Aristia Lunari hija de un duque siempre fue rechaza por su padre desde niña y no entendía la razón
Hasta que su madre enfermo y falleció cuando aún era una niña fue un golpe duro pero para su sorpresa después de haber pasado 3 días desde el entierro de su madre
su padre trajo a una mujer y una niña de la misma de edad que ella
-ellas ahora vivirán aquí
Desde ese día fue menospreciada y olvidada su casa se convirtió en su infierno su prometido termina dejándola por su hermana y lo pierde todo
-Tu me quintaste todo mereces morir
Ella termina queriendo matar a su hermana pero es asesinada por la persona que más amaba su ex prometido atravesó un cuchillo en su pecho y termina con su vida
Ella queda como la mujer malvada que intenta matar a su hermana por envidia
y ellos consiguen su final feliz en
"De plebeya a noble"- y mi hermana es la protagonista de esta historia mal contada
Yo Katherin he reencarnado como Aristia y haré que pagen por lo que hicieron acepto ser la villana
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Episodio 20: Invitación Real
Ha pasado una semana y, desde entonces, he estado recibiendo intentos de asesinatos de varios gremios de asesinos.
Todos enviados por la misma persona: Seline, jefa de mucamas.
—Señorita Lunari, esta fue la orden —
Uno de los asesinos se acercó a mí y me entregó una nota escrita a puño y letra de Seline.
“ASESINEN A ARISTÍA LUNARI”
Al leer lo que decía la nota, solo pude sonreír y guardarla para el tan momento esperado.
Estaba admirada por todo el esfuerzo que hacía en tratar de eliminarme; su lealtad por mi madrastra era más de lo que había esperado. Pero la verdadera pregunta es: cuando caigas al fondo del abismo… ¿mi madrastra tendrá la misma voluntad de ayudarte?
—Qué interesante…
Miré al joven que me entregó la nota y le dije que me mantuviera informada de todo lo que pasara.
Si duermo tranquila todas las noches y no me preocupo por ser asesinada, se debe a que, en tan solo una semana, contraté a todos los gremios más fuertes.
Por lo tanto, soy intocable en estos momentos.
No importa si envía a un gremio de bajo rango, porque en cuestión de segundos les cortaría el cuello… si es que lograran infiltrarse en la mansión.
—Sigue haciendo tu mayor esfuerzo, Seline, para que tu caída sea más dolorosa—
…
Al día siguiente, me levanté temprano por la mañana a entrenar. Esta vez estaba decidida a aprender arco.
—No es tan simple como se ve —
Blake, quien me estaba ayudando, respondió:
—Por eso son mejores las espadas.
Tenía razón en eso, pero aprender arco en estas tres semanas era primordial debido a un magnífico evento de caza que se acercaba. Recordé parte de la novela original donde estaba este evento importante.
El ganador fue Arnol, luego de cazar a una bestia gigante que se encontraba en una cueva no muy lejos del bosque Salari, donde es la competencia.
Como premio, le dan una corona de flores blancas cortadas del jardín de la emperatriz, que debe entregar a una dama que haya asistido al evento.
Todos pensaron que, como Aristía era la prometida, la corona sería entregada a ella.
Hasta la misma Aristía pensaba lo mismo… qué ingenua por creer que ese hombre, que nunca la miró, le daría algo así.
Porque, al final, Arnol, sin pensar en los sentimientos de ella o en los rumores que provocaría, terminó por dársela a Ofelia, convirtiéndola en la dama del evento…
…
Luego de un largo entrenamiento, iba de camino a mi habitación para tomar un baño relajante y, luego, desayunar.
Cuando unos gritos por parte de un sirviente me hicieron detenerme, vi lo que sucedía.
El sirviente entró de golpe al comedor, donde mi padre, madrastra y Ofelia se encontraban desayunando.
—¡Qué es este alboroto por la mañana! —gritó mi padre, molesto.
El sirviente, agitado por correr desde la entrada, les enseñó lo que traía y dijo:
—Duque, una carta de la familia real ha llegado.
Los tres se sorprendieron al ver el sello en forma de estrella, lo que significaba que era de parte de la princesa.
Me quedé solo en la entrada de la puerta, observando la situación, viendo cómo mi padre y madrastra miraban a Ofelia para felicitarla.
—Cariño, de seguro es para ti. La princesa ha visto en ti una gran amistad —
soltó mi madrastra, feliz.
Mi padre tomó la carta y dijo con orgullo:
—Ofelia, mi querida hija… sabía que lograrías hacer grandes amistades, incluso con la familia imperial. Estoy orgulloso de ti.
Todos los sirvientes se alegraron también por la noticia, felicitando a Ofelia con halagos.
—Nuestra señorita es tan linda y amable que se ganó a la princesa—
No quise comentar nada, solo observar cómo ella cruzaba miradas conmigo, llena de orgullo, esperando que yo la felicitara también.
(Vamos, hermana… di algo o quedarás como la mala otra vez) —pensó Ofelia con descaro y una sonrisa.
Mi padre abrió la carta con cuidado; todos estaban ansiosos por escuchar lo que decía, aunque ya daban por hecho que era para Ofelia.
Pero entonces, su rostro orgulloso y su sonrisa de codicia se borraron de golpe al leer la carta.
—Querido, ¿qué pasa? —preguntó mi madrastra.
Ofelia se acercó a él—
—Padre, vamos, lea la carta para todos—
Su mirada se dirigió a mí, algo que me dejó perpleja. ¿Qué estaba pasando? Entonces habló:
—La invitación es para Aristía.
Todos se quedaron boquiabiertos por las palabras de mi padre.
Yo me quedé sorprendida, pero también emocionada. ¿Cómo era posible esto?
Me acerqué y mi padre, con seriedad, me dio la carta. La leí y, en efecto, era para mí.
El rostro de Ofelia no tenía precio al escuchar que la invitación era para mí. Solo sonreí y me retiré a mi habitación, dejando a todos sin palabras.
…
Cuando el día llegó finalmente, iba de camino al palacio imperial y mi mente no paraba de dar vueltas sobre cómo sucedió ese interés.
—Creí que me iba a tomar más tiempo —murmuré.
Cuando llegué al palacio, fui recibida por varias doncellas, las cuales me llevaron hasta el jardín, donde todo estaba minuciosamente preparado.
El jardín era hermoso, como salido de una pintura.
Llegué hasta la mesa, donde se encontraba esperándome la princesa Julieta. Al estar frente a ella, hice una reverencia.
—Saludos, princesa Julieta. Gracias por invitarme, es todo un honor.
Ella rápidamente saludó con una sonrisa encantadora.
—Bienvenida, señorita Aristía. Qué bueno que hayas aceptado mi invitación —
me tomó del brazo y dijo—
—Por favor, deja la etiqueta formal por hoy.
Tomamos asiento mientras las doncellas servían el té. Al terminar, todas se retiraron.
—Espero que te guste, es un té traído del occidente—
Bebí el té; sabía bien. Su olor, su sabor… todo era exquisito. Por su pequeña producción, es carísimo.
—Sabe delicioso, es un té de hojas de alta calidad—
Ella asintió con una sonrisa y habló:
—Mi invitación te debió tomar por sorpresa, ¿verdad?
—Sí, en verdad lo fue —respondí.
—No sabes las ganas que tenía de conocerte mucho antes, pero la señorita Ofelia solía decirme que estabas enferma o ocupada para asistir a mis eventos—
Tan solo de pensar en cuántas mentiras dijo, me daban ganas de delatarla y mostrarla como en verdad es.
—Sí, bueno… lamento eso, princesa—
Ella negó rápidamente.
—No lo lamentes. De hecho, déjame decirte que te admiro mucho, señorita Aristía—
Me sorprendí por sus palabras amables, pero eso de “admirar” era mucho. ¿Será posible que no haya escuchado los rumores?
—Gracias por sus palabras—
Ella soltó de golpe:
—Escuché sobre tu negocio de la mina de piedras de maná, que ha sido un éxito. Al igual que tienes un gran ojo para ver el talento—
Sus palabras sinceras y llenas de admiración me hicieron sentir feliz. Había pasado tiempo desde que alguien me felicitaba por mi esfuerzo.
—Agradezco sus palabras—
—Por cierto, fui a conocer al diseñador que hizo su vestido—
Al escucharla decir eso, me alegré por Enrique Galia. Me contó que ya está trabajando en nuevas confecciones para mostrar al público y que le está dando todo el apoyo que necesita.
Sentí cierta satisfacción al saber que trabaja duro, lo que significaba que el reinado de Rosalie Asther estaba a punto de ser destruido.
—Qué bueno. Estoy feliz por él… es un gran diseñador—respondí con una sonrisa.
Estuvimos hablando de diversos temas, hasta que, luego de un punto, dijo:
—Quiero decirle, señorita Aristía, que yo nunca creí en esos rumores de que usted era mala con su hermana—
Sus palabras me llenaron de alivio.
Además de obtener el título de duquesa, también quiero limpiar el nombre de Aristía.
—Gracias, princesa. Sus palabras me consuelan mucho al saber que no piensa mal de mí—
Ella sonrió y tomó mis manos.
—Jamás pensaría eso. Y por favor, tome la libertad de contar con mi ayuda desde hoy, señorita Aristía. Espero que podamos ser buenas amigas—
Ante esas palabras inesperadas, pero sinceras, respondí encantada:
—Gracias, princesa—
Luego de varias horas, tuve que regresar al ducado y despedirme de ella.
Por primera vez, sentí que di un gran paso para marcar mi futuro.
…
Apenas Aristía desapareció entre el sendero del jardín, todo quedó en un silencio tranquilo.
La princesa Julieta soltó un suspiro suave, acariciando la taza aún caliente entre sus dedos.
Una brisa ligera movió las flores, y entonces una persona se hizo presente: el joven de cabello plateado y ojos dorados avanzó detrás de ella.
Sus ojos dorados se clavaron en la mesa donde segundos antes se encontraba Aristía.
—Deberías dejar de escuchar conversaciones ajenas —dijo la princesa Julieta sin siquiera mirarlo, tomando otro sorbo de té.
Él arqueó una ceja.
—Y tú deberías cuidar tus palabras, princesa —respondió con esa voz baja que hacía temblar, para luego tomar asiento frente a ella.
La princesa dejó la taza con un pequeño clink sobre el plato.
—Oh, por favor… no empieces —dijo.
Sus miradas se encontraron, junto con una sonrisa.
—Si querías saber de qué hablábamos, podías aparecer como una persona normal… y no como un espíritu acechando los arbustos.
Hermano…
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