Pamela, orgullosa y arrogante, humilla en público al señor Fitwilliam, un supuesto “hombre viejo” que resulta ser un multimillonario frío, poderoso y mucho más peligroso de lo que aparenta.
Como castigo, su padre la obliga a casarse con él.
Ahora vive atrapada en un matrimonio forzado con el hombre al que despreciaba… y al que desafía a cada instante. Pero Fitwilliam no es de los que pierden el control. Ni de los que olvidan.
Entre orgullo y poder, solo una cosa es segura: uno de los dos terminará cayendo primero.
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capitulo 19: Un matrimonio bajo observación
Maximiliano no esperaba ver a su abuela Mercedes allí.
Hacía años que no la veía. Desde su última visita, ella había preferido permanecer en Guadalajara junto a su hermana, lugar donde siempre se había sentido más cómoda.
Era una mujer conocida por su carácter firme, su gran intuición y su capacidad para darse cuenta de cosas que otros pasaban por alto.
Se acercó hasta donde estaba sentada y la saludó.
—Abuela, si me hubieras avisado, habría ido a buscarte personalmente —dijo Maximiliano mientras se inclinaba para darle un beso en la mejilla.
Mercedes lo miró con un cariño evidente y protector, ese amor que siempre le había tenido a su único nieto, lleno de orgullo, ternura y una conexión que solo ambos compartían.
—Lo sé, mi querido nene —respondió Mercedes con una sonrisa tranquila—. Pero llegaron a mis oídos ciertas noticias que despertaron mi curiosidad. Y ya me conoces, cuando algo me llama la atención, prefiero verlo con mis propios ojos.
Su mirada se deslizó brevemente hacia Pamela antes de regresar a Maximiliano.
—Además, hacía demasiado tiempo que no venía por aquí.
Maximiliano se puso ligeramente tenso.
intuía que su abuela ya estaba al tanto de su matrimonio, aunque él nunca había encontrado el momento adecuado para explicarle cómo había sucedido todo.
Lo que no esperaba era tener esa conversación justo ahora, ni de una forma tan directa.
Había sido todo demasiado rápido y desordenado, incluso para él mismo.
Mercedes lo conocía demasiado bien para no notar aquel cambio en su expresión.
Pamela se quedó en el mismo lugar, impulsada por la curiosidad. Quería saber quién era aquella mujer que acababa de aparecer en la mansión.
Aunque fingía indiferencia, mirando sus uñas con aparente calma, en realidad prestaba atención a lo poco que lograba escuchar de la conversación, pues Mercedes hablaba en un tono bajo y cercano a Maximiliano.
Interesante… quién será esa señora tan distinguida. Se nota que es alguien importante para el viejo reglático —pensó Pamela, intrigada mientras la analizaba de reojo.
Mercedes se acercó un poco más a Maximiliano y volvió la mirada hacia Pamela, que observaba todo con discreción, tratando de no dejar ver su verdadera curiosidad.
—Es ella, ¿verdad? —murmuró con una pequeña sonrisa—. Debo admitir que me agrada a primera vista.
Luego regresó su atención a Maximiliano.
—Aunque tú y yo tenemos algunas cosas de las que hablar más tarde —susurró con un deje de reproche por no haberle contado nada.
Su expresión se suavizó de inmediato.
—Pero antes de eso, ¿no piensas presentármela?
Maximiliano se aclaró la garganta, un poco incómodo ante la situación.
Sin decir nada más por el momento, Maximiliano y Mercedes se acercaron hasta donde estaba Pamela, que permanecía un poco retirada dentro de la misma sala.
Al verlos acercarse, Pamela enderezó ligeramente su postura y mantuvo una expresión serena pero firme, lista para cualquier cosa que pudiera suceder en ese momento.
—Abuela… ella es Pamela —dijo finalmente, señalándola con un gesto breve—. Mi esposa
Mercedes observó a Pamela con atención, evaluándola en silencio, como si analizara con cuidado a la mujer con la que se había casado su nieto. En su mirada había calma, pero también una intuición firme que pocas veces fallaba.
—Así que tú eres Pamela… Tengo que admitir que, a primera vista, me das una buena impresión —dijo Mercedes, observándola con atención y una leve sonrisa—. Soy Mercedes, la abuela de este nene hermoso.
Su mirada se deslizó un instante hacia Maximiliano, notando la ligera tensión en su postura, aunque no dijo nada al respecto, solo mantuvo su expresión tranquila mientras volvía a mirar a Pamela.
Pamela soltó una pequeña risita, un poco incómoda por la situación, aunque intentó mantener la calma y la compostura que la caracterizaban.
—Mucho gusto, señora Mercedes. No esperaba su llegada… pero no es ningún problema para mí conocerla —respondió Pamela.
—Supongo que nos llevaremos muy bien… además me encanta, haces una excelente pareja con mi nene hermoso —comentó la abuela con tranquilidad, lo que hizo que tanto Pamela como Maximiliano se sintieran incómodos ante lo dicho.
En ese instante, Teresa venía bajando las escaleras cuando se detuvo de golpe al escuchar aquellas palabras. Su expresión cambió de inmediato, mostrando irritación ante la escena inesperada.
Más tarde, Pamela decidió retirarse a su habitación. Se cambió y bajó nuevamente para la cena junto a Maximiliano, Mercedes y Teresa, donde conversaron un poco, aunque Teresa no ocultaba su molestia y lanzaba comentarios sutiles hacia Pamela.
Después de la cena, Pamela se retiró de nuevo hacia su habitación.
Sin embargo, Teresa la siguió y la alcanzó en el pasillo, tomándola del brazo con fuerza.
—Así que también te estás haciendo la interesante con Mercedes —dijo Teresa con irritación, mirándola de forma desafiante.
Pamela sostuvo la mirada de Teresa con seguridad.
—Vaya… la importante se siente afectada porque no le prestan atención —respondió con tono desafiante—. No es mi culpa que algunos resulten insoportables —añadió mientras se dirigía a su habitación—. Y que no se repita lo de tomarme del brazo.
Dicho esto, entró definitivamente a su habitación, dejando a Teresa aún más molesta.
Mientras tanto, Maximiliano y la abuela se dirigieron al despacho de la mansión.
Una vez allí, Mercedes no tardó en comenzar a hacerle preguntas, claramente intrigada.
—¿Cómo fue que te casaste sin decirme nada? —preguntó con calma, pero con ese tono firme que la caracterizaba—. Y sin invitarme… todo ocurrió demasiado rápido.
Maximiliano soltó un leve suspiro, consciente de que esa conversación no sería sencilla.
Finalmente, terminó por contarle cómo había sucedido todo, desde el acuerdo hasta la decisión de casarse sin demasiadas explicaciones.
Mercedes lo escuchó con calma, asimilando cada palabra.
Al final, asintió lentamente.
—Ya veo… —murmuró—. Pamela me pareció una buena muchacha.
Hizo una pequeña pausa, recordando la tensión que había notado entre ambos.
—Tú y ella tienen un carácter demasiado fuerte… se nota incluso en la forma en que se miran —dijo la abuela con tono pícaro—. Pero también vi algo más allá de eso, algo que tú aún no quieres aceptar.
Maximiliano se quedó en silencio un momento, claramente incómodo, antes de hablar.
—Abuela… no hay nada que aceptar porque no existe nada de lo que estás insinuando —respondió con calma forzada.
Mercedes lo observó en silencio unos segundos, con una expresión tranquila pero cargada de picardía, como si no creyera del todo sus palabras.
—No es necesario que me creas ahora. El tiempo, y lo que uno va viviendo, se encarga de hacer entender lo que hoy parece imposible —murmuró con sabiduría.
Maximiliano giró hacia ella, consciente de que su abuela era una mujer con mucha experiencia y una sabiduría que pocas veces se equivocaba.
Mercedes, al verlo así, se acercó con ternura y le pellizcó suavemente las mejillas como cuando era niño.
—Tranquilo… ya lo verás tú mismo, mi nene hermoso —murmuró con ternura—. Y dime, ¿no piensas que Pamela merece que su esposo le agradezca el buen comportamiento que tuvo conmigo?
Maximiliano dudó un segundo, pero sabía que su abuela tenía razón.
Le dio un beso en la mejilla, le deseó buenas noches y salió del despacho.
Caminó directamente hacia la habitación de Pamela.
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Pamela, en su habitación, se deshacía del vestido que había llevado durante la cena, dispuesta a ponerse su pijama y descansar.