preguntó Félix.
Ella, viendo la actitud de Bruno, lo ignoró todavía más. Lo que él hiciera no le afectaba en nada.
—Sí, señor —contestó—. Pasen, por favor, los acompaño. —Caminó hasta la oficina de Rodrigo y los invitó a pasar.
Tocó la puerta y se las abrió a ambos. Al entrar, Bruno pasó frente a ella y le clavó la mirada.
Olivia se mantuvo tranquila ante esa mirada. Cuando se aseguró de que los dos habían entrado, fue a la cocineta y preparó las bebidas.
Volvió con tres tazas y las repartió entre Rodrigo, Félix y Bruno.
—Olivia, alcánzame los documentos que están sobre esa mesa —le pidió Rodrigo.
Bruno los miró a uno y a otro. Por dentro se burló del trabajo de ella. Además de servirles té a los invitados, resulta que solo es la mandadera de Rodrigo.
—Aquí tiene, señor. —Le entregó la carpeta.
Con ella en mano, Rodrigo inició la reunión con Bruno y Félix. Hablaron del informe de Bruno, que había ido en persona a revisar el proyecto de construcción de departamentos en el extranjero.
Olivia anotó con aplicación los puntos importantes de la reunión entre los tres.
* * *
La reunión se alargó hasta la hora del almuerzo.
—Mejor almorcemos juntos —dijo Rodrigo al terminar—. ¿Dónde quieren comer? —les preguntó a Bruno y a Félix.
—En un restaurante de carnes —dijo Bruno, mirando de reojo a Olivia.
Al oírlo, ella pensó de inmediato en el filete que él se había comido. ¿Lo hará a propósito?, se preguntó al verlo mirarla.
—Bien, cerca de aquí hay uno, podemos ir directo.
—Vamos en un solo coche, si queda cerca. —Bruno miró a Rodrigo y le propuso la idea.
—De acuerdo. —Rodrigo aceptó—. Tú también vienes, Olivia. —Se volvió hacia ella.
A ella no le apetecía nada, pero si Rodrigo se lo pedía, no tenía motivo para negarse.
—Sí, señor.
Así que Rodrigo, Bruno, Félix y Olivia fueron al restaurante en el coche de Félix. Rodrigo se sentó adelante, junto a Félix, que manejaba, de modo que Bruno y Olivia tuvieron que ir juntos atrás.
Ella se pegó a la puerta para guardar distancia. Miró hacia afuera para evitar la mirada de Bruno.
Él notó que lo evitaba y sonrió de lado. Le daban ganas de reírse de cómo se escondía.
En el restaurante, Rodrigo y Bruno pidieron filetes para los cuatro. Mientras esperaban, Rodrigo y Félix conversaron. Bruno y Olivia prefirieron callar: ella no entendía de lo que hablaban los hombres, y a él no le apetecía hablar con Rodrigo ni con Félix.
—Este filete es para ti. —Bruno le acercó el plato.
Olivia se sobresaltó. No esperaba que le diera un filete. —Gracias —dijo. Pensó que quizá por eso había propuesto el restaurante de carnes: invitando a Rodrigo, podía reponerle el filete que se había comido.
Rodrigo y Félix se miraron al ver a Bruno ofrecerle el filete a Olivia. A Félix se le escapó una sonrisa.
Sabía que ella no quería ir con Bruno a comer filete, y que él, para reponerlo, había llevado a Rodrigo a un restaurante de carnes.