Valentina no recuerda a Gael Montenegro.
Él asegura que hace tres años estuvieron enamorados… hasta que un accidente le borró aquella noche de la memoria.
Pero cuando sus recuerdos comienzan a regresar, Valentina descubre algo aterrador:
ella no fue la víctima del accidente.
Fue la única persona que sobrevivió.
Y antes de perder la memoria, dejó un mensaje para sí misma:
“No confíes en Gael. Él sabe quién me quiso matar.”
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El disparo que nadie recuerda
Capítulo 19
—Tenemos que hablar de la noche en que tú me disparaste.
La frase de Daniel cayó como una bomba.
Valentina miró a Mateo.
Mateo estaba pálido.
—Eso no es cierto —dijo finalmente.
Daniel sonrió.
—Entonces mírame a los ojos y dime que no disparaste.
Mateo lo miró.
—No te disparé.
Daniel dejó escapar una pequeña risa.
—Sigues mintiendo igual que hace cinco años.
Valentina se interpuso entre ellos.
—¡Ya basta!
Ambos la miraron.
—Quiero saber qué pasó.
Daniel señaló a Mateo.
—Pregúntale a él.
—No. Te estoy preguntando a ti.
Daniel guardó silencio unos segundos.
—Está bien.
Se acercó a una vieja mesa y se sentó.
—Pero cuando termine, vas a entender por qué intentaste olvidar.
Valentina se quedó de pie.
Mateo no se apartó de ella.
—Hace cinco años —comenzó Daniel—, yo descubrí que alguien estaba utilizando a tu familia para ocultar algo.
Valentina frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
—Un archivo.
—¿El que todos están buscando?
Daniel asintió.
—Ese mismo.
—¿Qué contenía?
—Nombres.
Mateo intervino:
—Y pruebas.
Daniel lo miró.
—Exactamente.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Pruebas de qué?
Daniel respiró profundamente.
—De que alguien llevaba años manipulando los recuerdos de varias personas.
Valentina miró a la mujer que tenía su rostro.
—¿Incluyéndome?
—Especialmente a ti.
La noche del incendio
Daniel sacó una fotografía.
—Aquella noche tú llegaste a la casa con Mateo.
Valentina observó la imagen.
Era ella.
Mateo.
Y Daniel.
Los tres estaban frente a la casa.
—Tú tenías el archivo —continuó Daniel—. Y alguien sabía que lo tenías.
—¿Quién?
Daniel negó.
—Nunca descubrí su nombre.
Mateo lo interrumpió:
—Eso no es cierto.
Daniel lo miró.
—¿Qué quieres decir?
—Tú sí descubriste quién era.
Daniel sonrió.
—Y tú descubriste que yo lo sabía.
Valentina miró a Mateo.
—¿Qué estás ocultando?
—Nada.
Daniel soltó una carcajada.
—¿Nada?
Se levantó.
—Mateo, díselo.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no sabes toda la historia.
Daniel se acercó.
—Entonces cuéntala tú.
Mateo permaneció en silencio.
Valentina lo miró.
—Mateo.
Él cerró los ojos.
—Daniel tenía el archivo.
—¿Y?
—Quería entregárselo a la policía.
Daniel asintió.
—Sí.
—Pero tú desapareciste antes de hacerlo.
Daniel negó.
—No desaparecí.
—Todos pensamos que habías muerto.
—Porque alguien necesitaba que lo creyeras.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Daniel la miró.
—Tu padre.
El primer recuerdo
Valentina sintió un fuerte dolor de cabeza.
La habitación comenzó a girar.
—Valentina.
Mateo la sostuvo.
—Estoy bien.
—No lo estás.
—Estoy bien.
Pero no lo estaba.
Un recuerdo acababa de aparecer.
Una habitación.
Daniel frente a ella.
Una carpeta negra.
Mateo entrando.
Y una discusión.
—¡No puedes llevártelo! —gritaba Valentina.
Daniel respondía:
—Si no lo entregamos, van a seguir haciéndole esto a otras personas.
Mateo aparecía detrás.
—Valentina, vámonos.
Ella negaba.
—No sin él.
Daniel decía:
—Confía en Mateo.
Después...
Un sonido.
Un disparo.
Valentina abrió los ojos.
—¡El disparo!
Todos se quedaron mirándola.
—¿Qué viste? —preguntó Mateo.
—Tú estabas allí.
—Sí.
—Daniel también.
—Sí.
Valentina respiró agitadamente.
—Pero ninguno de ustedes disparó.
Daniel dejó de sonreír.
Mateo la miró sorprendido.
—¿Estás segura?
—Sí.
Valentina cerró los ojos.
—Había otra persona.
Daniel se acercó.
—¿Quién?
Valentina intentó recordar.
Un hombre.
Una sombra.
Una voz.
Y después...
Un rostro.
Abrió los ojos.
—No era mi padre.
Daniel quedó inmóvil.
—Entonces, ¿quién?
Valentina lo miró.
—No lo sé.
La habitación cerrada
De repente, se escuchó un ruido arriba.
Daniel levantó la cabeza.
—Nos encontraron.
Mateo miró hacia las escaleras.
—¿Quién?
Daniel respondió:
—La persona que no queríamos que supiera que estoy vivo.
Emilia tomó a Clara del brazo.
—Tenemos que salir.
—La puerta está cerrada —recordó Clara.
Daniel caminó hacia una pared.
—Hay otra salida.
Presionó una parte de la madera.
La pared se abrió.
Detrás había un túnel estrecho.
Valentina lo miró sorprendida.
—¿Cómo sabes que existe?
Daniel sonrió.
—Porque yo construí esta casa.
Mateo lo miró.
—Tú no construiste esta casa.
Daniel lo observó.
—No.
—Entonces, ¿quién?
Daniel no respondió.
Un fuerte golpe sacudió la puerta principal.
¡PUM!
Todos se quedaron quietos.
Otro golpe.
¡PUM!
Daniel abrió el túnel.
—Entren.
Mateo tomó la mano de Valentina.
—Vamos.
Ella lo siguió.
—¿Siempre haces esto?
—¿Qué?
—Meterme en túneles secretos.
—No.
—¿Seguro?
—Contigo parece que se está volviendo una costumbre.
Valentina sonrió nerviosamente.
—Genial.
Entraron.
Daniel fue el último.
Antes de cerrar la puerta, miró hacia el pasillo.
Alguien apareció al fondo.
Una silueta.
Daniel se quedó completamente quieto.
—¿Qué pasa? —preguntó Mateo.
Daniel cerró la puerta.
—Nada.
Pero Valentina alcanzó a verlo.
Daniel estaba asustado.
El túnel
Caminaron durante varios minutos.
La única luz era la del teléfono de Mateo.
Valentina iba detrás de él.
En un momento, tropezó.
Mateo la sostuvo.
—¿Estás bien?
—Sí.
—¿Segura?
—Sí.
Ella no soltó su mano inmediatamente.
Mateo tampoco.
Se miraron.
—Gracias —dijo ella.
—De nada.
—Por cierto...
—¿Sí?
—Si salimos vivos de esto, quiero respuestas.
Mateo sonrió.
—Las tendrás.
—Todas.
—Todas.
Valentina apretó un poco su mano.
—Bien.
Continuaron caminando.
Pero Daniel los observaba desde atrás.
Y su expresión cambió.
Como si acabara de recordar algo que no quería recordar.
Al final del túnel encontraron una habitación pequeña.
Había una mesa.
Una silla.
Y una caja de metal.
Daniel se acercó.
—Aquí está.
Mateo lo miró.
—¿El archivo?
Daniel asintió.
Abrió la caja.
Dentro había un pequeño disco duro.
Valentina lo miró.
—¿Eso es todo?
—No.
Daniel sacó una fotografía.
Era una foto de Valentina.
Pero había algo escrito detrás.
“Ella no debe saber quién es su verdadera madre.”
Valentina dejó de respirar.
—¿Mi... verdadera madre?
Mateo se acercó.
—Daniel.
—Yo tampoco sabía la verdad completa.
Valentina tomó la fotografía.
—¿Mi madre no es mi madre?
Daniel negó.
—No exactamente.
—¿Qué significa eso?
Antes de que pudiera responder, la luz del túnel se apagó.
Todo quedó completamente oscuro.
Valentina sintió que alguien la agarraba por detrás.
—¡Mateo!
Mateo corrió hacia ella.
—¡Valentina!
Ella forcejeó.
Una voz susurró junto a su oído:
—Por fin recordaste el primer secreto.
Valentina reconoció la voz.
Era la misma voz del video.
La misma voz que había escuchado cinco años atrás.
Y entonces recordó algo que había olvidado por completo.
Una mujer diciéndole:
“Si quieres que Mateo viva, tendrás que olvidar que yo existo.”
Valentina dejó de luchar.
—Tú...
La persona la soltó.
Mateo consiguió encender la linterna.
Pero ya no había nadie.
Solo quedaba una pequeña grabadora en el suelo.
Mateo la recogió.
La encendió.
La voz de Valentina apareció otra vez.
—Si alguna vez escuchas esta grabación, no confíes en Daniel.
Daniel palideció.
Valentina lo miró.
La grabación continuó:
—No porque sea el culpable.
Una pausa.
—Sino porque él fue quien me pidió que borrara la memoria.
Daniel cerró los ojos.
Mateo se giró lentamente hacia él.
—¿Es verdad?
Daniel no respondió.
Valentina dio un paso atrás.
—Daniel...
Él levantó la mirada.
—Sí.
—¿Tú me pediste que olvidara?
Daniel asintió.
—Sí.
—¿Por qué?
Daniel miró a Mateo.
Después a Valentina.
—Porque tú descubriste algo que podía destruirnos a todos.
—¿Qué descubrí?
Daniel tragó saliva.
—Que tu padre no era el único que estaba involucrado.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Quién más?
Daniel respondió:
—Tu madre.
Silencio.
Valentina se quedó completamente inmóvil.
Y justo entonces, desde el otro lado del túnel, se escuchó una voz femenina.
Una voz que Valentina conocía perfectamente.
—Daniel...
Todos voltearon.
La voz continuó:
—No debiste contarle eso.
Valentina dejó caer la grabadora.
Porque aquella voz...
era la voz de su madre.