La vida de Elena terminó de forma repentina y prematura mientras leía su novela favorita, una historia llena de pasión, intrigas y paisajes exóticos ambientada en el reino desértico de Al-Jazair. Pero la muerte no fue el final: al despertar, descubre con horror e incredulidad que ha renacido dentro de esa misma historia… encarnando al personaje más desafortunado y condenado de todos: la esposa política del temido príncipe Zayn Al-Khalid.
Conocido en todo el mundo como "El Villano del Desierto", Zayn es un hombre de belleza imponente y naturaleza despiadada. Rico, poderoso y peligroso, gobierna con mano de hierro y vive marcado por la oscuridad y la soledad. En la trama original, la esposa que Elena ahora habita fue una mujer arrogante, orgullosa y llena de rencor, que despreció a su esposo y a sus costumbres, y que cometió el error fatal de interponerse en el camino de la verdadera protagonista: la mujer destinada a llegar al palacio para cambiar el corazón del villano.
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Capítulo 19: Los rumores y el eco: La nueva reputación cruza las puertas del palacio.
Los días siguientes transcurrieron con una velocidad que me pareció vertiginosa, aunque cada uno de ellos estuvo lleno de actividades, estudios y apariciones públicas cuidadosamente planeadas. Desde mi victoria ante la esposa del Gran Visir y, sobre todo, desde mi encuentro y alianza con la Princesa Amira, algo había cambiado en el aire del palacio. Podía sentirlo en cada paso que daba, en cada mirada que recibía, en la forma en que me hablaban los sirvientes y en los silencios respetuosos que me abrían paso allí por donde iba.
La noticia de mi transformación se había extendido como un reguero de pólvora, no solo por el complejo real, sino que ya empezaba a cruzar las puertas de la ciudad y a llegar a los oídos de quienes realmente importaban. La antigua imagen —la de la princesa extranjera, orgullosa, caprichosa y despreciativa— se estaba desvaneciendo poco a poco, sustituida por una nueva leyenda: la de la mujer que había sabido renacer, aprender y convertirse en el orgullo de Al-Jazair.
Esa mañana, estaba en mis aposentos revisando algunos tejidos y diseños para ayudar en la confección de ropa para los más necesitados, una actividad que Amira me había sugerido como parte de mis deberes como princesa y que yo había abrazado con entusiasmo. Layla entraba y salía constantemente, no solo con materiales, sino con algo mucho más valioso: información. Se había convertido en mis oídos en todos los rincones, y yo siempre estaba ansiosa por saber qué se decía, qué se comentaba y, sobre todo, hasta dónde había llegado mi nueva reputación.
—Mi señora —dijo ella al entrar con una sonrisa contenida, cerrando la puerta tras de sí para asegurarse de que nadie oyera—. Lo que os voy a contar hoy os llenará de alegría. He estado en la zona de los sirvientes, en las cocinas, en los pasillos de la guardia… y no se habla de otra cosa más que de vos.
Dejé el tejido que tenía entre las manos y la miré con interés, aunque manteniendo mi calma habitual. —¿Ah, ¿sí? ¿Y qué dicen? ¿Qué rumores corren ahora?
Layla se acercó, con los ojos brillantes de emoción. —Todo es bueno, mi señora. Todo. Dicen que es como si hubierais renacido de verdad. Recordaban cómo erais antes: gritos, quejas, ropa extraña, miradas altivas… y lo comparan con lo que veis ahora. Dicen que sois amable, que saludáis a todos, que dais propinas generosas, que habláis nuestra lengua con respeto y cada día mejor, que vestís con la elegancia de aquí y que jamás habéis dicho una palabra contra nuestras costumbres desde que os recuperasteis.
Hizo una pequeña pausa, como saboreando la noticia más importante. —Y lo mejor… dicen que habláis de Su Alteza el Príncipe Zayn con una admiración y un respeto que impresiona a todos. Que decís que él es el más grande gobernante, que todo lo que tenemos se lo debemos a él, que os sentís honrada de ser su esposa… ¡Mi señora, antes, cuando os oían hablar de él, solo decíais que era un bárbaro, que era frío, que os ignoraba! ¡El cambio es tan grande que todos están atónitos!
Sonreí levemente, satisfecha pero consciente de que esto era solo el principio del plan. —Y ¿cómo lo toman? ¿Creen que es verdad o piensan que es una actuación?
—Al principio pensaban que era algo pasajero —admitió Layla—. Decían: «Ya veréis, en cuanto pase un poco de tiempo, volverá a ser la de siempre». Pero lleváis así más de una semana. Día tras día, la misma conducta, la misma amabilidad, la misma dignidad. Y ahora… ahora ya no lo dudan. Dicen que vuestra enfermedad fue un castigo o una señal divina que os hizo abrir los ojos. Dicen que Alá os ha dado sabiduría. Y os respetan, mi señora. Os respetan de verdad.
Me levanté y caminé hacia la ventana, mirando hacia la inmensa extensión del palacio y más allá, hacia la ciudad de Al-Jazair que se extendía a los pies de la colina. Sabía que, en este mundo, la reputación lo era todo. Una mala reputación podía destruirte incluso si no habías hecho nada malo; una buena reputación podía protegerte incluso cuando cometías errores pequeños. Y la Elena original había construido la peor reputación posible: la de ser una extranjera ingrata, estúpida y problemática.
Yo estaba reconstruyéndola desde cero, piedra a piedra, palabra a palabra, gesto a gesto. Y lo más inteligente de todo era que no estaba mintiendo ni fingiendo. Simplemente, estaba actuando con inteligencia, respeto y gratitud, cosas que deberían ser naturales, pero que para la otra Elena eran imposibles.
—¿Y ha llegado algo de esto… a oídos de quien debe llegar? —pregunté en voz baja, sin volverme, sabiendo que Layla entendería perfectamente a quién me refería.
—Sí, mi señora —respondió ella, bajando la voz con respeto—. Todo llega. Ya sabéis que en este palacio no existen los secretos. Todo lo que se dice en las cocinas se cuenta en las salas de los funcionarios. Todo lo que dicen las damas de la corte lo escuchan los consejeros. Y todo lo que dicen los consejeros… llega finalmente a la Torre Central.
Se acercó un paso más. —La Princesa Amira ha estado con él dos veces estos días. Pasaron horas hablando a puerta cerrada. Y todos saben que cuando ella habla, él escucha. Además, el Gran Visir, Hamid, ayer tuvo audiencia con el Príncipe, y al salir, comentó con sus ayudantes: «Nuestra princesa ha cambiado tanto que ya es irreconocible. Ahora sí es digna de nuestro líder». Esas palabras, mi señora… pesan mucho. Muchísimo.
Sentí una mezcla de emoción y tensión en el pecho. Estaba funcionando. Todo lo que había planeado, todo lo que había estudiado, cada movimiento, cada sonrisa, cada palabra de respeto hacia él… todo estaba llegando a su destino. Zayn ya no vería a la mujer que él despreciaba. Antes de verme siquiera, antes de que tuviéramos un encuentro cara a cara, ya le habrían contado una versión totalmente nueva de mí.
Le habrían dicho que ya no era orgullosa: que era humilde y sabia. Le habrían dicho que ya no despreciaba nada: que respetaba todo y a todos. Le habrían dicho que ya no creaba problemas: que era una fuente de paz y armonía. Y sobre todo, le habrían dicho que su esposa, la mujer que él tenía por obligación política, hablaba de él con una lealtad y admiración absolutas, algo que muy poca gente demostraba abiertamente, dado el miedo que inspiraba.
m8jiiita bien decía mi abuela "Piensa mal y acertarás "
no sé aquí yo imaginando cosas🤔🫣😬
-la chica que REENCARNÓ se llama ELENA
y reencarna en el cuerpo de la esposa política del príncipe que se llama igual... "LADY ELENA"🤔🤔🙄
como así? AUTORA le nombraste igual para que no nos volvamos un masaclote?
o cómo fué la cosa ??