Ayla Eisen y Ragnar crecieron bajo la sombra de una tragedia idéntica: la enfermedad que les arrebató a sus madres, dejando a sus padres, empresarios y amigos de toda la vida, sumidos en el dolor, pero ahora, ellos han decidido sellar su destino con un contrato inquebrantable; obligándolos a contraer nupcias, donde se ven atrapados en un matrimonio sin amor, pero unidos por una promesa desesperada hecha sobre las lápidas de sus esposas; que consiste en usar su unión para financiar la batalla contra el mal que destruyó a sus familias, en una casa llena de silencios y recuerdos, en la cual deberán decidir si su alianza es solo un negocio doloroso o si, entre las cenizas de su pérdida, puede nacer la fuerza para sanar... y quizás, aprender a amar
"Nuestras madres nos heredaron su ausencia con su partida pronta, pero nuestros padres nos vendieron al mismo dolor; ahora estamos encadenados por un contrato que se firmó con sangre y se selló sobre sus tumbas."
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Capítulo 19
Habían pasado tres días desde la irrupción de Ragnar en mi consultorio, la atmósfera en esta "pecera gigante" se había vuelto tan espesa como la brea; no tenía intenciones de seguir perdiendo minutos importantes buscando justificar lo injustificable, por lo que, puse en marcha mi propia estrategia de supervivencia a esta situación; “la invisibilidad selectiva”, no quería verlo ni él a mí, por lo que me convertí en un fantasma de la casa que salía antes de que el sol saliera y regresaba cuando las luces de la ciudad eran lo único que brillaba en el horizonte.
Mis días se consumían entre el olor a desinfectante de los quirófanos y la luz azulada de los microscopios en el laboratorio de “Ares Tech”, entre placas de Petri, con secuencias genéticas complejas de mutaciones de los diferentes tipos de sarcomas y notas; no había contratos, padres manipuladores o prometidos posesivos; éramos solo la ciencia y la lógica. El único idioma que mi corazón todavía se permitía hablar.
Cómo mi ilustre prometido, parecía haber regresado a su hábitat natural; el caos controlado y la exposición mediática agresiva, no necesita intercambiar una sola palabra con él para saber perfectamente lo que estaba haciendo; los tabloides y las redes sociales se encargaban de restregármelo en la cara cada vez que cometía el error de revisar el móvil para algo de emergencia. Con titulares como "Ragnar Graf, el soltero que no se apaga", junto a una foto de él saliendo de un club exclusivo a altas horas de la madrugada, con la imagen, de una modelo piernas largas, aferrada a su brazo; con la misma propiedad con la que él me había sujetado en la fiesta de compromiso.
En su sonrisa a la cámara, es evidente que, si el contrato que nos va a unir es apenas una sugerencia, no una soga al cuello.
Ver esas imágenes no me causaba dolor o al menos eso intento repitiéndolo una y otra vez en mi cabeza para convencerme mientras apretó con furia el móvil hasta que mis nudillos se ponen blancos. Es ese mismo hombre que casi provoca un incidente diplomático en mi oficina bajo la excusa de la "gestión de crisis" y de proteger la "imagen de la empresa", el que aparecía en toda la prensa amarillista dándole de comer a los buitres. Él exigía una castidad pública, mientras se paseaba por la ciudad exhibiendo trofeos de caza.
Esa tarde, la mansión se sentía especialmente fría, me encontraba sentada en la sala de juntas, rodeada de planos y muestras de materiales que no me interesaban en absoluto.
—Doctora, los planos para la nueva ala de oncología —Dijo el arquitecto, extendiendo los folios sobre la mesa; yo solo había accedido a esta reunión de "preparativos" porque incluía infraestructura médica, pero mi paciencia se estaba agotando.
— El señor Graf insistió en que el área de recepción debe tener una caída de agua y mármol de Carrara para "transmitir serenidad y estatus".
—Lo que sea está bien, arquitecto —Respondí sin siquiera mirar las muestras que me señalaba.
—No olvide la importancia de mantener el flujo de aire en las salas de aislamiento tiene que cumplir con la normativa internacional de presión positiva. —¿Los laboratorios tienen el blindaje de plomo necesario para los aceleradores?,
—Las paredes van a ir pintadas de negro...
—¿Cómo que quieren pintar las paredes de negro?
—Su padre mencionó que el diseño debía ser "majestuoso" para atraer al turismo médico de lujo de Europa. —Insistió el hombre, visiblemente incómodo ante mi desprecio por los adornos.
—No me interesa la estética, solo la tasa de supervivencia de mis pacientes. —Mi padre y el señor Graf ven a los pacientes como números de cuenta en una hoja de Excel, yo como seres humanos que están luchando por sobrevivir. — Haga su trabajo técnico y deje la decoración para quienes tengan tiempo que perder en frivolidades. —Sentencié, cerrando mi computadora portátil con un golpe seco que resonó en toda la estancia.
Me levanté y caminé hacia el ventanal que daba al jardín principal, a la distancia vi el Mercedes negro de Ragnar cruzando el portón, sentí una punzada de ansiedad en la boca del estómago que me molestó profundamente; no quería cruzarme con él o escuchar sus excusas corporativas.
Subí a la habitación para seguir trabajando; sobre el escritorio, todavía abierta, estaba la carpeta de cuero de Malik Al-Zahrani, que estudiaba durante las noches de insomnio, me había dedicado a desmenuzar el caso de su hermano, el pequeño Oleck. Él pobre niño era todo un desafío médico fascinante: un tumor neuroendocrino con una mutación genética rarísima que encajaba perfectamente con mis últimos hallazgos sobre la reprogramación de células madre, su caso podía consagrar mi carrera de forma independiente, elevándome por encima del apellido Eisen o el matrimonio Graf. Era mi salida de emergencia.
Mi teléfono volvió a vibrar con una nueva notificación de prensa: "¿Grietas en el paraíso? Ayla Eisen brilla por su ausencia mientras Ragnar Graf celebra el éxito de la fusión.”. La foto mostraba a Ragnar susurrándole algo al oído a la misma mujer de la noche anterior.
—¿Crees que puedes encerrarme en tu "gestión de crisis" mientras tú te burlas de mí en cada portada? —Susurré para mí misma, sintiendo cómo la furia me recorría todo el cuerpo. —Te equivocaste de mujer, Ragnar; si yo soy la pieza más valiosa de este tablero, es hora de que empiece a moverme por mi cuenta hacia el jaque mate.
Tomé la tarjeta de Malik, el olor de su perfume todavía parecía desprenderse del papel, recordándome su mirada verde esmeralda.
—Él no buscaba una "marca" o una "figura decorativa"; sino mi mente. Marqué el número privado. No habían pasado dos tonos cuando su voz imponente contestó.
—¡Ayla!, sabía que la ciencia terminaría ganándole a la burocracia de tu prometido. —Su tono sonó suave, con esa confianza de quien está acostumbrado a obtener lo que desea.
—He revisado el historial de su hermano, Señor Malik —Dije, tratando de que mi voz no delatara la tormenta que soplaba en mi interior.
—El caso es quirúrgicamente viable, pero requiere un protocolo de inmunoterapia agresivo que solo yo he desarrollado, acepto la cirugía; pero bajo mis términos.
—Tus términos son mis órdenes, doctora. —Respondió con una galantería que, en ese momento, se sentía mucho más honesta que cualquier palabra que pudiese decir Ragnar.
—¿Cuándo podemos ultimar los detalles?
—Hoy mismo si gusta... ¿Qué le parece una cena?
—Perfecto, estaré contando los minutos. Enviaré un auto por ti —Dijo él
—Listo, a las ocho estaré lista. No envié por mí, no será necesario —Respondí, con una chispa de rebeldía. —Llegaré por mi cuenta, solo envíeme la dirección. Esto va a ser sin intermediarios, abogados, pero, sobre todo, sin el apellido Graf.
Al finalizar la llamada sentí una oleada de adrenalina que no experimentaba hace casi un mes que llevo viviendo en este acuario sin brillo, extrañaba a Rowan y a Ale muchísimo, pero no la iba a llamar para contarles lo obvio.
Me quité la ropa, busqué en el armario algo que no gritara "futura esposa sumisa", elegí un vestido de seda color esmeralda, casi del mismo tono que los ojos de Malik, con un corte asimétrico que era elegante pero peligrosamente moderno, saqué el maquillaje, marcando mis ojos con un delineado fuerte y mis labios con un rojo que parecía sangre; si iba a ir a la guerra, quería llevar mi mejor armadura.
Al bajar las escaleras, me topé de frente con Ragnar en el vestíbulo, se estaba quitando la chaqueta, luciendo ese aspecto de cansancio aristocrático que solía usar para parecer interesante, al verme se detuvo en seco, sus ojos azules recorrieron mi cuerpo, desde el brillo de mi cabello hasta la caída del vestido, por un microsegundo, vi que se le cortaba la respiración, pero recuperó su máscara de hielo de inmediato.
—Lía. El arquitecto dice que lo echaste de la reunión con las palabras en la boca —Dijo, bloquéame el paso con su presencia imponente.
—Tenemos que discutir los acabados de la nueva ala, es un asunto de imagen corporativa vital para la próxima junta.
—La imagen corporativa está muy bien cuidada en las portadas, Ragnar —Respondí, pasando a su lado, permitiendo que el perfume que yo usaba, lo golpeara. —No me molestes con simple burocracia, tengo asuntos importantes que atender.
—¿Asuntos importantes? ¿A estas horas y vestida así? —Me sujetó del brazo con esa firmeza posesiva que pretendía recordarme mi lugar en su mundo.
—Voy a cenar fuera. —Dije, zafándome de su agarre con un movimiento brusco y mirándolo directamente a los ojos, con todo el desprecio que pude reunir. — Con alguien que valora mi cerebro y mi investigación más que tu estúpida "gestión de crisis".
—¿Con Al-Zahrani? —El nombre salió de sus labios como un insulto, sus ojos se oscurecieron, como los de un tiburón blanco en cacería. —Te dije que no era conveniente, Ayla, ese hombre está jugando contigo.
—El único que ha estado jugando aquí eres tú, Ragnar —Repliqué, señalando su teléfono
—Mientras tú te paseas con modelos para "celebrar la fusión", yo estoy salvando vidas; si tanto te preocupa la prensa, inventa que tengo una conferencia médica, que en mentir eres todo un experto.
—No se trata solo de la prensa, se trata de respeto —dijo él, dando un paso hacia mí, invadiendo mi espacio con esa superioridad física que solía intimidarme.
—El respeto se gana, Ragnar, no se firma en una notaría. —Le espeté, acercándome a él hasta que pude ver las motas doradas en su mirada furiosa.
—No me esperes despierto, "cariño", disfruta de tu casa vacía y de tus acciones en alza; yo voy a ser la doctora de un niño que me necesita y voy a hacerlo con el hombre que tuvo la decencia de pedirme ayuda, no de comprarme.
Lo dejé allí, de pie en medio del lujo estéril de la mansión, con la palabra "Malik" flotando en el aire como una bofetada, mientras caminaba hacia mi auto, supe que esta noche no solo firmaría el destino del pequeño Oleck, sino que le demostraría a Ragnar Graf que una cosa es poseer un activo y otra muy distinta es pretender domar a la mujer que conoce perfectamente el camino de regreso al infierno.