●Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Para Bahir, la vida es tan pacífica como la tienda de flores y té de su abuelo beta, la cual cuida con esmero. A sus veintiún años, es un omega puro, inocente y con un dulce aroma a duraznos frescos que cautiva a cualquiera. Sin embargo, su corazón ya tiene dueño: Louie, un alfa dominante, imponente y protector que ha logrado ganarse su amor y, finalmente, un anillo de compromiso.
Bahir cree que ha encontrado a su príncipe azul. Lo que no sabe es que detrás de la fachada del prometido perfecto se esconde un acosador obsesivo, un alfa sádico y egocéntrico que lleva meses vigilando cada uno de sus pasos desde las sombras. Ahora que el compromiso es oficial, Louie está extasiado; el juego de la seducción ha terminado, y es hora de que el inocente omeguita descubra quién es realmente el dueño de su destino.
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Capítulo 19: Hilos amarillos y el nido de la cuna
Capítulo 19: Hilos amarillos y el nido de la cuna
Novela: Tu Guardián Sádico.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
La felicidad de la vida cotidiana trajo consigo el inicio del proyecto más importante y esperado por la joven pareja. Tras consolidar su lazo eterno, Louie y Bahir no querían esperar más para dar el siguiente paso: expandir su nido y recibir a su primer cachorro. Los chequeos médicos con los mejores especialistas de la ciudad habían arrojado noticias maravillosas; debido a la inmensa compatibilidad y la fuerza de su lazo, el próximo celo del omeguita y el celo (rut) del alfa dominante se sincronizarían a la perfección muy pronto. Sería el momento ideal para la concepción.
Con esa dulce expectativa en el horizonte, la parejita puso manos a la obra para preparar la habitación del futuro integrante de la familia.
A diferencia de otros lujos de la mansión que Louie simplemente mandaba a comprar, este espacio querían crearlo con sus propias manos. Bahir eligió una paleta de colores suave y unisex, llena de luz: un tierno color amarillo pastel combinado con blanco puro. Una tarde, vestidos con ropas cómodas y salpicados de risas, ambos se dedicaron a pintar las paredes. Ver al imponente Alfa Dominante, un hombre frío y calculador ante el mundo, sosteniendo una brocha pequeña y esmerándose en no salirse de la línea para complacer a su omega, era un espectáculo que derretía de amor el corazón de Bahir.
Los días siguientes se convirtieron en una divertida aventura de compras. Salían juntos a las tiendas de bebés más exclusivas de Manhattan, donde Bahir elegía con ilusión enormes osos de felpa, mantitas de algodón orgánico y delicadas decoraciones colgantes de nubes y estrellas.
El centro de atención de la habitación, sin embargo, fue la cuna. Louie, movido por un instinto alfa ferozmente territorial y protector, se negó rotundamente a comprar una ya hecha. Él mismo compró la madera más fina y segura, y pasó sus noches en el taller de la propiedad, midiendo, lijando y ensamblando cada pieza con una "ansiedad" constructiva que reflejaba su obsesión por la perfección. Quería que la primera cama de su futuro cachorro fuera impenetrable y hecha por sus propias manos.
La preparación del nido del bebé también se convirtió en un imán para la familia. El abuelo Bernard venía a la casa a menudo, aportando su sabiduría y ayudando a acomodar los peluches en los estantes con una sonrisa nostálgica, feliz de ver que la estirpe de su amada Marisol continuaría en un hogar tan bendecido.
Por su parte, Roxanne y Roland pasaban casi todas las semanas por la residencia, nunca con las manos vacías. Traían costosos regalos para el omeguita: ropa de diseñador para bebés, protectores para el vientre de Bahir y delicados detalles que hacían que el omega se sintiera el ser más consentido del universo. Roxanne, en especial, miraba la habitación terminada con una profunda paz; sabía que la llegada de un cachorro anclaría aún más la devoción de Louie, asegurando que el monstruo sádico se mantuviera siempre como el guardián más tierno y perfecto para su dulce durazno.
Al final de una larga jornada, con las paredes secas y la cuna armada por Louie presidiendo el cuarto, Bahir se acurrucó contra el pecho de su esposo en medio de la habitación amarilla. Su aroma a durazno se mezcló con la madera ahumada, inundando el futuro cuarto del bebé con una fragancia de pura esperanza. Todo estaba listo. La jaula de cristal no solo era perfecta para ellos dos, sino que ahora estaba preparada para albergar la vida que nacería de su amor eterno.