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Nadie Lloró Por Ella.

Nadie Lloró Por Ella.

Status: Terminada
Genre:Policial / Escena del crimen / Casos sin resolver / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SugarBloom

Hay secretos que deberían permanecer enterrados. Y verdades que pueden destruirte.

Cuando un crimen sacude la tranquilidad de un pueblo donde todos parecen conocerse, una joven queda atrapada en un juego de mentiras, sospechas y traiciones. Cada pista conduce a una nueva pregunta, cada sospechoso oculta algo y cada respuesta parece alejarla aún más de la verdad.

En medio del caos, un enigmático chico despertará su curiosidad… aunque confiar en él podría ser su peor error.

Todos tienen un motivo. Todos guardan un secreto. Pero alguien ha conseguido mantenerse un paso por delante de los demás, escondiéndose a plena vista.

Y cuando la verdad salga a la luz, desearás no haber sospechado de la persona equivocada.

Novela 100% mía, acepto correcciones🤞

NovelToon tiene autorización de SugarBloom para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

1. La chica que sabía demasiado.

El cadáver apareció un martes.

A las 6:12 de la mañana, cuando Santa Aurelia todavía dormía bajo una niebla espesa, un empleado municipal llamó a emergencias después de encontrar el cuerpo de una joven en el invernadero abandonado de la antigua mansión Valdés.

A las 6:19, dos patrulleros bloquearon el camino.

A las 6:31, alguien filtró la noticia.

Y a las 6:38, mi teléfono empezó a vibrar como si quisiera escapar de la mesa.

Yo estaba soñando que corría por un pasillo interminable cuando el sonido me arrancó del sueño.

Abrí un ojo.

Después el otro.

Mi habitación estaba a oscuras, salvo por la luz azulada del teléfono y la línea de claridad que se filtraba entre las cortinas. Tenía un libro abierto sobre el pecho, los auriculares enredados alrededor de una muñeca y una taza de chocolate frío en la mesita de noche.

Una mañana perfectamente normal.

Hasta que leí el mensaje.

MATEO: Abril, despierta. Encontraron a alguien en la mansión Valdés.

Me incorporé tan deprisa que el libro cayó al suelo.

YO: ¿A quién?

Los tres puntos aparecieron. Desaparecieron. Volvieron a aparecer.

MATEO: A Olivia Soria.

Durante unos segundos, olvidé cómo respirar con normalidad.

Olivia.

La chica que se sentaba dos filas delante de mí en Literatura. La que sonreía como si conociera un chiste que el resto del mundo todavía no había escuchado. La que había dejado de contestar mis mensajes hacía cuatro días, después de escribirme algo que, en aquel momento, me había parecido una tontería.

Necesito hablar contigo. Es sobre Mara.

Mara Vidal.

La chica muerta de la que nadie hablaba en Santa Aurelia.

La chica cuyo nombre llevaba diez años apareciendo en mis cuadernos, en mis grabaciones y en cada documento que había conseguido reunir sobre el caso más extraño de la historia de nuestro pueblo.

Aparté las mantas.

—No puede ser —murmuré.

Mi reflejo me observó desde el espejo del armario: cabello rojo cobrizo revuelto, pecas sobre la nariz y ojos verdes demasiado abiertos para una hora tan temprana. Mi madre decía que mis ojos eran bonitos. Mi abuela aseguraba que eran peligrosos, porque yo miraba a las personas como si esperara que confesaran algo.

Aquel martes, por primera vez, deseé tener los ojos de cualquier otra persona.

El teléfono volvió a vibrar.

MATEO: Dicen que fue un asesinato.

No respondí.

Abrí el navegador y busqué las noticias locales.

Todavía no había ningún artículo oficial, pero una fotografía borrosa ya circulaba por un grupo vecinal. Mostraba la entrada de la mansión, las luces azules y rojas de los patrulleros y un grupo de personas observando desde detrás de las cintas de seguridad.

La mansión Valdés llevaba abandonada desde la muerte de su última propietaria. Se encontraba en el extremo norte del pueblo, rodeada de jardines secos y árboles que habían crecido demasiado cerca de las paredes. La familia había sido propietaria de medio Santa Aurelia antes de que una serie de escándalos acabara con su fortuna.

También había estado relacionada con Mara.

De hecho, era el último apellido que aparecía en uno de los documentos que yo llevaba semanas intentando descifrar.

Me levanté, me puse unos vaqueros negros y un suéter gris, y recogí mi cabello en una coleta que se deshizo antes de que terminara de atármela.

Mi madre apareció en la puerta cuando estaba guardando el cuaderno de investigación en la mochila.

—¿Adónde vas?

Su voz tenía ese tono que utilizaba cuando ya conocía la respuesta y esperaba que yo tuviera la decencia de mentirle bien.

—Al instituto.

Miró el reloj.

—Son las seis y cuarenta y cinco.

—Tengo cosas que hacer.

—Abril.

Suspiré.

—Encontraron a Olivia Soria en la mansión Valdés.

Mi madre dejó de acomodarse la manga del pijama.

Fue un movimiento mínimo. Apenas un segundo de inmovilidad.

Pero yo lo vi.

Siempre veía esas cosas.

—¿Quién te lo dijo?

—Mateo.

—No vayas allí.

No me preguntó si era verdad. No preguntó qué había pasado. Ni siquiera pareció sorprendida por el nombre de Olivia.

Simplemente me ordenó que no fuera.

—Mamá, ni siquiera sabes si voy a ir.

—Te conozco.

—Entonces sabes que no voy a quedarme sentada esperando a que alguien decida contarme la versión de la historia que le conviene.

Sus ojos se endurecieron.

—No conviertas esto en una de tus investigaciones.

—Es una chica de mi edad. Una chica que conocía.

—Y ahora hay una investigación policial. Déjales hacer su trabajo.

—¿Como hicieron con Mara?

El nombre cayó entre nosotras.

Mi madre palideció.

No mucho. No lo suficiente para que alguien que no la conociera se diera cuenta.

Pero yo la conocía.

—No vuelvas a mencionar ese caso como si supieras lo que ocurrió —dijo.

—¿Y tú lo sabes?

Durante un instante, pensé que iba a contestarme.

En cambio, bajó la mirada.

—Por favor, Abril. Esta vez, mantente alejada.

Salí de casa sin despedirme.

No porque no quisiera a mi madre, sino porque empezaba a sospechar que el miedo podía parecerse demasiado a la culpa cuando se observaba desde el ángulo equivocado.

Y aquella mañana, mi madre tenía miedo.

Muchísimo miedo.

A las siete y veinte, Santa Aurelia ya estaba despierta.

Las persianas de los comercios comenzaban a levantarse, los autobuses escolares recorrían las calles húmedas y los vecinos se reunían en pequeños grupos para comentar la noticia.

En un pueblo de doce mil habitantes, un asesinato no era simplemente un crimen.

Era un acontecimiento que modificaba la forma en que la gente miraba a sus vecinos.

Todos conocían a Olivia Soria.

O eso creían.

Yo caminaba hacia el centro cuando un automóvil negro pasó a mi lado y frenó frente a una cafetería. La puerta del conductor se abrió y apareció un chico rubio con una chaqueta oscura y el cabello ligeramente despeinado por la humedad.

Lo había visto alguna vez en el instituto, aunque nunca habíamos hablado.

Era alto, de facciones marcadas y ojos azules que parecían demasiado claros bajo el cielo gris. Tenía una expresión tranquila, casi indiferente, pero sus manos estaban cerradas con tanta fuerza que los nudillos se le habían puesto blancos.

Miró hacia la mansión, a lo lejos.

Después, hacia mí.

Nuestros ojos se encontraron.

Y ocurrió algo extraño.

No fue una mirada prolongada ni uno de esos momentos absurdos en los que el mundo parece detenerse. Fue algo más incómodo: la impresión repentina de que él sabía quién era yo y de que, por algún motivo, prefería que yo no estuviera allí.

Aparté la mirada primero.

Cuando volví a buscarlo, había desaparecido dentro de la cafetería.

—Fantástico —murmuré—. Un pueblo lleno de gente sospechosa y yo sin café.

—Eso tiene fácil solución.

La voz llegó desde mi izquierda.

Mateo Rivas apareció junto a mí con dos vasos de café y la mochila colgada de un solo hombro. Llevaba el pelo castaño revuelto y la expresión de alguien que había pasado la última media hora leyendo noticias que no debería haber leído.

Me tendió uno de los vasos.

—Sin azúcar. Como siempre.

—Te perdono por despertarme a las seis y media.

—Qué generosa.

Bebí un sorbo.

—¿Qué sabes?

Mateo miró alrededor antes de contestar.

—Mi hermana trabaja en el hospital. Dice que la policía llegó antes de las siete y que están tratando el caso como un homicidio.

—¿Y cómo saben que fue un homicidio?

—No me lo dijo.

—¿Encontraron algo?

—Abril, no soy detective.

—Nunca dije que lo fueras.

—Tu cara lo dice cada vez que me haces una pregunta.

Seguimos caminando.

Mateo era mi mejor amigo desde los once años. Había aprendido a convivir con mis manías, mis cuadernos llenos de teorías y mi incapacidad absoluta para dejar una pregunta sin respuesta. También había aprendido a reconocer cuándo una investigación dejaba de ser curiosidad y empezaba a convertirse en una obsesión.

Aquel día, por su expresión, parecía convencido de que habíamos cruzado esa línea.

—Olivia te escribió, ¿verdad? —preguntó.

Me detuve.

—¿Cómo sabes eso?

—Porque ayer me preguntó si todavía estabas investigando lo de Mara.

Sentí que el vaso de café se me enfriaba entre los dedos.

—¿Qué le dijiste?

—Que sí. ¿Qué querías que le dijera?

—¿Te contó por qué le interesaba?

Mateo negó con la cabeza.

—Solo dijo que había encontrado algo. Parecía asustada.

—¿Asustada de qué?

—No lo sé.

Lo miré, esperando que añadiera algo.

No lo hizo.

—Mateo, ¿por qué no me lo contaste ayer?

Se pasó una mano por el cabello.

—Porque pensé que era otra de esas historias que te inventas para conectar cosas que no tienen nada que ver.

La frase me dolió más de lo que debería.

—Olivia está muerta.

—Lo sé.

—Y quería hablar conmigo sobre Mara.

—También lo sé.

—Entonces deja de mirarme como si estuviera exagerando.

Mateo bajó la voz.

—Te estoy mirando como alguien que no quiere que te pase nada.

No supe qué contestar.

A veces, las personas que más nos querían eran las que menos comprendían por qué necesitábamos saber la verdad.

Y yo necesitaba saberla.

Porque, diez años atrás, una chica había muerto y todo el mundo había aceptado una explicación demasiado cómoda.

Porque alguien había mentido.

Y porque Olivia, antes de morir, había encontrado algo que podía demostrarlo.

A las ocho menos diez llegamos al instituto.

Las clases estaban oficialmente suspendidas hasta nuevo aviso, aunque nadie parecía tener intención de regresar a casa. Los alumnos se amontonaban en el vestíbulo, intercambiando rumores con la solemnidad de quienes creen que hablar de una tragedia equivale a comprenderla.

En una pantalla del pasillo apareció un comunicado de la dirección.

Debido a los acontecimientos recientes, solicitamos a los estudiantes que eviten difundir información no confirmada y respeten la privacidad de la familia afectada.

Debajo, alguien había escrito con marcador negro:

¿QUIÉN SERÁ EL PRÓXIMO?

Me quedé mirando aquellas palabras.

—Qué gente de mierda —murmuró Mateo.

Saqué el teléfono y fotografié el mensaje.

—¿Qué haces?

—Guardándolo.

—¿Para qué?

—Porque alguien lo escribió antes de que se conocieran los detalles del caso.

Mateo me observó en silencio.

—No sabes si conocía los detalles.

—Precisamente.

Avancé por el pasillo hasta mi taquilla. Había una multitud frente a la puerta del aula de Literatura. Algunos lloraban. Otros miraban sus teléfonos. Una chica que apenas conocía repetía que había visto a Olivia la tarde anterior, mientras un muchacho aseguraba que la víctima había estado discutiendo con su novio.

El nombre del novio apareció enseguida.

Gael Ferrer.

El chico rubio de la cafetería.

Por supuesto.

Me abrí paso entre los estudiantes hasta encontrar a una compañera de Olivia.

—¿Qué pasó ayer? —pregunté.

La chica se secó los ojos.

—No lo sé. Estaba rara.

—¿Rara cómo?

—Como si quisiera decir algo, pero no supiera a quién.

—¿La viste con Gael?

Su expresión cambió.

Fue apenas un parpadeo, una pausa demasiado breve para que cualquiera la considerara importante.

—Sí —contestó—. Discutieron después de clases.

—¿Por qué?

—No lo sé.

—¿Los escuchaste?

—Un poco.

—¿Qué dijeron?

La chica miró hacia la salida antes de responder.

—Olivia le dijo que no podía seguir protegiéndolo.

Sentí un escalofrío.

—¿Y él?

—Le pidió que se callara.

En ese momento, una voz masculina interrumpió nuestra conversación.

—Eso no fue exactamente lo que pasó.

Gael Ferrer estaba a unos pasos de nosotras.

De cerca, sus ojos eran de un azul grisáceo, casi transparente. Tenía el cabello rubio cayéndole sobre la frente y una pequeña marca junto a la ceja izquierda. Su expresión no revelaba sorpresa, tristeza ni rabia.

Solo cansancio.

—¿Ah, no? —pregunté.

—No.

—Entonces, ¿qué pasó?

Me sostuvo la mirada.

—Olivia quería contar algo. Yo intenté convencerla de que esperara.

—¿A que fuera demasiado tarde?

Mateo me sujetó suavemente del brazo, advirtiéndome que bajara el tono.

Gael, sin embargo, no se enfadó.

Miró mi cabello, luego mis ojos, y finalmente la libreta que sobresalía de mi mochila.

—Tú eres Abril Montenegro.

No era una pregunta.

—¿Y tú eres Gael Ferrer?

Una sombra cruzó su rostro.

—Supongo que ya sabes lo que dicen de mí.

—Sé lo que dicen de todos. Es parte del problema.

Por primera vez, pareció verdaderamente interesado.

—Entonces deberías saber que los rumores no siempre son mentiras.

—Y tampoco siempre son verdad.

Se inclinó ligeramente hacia mí, lo suficiente para que solo yo pudiera escuchar lo siguiente.

—Si estás investigando lo de Mara Vidal, deja de hacerlo.

El corazón me dio un vuelco.

—¿Qué sabes de Mara?

Gael miró por encima de mi hombro.

Durante un segundo, su expresión cambió. No parecía estar mirándome a mí, sino a alguien que se encontraba detrás de mí.

Después retrocedió.

—Nada que puedas demostrar.

Se alejó antes de que pudiera detenerlo.

Me volví hacia Mateo.

—¿Has oído eso?

—Sí.

—Sabe algo.

—O quiere que creas que sabe algo.

Abrí la boca para responder, pero mi teléfono vibró.

Un número desconocido.

Sin fotografía. Sin nombre. Sin ningún indicio de quién podía estar al otro lado.

El mensaje contenía una sola frase.

Si quieres saber quién mató a Olivia, deja de buscar al culpable de Mara.

Lo leí dos veces.

Entonces llegó otro mensaje.

Porque no son dos crímenes, Abril.

Mi garganta se cerró.

Un tercer mensaje apareció en la pantalla.

Es el mismo.

Y, antes de que pudiera responder, recibí una fotografía.

Era antigua, de colores desvaídos. Cinco adolescentes posaban frente al observatorio abandonado de Santa Aurelia. Reconocí a Mara de inmediato, con su cabello oscuro y una sonrisa que parecía pertenecer a otra vida.

Junto a ella había cuatro personas.

Una de ellas era Gael Ferrer.

Pero eso no fue lo que me hizo sentir que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Al fondo, casi oculta detrás de una ventana, había una mujer.

Su rostro estaba desenfocado.

Su mano descansaba sobre el hombro de Mara.

Y en la parte posterior de la fotografía, alguien había escrito una fecha.

17 DE OCTUBRE.

La misma fecha de aquel martes.

La misma fecha en que Olivia Soria había sido asesinada.

Levanté la mirada y busqué a Gael entre la multitud.

Ya no estaba.

Entonces comprendí algo que me heló la sangre mucho más que cualquier amenaza.

Quien me había enviado aquella fotografía sabía mi nombre, conocía mi investigación y sabía exactamente qué relación existía entre los dos asesinatos.

Pero, sobre todo, sabía que yo acabaría descubriéndolo.

Porque el mensaje que apareció a continuación no fue una advertencia.

Fue una promesa.

Esta vez, Abril, procura no confiar en la persona que venga a consolarte.

Y debajo había una última línea.

Una línea que hizo que mis dedos comenzaran a temblar.

La persona que mató a Olivia ya sabe que tienes la fotografía.

------------

Continuará…

1
Anonimus✨
Una obra de arte, me llaman más la atención los policiales desde el libro, quiero más novelas tuyas autor porfa termina de completar las demás novelas que tienes☺️☺️☺️☺️
Fénix.
Bravo🙌
Fénix.
No puede ser!! hubo algunos capitulos en los que me perdí pero me atrapó completamente 👏👏 bravo quiero más novelas tuyas🤭👏
Anonimus✨
Ostraaas! pero que pasada ella tiene algo que ver con la muerte de la chica??/Shame//Shame//Shame//Shame/
Anonimus✨
Se conocían? no puede ser!!!!/Shy/
Anonimus✨
Uuuuh no mames wey!!
Anonimus✨
Que genial el prólogo! la me imagino el resto de la historia
Fénix.
uffff que intrigante quiero más /Whimper//Whimper//Whimper/
Fénix.
Interesante historia, es mi primera vez leyendo una novela policial jaja le veo potencial, espero más caps😊😊😊
🌸SugarBloom🌸: Entonces espero que te guste mucho esta novela ☺️☺️
total 1 replies
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