A pocos días de su boda, Valentina descubre que su hermana está embarazada de su prometido y que su familia apoyaba esa infidelidad. Valentina no lloro, no grito, no reclamo, solo hizo las maletas y salió de esa casa donde siempre ha sido la que sobra.
Pero justo cuando ella creía estar sola, aparece en su vida Mateo Alcázar, el hermano mayor de su ex prometido. Mateo siempre llega en el momento justo cuando ella necesita respaldo y para poder protegerla de todo lo que está por venir, Mateo le pide que se case con él, así estará bajo su protección y nadie podrá volver a humillarla.
¿Aceptara Valentina la propuesta? ¿Por qué Mateo está dispuesto a protegerla?
NovelToon tiene autorización de MeriGrei para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15
Capítulo 15
La cena de aniversario del Grupo Alcázar fue una de esas noches en las que todo el mundo sonríe como si no quisiera matar a nadie.
Mentira.
Querían.
Solo que con champagne en la mano quedaba más fino.
Mateo me dijo que no tomara vino.
—No soy una nena.
—No dije eso.
—Lo pensaste.
—Pensé que cuando estás nerviosa tomás rápido.
—¿Ahora también estudiás mi forma de arruinarme?
—Estoy casado con vos. Me interesa el riesgo.
No quería reírme.
Me reí un poco.
Mal empezábamos.
El salón estaba lleno. Empresarios, políticos, modelos que ahora eran “emprendedoras”, señoras con joyas grandes y hombres que olían a perfume caro y miedo a perder poder.
Camila llegó tarde, vestida de verde oscuro, con Federico detrás. La panza ya se notaba más. Ella la tocaba cada tres pasos.
No sé si por instinto o por estrategia.
Con Camila, una nunca sabía.
—No la mires tanto —dijo Mateo.
—No la miro.
—Sí.
—¿Celoso de mi hermana?
—Preocupado por tu presión arterial.
—Qué médico.
Tomé una copa de vino solo para molestarlo.
Error.
No porque me emborrachara. No. Pero el vino me aflojó la lengua, y mi lengua no necesitaba ayuda.
Camila apareció durante el primer descanso.
—Valentina. Qué sorpresa verte tan cómoda.
—¿En una silla?
—En este mundo.
Miré alrededor.
—No te preocupes, sigue siendo bastante desagradable.
Su sonrisa se tensó.
—Mateo debe estar divirtiéndose mucho.
—Pregúntale.
—No hace falta. Él siempre se divierte hasta que se aburre.
Ahí estaba.
La frase que venía a decir desde que entró.
Me dolió. Me dio rabia que me doliera.
—Vos deberías estar más ocupada cuidando tu matrimonio que opinando del mío.
—¿Matrimonio? —Camila soltó una risita—. Valentina, por favor. Todos sabemos que eso es un arreglo.
Sentí calor en la cara.
—¿Y el tuyo qué es? ¿Un milagro obstétrico?
Camila palideció.
—No te metas con mi bebé.
—Entonces no uses mi matrimonio para entretenerte.
Mateo apareció a mi lado.
—Camila.
Ella cambió la cara al instante. Lágrimas listas, boca temblorosa.
—Solo estaba hablando con mi hermana.
—No. La estabas pinchando para que reaccionara delante de todos.
—Estoy embarazada. ¿También vas a atacarme?
Yo me reí.
El vino, definitivamente.
—Camila, usás esa panza como si fuera matrícula profesional.
Varias personas miraron.
Mateo me sacó la copa de la mano.
—Venís conmigo.
—No me des órdenes.
—No te doy órdenes. Te saco de acá antes de que le regales una portada.
—Que saquen fotos.
—Valentina.
Su voz bajó.
Eso me frenó más que si hubiera gritado.
Me llevó a una terraza lateral. El aire frío me pegó en la cara. Me di cuenta de que estaba más alterada de lo que quería admitir.
—Estoy bien —dije.
—Estás temblando.
—De bronca.
—Lo sé.
—No me digas que lo sabés todo.
—Sé esto.
Me apoyé en la baranda y respiré.
—Camila tiene razón en una cosa.
Mateo se quedó quieto.
—¿Cuál?
—Esto empezó como un arreglo.
—Sí.
Me dolió que no lo negara.
—Podrías mentir un poquito.
—No te sirve.
—No. Pero a veces descansa.
Mateo se acercó. No me tocó.
—Empezó como un arreglo. No significa que siga siendo solo eso.
El corazón me hizo una estupidez.
—No digas cosas así cuando tomé vino.
—Tomaste una copa y media.
—Suficiente para creerte.
—Entonces créeme.
Lo miré.
La ciudad brillaba detrás de él. Yo debería haber pensado en Clara, en mi madre, en Camila, en Federico. Pero solo podía pensar en lo cerca que estaba su boca.
—No sé qué querés de mí —dije.
—Sí sabés. Te asusta.
—Qué soberbio.
—Qué cierto.
Quise irme, pero él me agarró la mano. Su pulgar rozó mi muñeca. Fue una caricia mínima y aun así sentí demasiado.
—No voy a besarte si no querés —dijo.
—No dije que quisiera.
—Tampoco dijiste que no.
Tragué saliva.
—No.
Me soltó al instante.
Y eso, que debería haberme tranquilizado, me dejó peor.
Volvimos al salón separados por medio metro de prudencia. Camila ya no estaba. Federico tampoco.
Sonia me observaba desde una mesa.
No con desprecio.
Con preocupación.
Eso fue nuevo.
Antes de irnos, Bruno se acercó a Mateo y le dijo algo al oído. Vi cómo cambió su cara.
—¿Qué pasó? —pregunté.
—Movimiento en la casa de Tigre.
—Clara.
—Puede ser.
—Voy.
—No.
—Mateo.
—Esta vez no.
—Me prometiste no cerrarme puertas.
—Y estoy rompiendo mi promesa porque alguien acaba de intentar entrar a esa casa.
Se me fue el efecto del vino.
—¿Quién?
—No sé.
Me dejó en el departamento con seguridad en la puerta y se fue.
No dormí.
No por celos.
No por deseo.
Por esa mujer encerrada, por mi madre muerta y por la certeza horrible de que cada verdad que encontraba venía con alguien dispuesto a enterrarla otra vez.
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Pero me está aburriendo esta novela. Mucho misterio.
Pero me está aburriendo esta novela. Mucho misterio.