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TU, MI HISTORIA INESPERADA

TU, MI HISTORIA INESPERADA

Status: Terminada
Genre:Grandes Curvas / Romance de oficina / Completas
Popularitas:37.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

NOVELA +18 ⚠️

Julieta Álvarez siempre ha creído que el amor merece segundas oportunidades. El problema es que lleva tres años dándole oportunidades a la persona equivocada.

Cuando finalmente decide ponerle punto final a una relación que solo le ha dejado secretos, excusas y demasiadas decepciones, lo último que espera es que su vida se complique todavía más con la llegada de Alejandro Santana.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

...ALEJANDRO SANTANA...

¡Me lleva el carajo!

Me serví un vaso de whisky sin hielo en cuanto el jet alcanzó la altitud de crucero, ignorando las miradas desaprobadoras de la escolta ducal.

En mi cabeza no estaba la crisis gubernamental de la casa de Lawrence, ni el maldito testamento corporativo, ni la cara de piedra de mi padre moribundo.

Solo estaba la imagen de Julieta, pálida como un papel, sofocándose dentro de ese vestido rosa pastel mientras se alejaba de mí a pasos torpes en el estacionamiento de la hacienda.

«¿Estás comprometido? Es que esto es una locura, Alejandro...»

Su voz herida me seguía quemando los oídos. Me lo había prometido a mí mismo: no dejar que mi pasado real pisara de nuevo mi vida.

Pasé años construyendo a Alejandro Santana, un implacable editor senior con una rutina aburrida, un departamento sencillo y una vida limpia de sangre azul. Y todo se había ido al carajo por el drama arcaico de una familia que aborrecía con el alma.

El jet aterrizó en la pista privada del palacio al amanecer. El clima del Gran Ducado era exactamente como lo recordaba.

—Bienvenido a casa, Su Alteza —dijo el capitán de la guardia al abrir la escotilla, inclinando la cabeza con esa sumisión mecánica.

—Guárdate los títulos, Klaus —mascullé, ajustándome el abrigo oscuro mientras bajaba por la escalinata—. Y no me vuelvas a llamar así en tu puta vida.

Una caravana de dos sedanes blindados me esperaba a pie de pista. Veinte minutos después, atravesaba los portones de hierro forjado del Palacio de Lawrence.

Nada había cambiado en tantos años. Los mismos jardines milimétricamente recortados, las mismas estatuas de antepasados que murieron de sífilis o guerras absurdas, y el mismo olor a cera de abejas e hipocresía.

Estoy demasiado enojado de estar aquí otra vez y por haberle hecho lo que le hice a Julieta. Pero es que no tenía otra opción y realmente quiero estar con ella.

En el vestíbulo principal, la primera en salir a mi encuentro fue Camille, la Gran Duquesa.

Mi aborrecible madrastra lucía un traje de sastre gris impecable, ni un solo hilo fuera de lugar y una expresión de luto prematuro muy bien ensayada.

—El hijo pródigo decide honrarnos con su presencia —dijo Camille, haciendo resonar sus tacones sobre el mármol—. Tu padre tiene dos días preguntando si tuviste la decencia de abordar el avión, Alejandro... Me imagino que estabas muy entretenido en lo que sea que hagas con tus jueguitos de clase media en el extranjero.

—Ahorrate el teatro, Camille —la corté sin siquiera detenerme, pasando por su lado como si fuera un mueble más del pasillo—. No vine a verte a ti. Si el viejo sigue respirando, dime en qué habitación está para terminar con este circo y regresarme en el primer vuelo.

—Sigues siendo igual de salvaje y vulgar que la restauradora de arte que te parió —siseó a mis espaldas, con la voz cargada de veneno.

Me detuve en seco. La sangre me hirvió en las sienes. Me giré despacio, clavándole una mirada tan oscura que la mujer retrocedió medio paso, perdiendo por un segundo la compostura.

—Vuelve a mencionar a mi madre —dije en un murmullo bajo, rasposo y mortal— y me encargo personalmente de recortarte el presupuesto de la corona hasta que tengas que vender hasta los diamantes de tu abuela para pagarte el té. ¿Te quedó claro?

Camille apretó la mandíbula, pero no se atrevió a responder. Continué caminando hacia el ala oeste del palacio.

En el camino por el pasillo de los retratos, me topé con la fauna familiar.

Arthur, mi hermano menor, estaba apoyado contra un ventanal revisando unos planos en su tableta. Él ni se inmutó; me dio un asentimiento seco de cabeza, preocupado únicamente por si el estado de salud del viejo afectaba las acciones de sus cadenas hoteleras.

Jonathan, el menor de todos, ni siquiera estaba.

Probablemente seguía ebrio en algún yate en Mónaco con dinero de la casa ducal.

La única que valía la pena en este maldito nido de víboras era Victoria.

Mi hermana mayor me esperaba en el descanso de las escaleras. Me miró con lástima y me dio un abrazo rápido, el único gesto genuino que recibí desde que pisé este continente.

—Está muy mal, Alejo —me susurró Victoria al oído—. El médico dice que es cuestión de días. El Consejo está presionando. Si no firmas el decreto de sucesión y el acuerdo matrimonial esta semana, van a nombrar a un regente y el control de las fundaciones pasará a Camille.

—Me importa un carajo el Consejo y me importa un carajo la corona, Victoria —respondí cansado, pasándome la mano por la cara—. Lo único que me importa es que el fideicomiso de tu hijo siga blindado. De lo demás, se pueden ir todos al demonio.

—Él te está esperando —insistió ella suavemente—. Y Eléonore también está arriba.

Puse los ojos en blanco. Eléonore de Saint-Germain. La prometida perfecta que mi padre y el Consejo me habían impuesto desde hacía dos años.

Subí los últimos escalones y me dirigí a la sala de estar contigua a la recámara Ducal. Ahí estaba ella.

La Baronesa vestía un conjunto de seda, peinada con una precisión quirúrgica, tomando té de una porcelana fina. Al verme entrar, dejó la taza con absoluta elegancia y se puso de pie.

—Alejandro —dijo con esa voz modulada, fría y educada, caminando hacia mí—. Me alegra ver que razonaste. Tu despedida en la hacienda anoche fue... bastante dramática, pero entiendo que tenías que despedirte de tu pasatiempo en América.

—¿Pasatiempo? —pregunté, dando un paso invasivo hacia su espacio.

Eléonore ni se inmutó. Para ella, Julieta no era una rival, era simplemente una aberración temporal en la agenda del futuro Gran Duque.

—Por favor, Alejandro —dijo Eléonore con una sonrisa condescendiente—. Sé que te entretuviste jugando al editor de libros con una chica cualquiera. No te juzgo; los hombres de tu estirpe suelen tener sus distracciones antes de asumir el deber. Pero el juego terminó. Tu padre está muriendo, el Gran Ducado necesita estabilidad y nuestro matrimonio se anunciará el mes que viene.

Apreté los puños con tanta fuerza dentro de los bolsillos del saco que sentí la piel de los nudillos a punto de reventar.

La superioridad con la que hablaba de Julieta me daba un asco visceral. Julieta tenía mil veces más dignidad, valentía y corazón que toda esta panda de parásitos vestidos de seda.

—No te confundas conmigo, Eléonore —le dije en un siseo, pegando mi rostro al suyo—. El único motivo por el que no te mando al diablo ahora mismo es porque no quiero hacerle un favor a Camille. Pero si vuelves a referirte a Julieta con ese tono de suficiencia, te juro por la memoria de mi madre que el matrimonio se cancela aunque el Gran Ducado se vaya a la bancarrota.

Eléonore parpadeó, levemente descolocada por la ferocidad destructiva de mi voz, pero antes de que pudiera responder, las puertas dobles de la recámara principal se abrieron.

El médico personal del Gran Duque salió con rostro sombrío.

—Su Alteza Serenísima... el Gran Duque William pide verlo a usted a solas, Conde Alejandro. Ahora mismo.

Tragué seco. Miré a Eléonore con desprecio, ajusté la postura de mis hombros y me adentré en la penumbra de la habitación, sabiendo que el verdadero infierno apenas comenzaba...

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Yurleidy Valentina Rivera Tapiero
wow que sabias palabras 😭🥰
Yurleidy Valentina Rivera Tapiero
eres hermana o hater 😤😤
Linilda Tibisay Aguilera Romero
que linda la historia
Linilda Tibisay Aguilera Romero
me encanta que bello
Linilda Tibisay Aguilera Romero
con madres así prefiero ser huerfana
Linilda Tibisay Aguilera Romero
bueno ya Jonathan está listo ahora falta Sabrina que paguen todo lo que ha hecho
Linilda Tibisay Aguilera Romero
ojalá que se quede con Victoria
Linilda Tibisay Aguilera Romero
te vas a quedar con las ganas Sabrina cuando te pongan presa
Linilda Tibisay Aguilera Romero
así es Julieta porque no solamente eras tú sino también tu bebé en riesgo
Linilda Tibisay Aguilera Romero
par de desgraciados envidiosos
Linilda Tibisay Aguilera Romero
ya cayeron van a pagar, envidiosos
Linilda Tibisay Aguilera Romero
por tu culpa a Jonathan
Linilda Tibisay Aguilera Romero
no quién la agarró
Linilda Tibisay Aguilera Romero
hay tiene Julieta no se deja, Alejo monjas formalizado el compromiso
Linilda Tibisay Aguilera Romero
así es primero averigua quién lo amenaza, a Alejo el embarazo le a pegado a tu Julieta
Linilda Tibisay Aguilera Romero
bueno ya sabemos de dónde salió Sabrina y porque el padre no está siempre apoyándola
Linilda Tibisay Aguilera Romero
ese testamento sorprendió a todos, menos mal en no obligo a su hijo a cumplir un contrato absurdo
Linilda Tibisay Aguilera Romero
hay se murió el Duque
Linilda Tibisay Aguilera Romero
Andres divorciarte de esa zorra desgraciada envidiosa
Linilda Tibisay Aguilera Romero
que venenosa es Sabrina da asco
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