Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
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Capitulo 4
Las semanas pasaron lentas y pesadas, como si el tiempo se hubiera detenido desde aquella tarde en que Miriam se separó de Adam. Se había refugiado en un pequeño departamento que alquiló lejos de todos los lugares que compartieron, tratando de borrar cada rastro de su paso, aunque por dentro todo seguía intacto y lleno de dolor. Sus ojos aún conservaban la huella de las lágrimas derramadas, y pasaba las tardes sentada junto a la ventana, perdida en pensamientos, mientras el silencio de las paredes le recordaba lo mucho que había perdido. Pero no estaba completamente sola: Lionela Conti, su amiga desde la infancia, no se había apartado de su lado ni un solo instante, y se había convertido en su mayor fortaleza y su refugio seguro.
Ese día, Lionela llegó cargada de bolsas con comida y cosas para el hogar, como hacía casi todos los días. Al ver la postura encorvada y la mirada ausente de su amiga, suspiró con ternura y tristeza, cerró la puerta despacio y se acercó con pasos suaves.
—Te traje lo que me pediste… y también algunas cosas más que sé que te gustan, para que tengas ánimo —dijo con voz dulce, poniendo todo sobre la mesa, antes de sentarse a su lado y tomarle la mano entre las suyas—. Te he visto así desde hace días, sin hablar casi, sin comer bien… Miriam, por favor, no te dejes vencer por este dolor. Él no vale tanto como para destruirte de esta forma.
Miriam volvió la cabeza poco a poco, y sus ojos se llenaron otra vez de humedad solo al pronunciar su nombre.
—No es solo por él… o al menos, no como tú lo crees —respondió con voz baja y quebrada—. Lo que más me duele, Lionela, es haber sido tan ingenua. Haberle dado todo mi ser, toda mi confianza, haber creído ciegamente en sus palabras… y descubrir al final que todo era mentira, que yo solo era un juego para él. Me siento estúpida, me siento rota, como si ya no supiera quién soy ni en quién puedo creer.
Su amiga le apretó la mano con fuerza, acercándose más para mirarla directamente a la cara, con esa franqueza y cariño que siempre la caracterizaban.
—Escúchame bien, porque esto es algo que debes grabarte en el alma: tú no fuiste ingenua, tú fuiste auténtica y buena. Amaste con todo tu corazón y te entregaste sin reservas, y eso no es ningún defecto, es tu mayor virtud. El error estuvo en él, que no tuvo la dignidad ni el valor de corresponder a algo tan grande y verdadero. No te culpes por haber sido leal, no te quites mérito por haber sabido amar. Eso habla maravillas de ti, y demuestra que él nunca estuvo a tu altura.
Las palabras de Lionela cayeron sobre ella como un bálsamo suave, aliviando un poco la carga pesada que llevaba en el pecho. Miriam bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas, y una lágrima resbaló por su mejilla.
—A veces me pregunto… ¿y si me equivoqué al irme? ¿Y si hubo algo que no entendí, algo que me faltó escuchar? —susurró, dejando salir por fin la duda que la atormentaba en silencio—. Hubo momentos, justo antes de separarnos, en que me miró con un dolor tan profundo… que por un instante llegué a pensar que realmente decía la verdad. Pero las pruebas estaban ahí, las historias que me contaron eran tan detalladas… ya no sabía en qué creer.
—Lo que hiciste lo hiciste desde tu verdad y desde lo que sentiste que era correcto para ti —respondió Lionela con firmeza, sin dejar espacio a la culpa—. Si alguien construyó pruebas o historias para confundirte, la responsabilidad nunca será tuya. Tú protegiste tu corazón tal como debías hacerlo, aunque te doliera en el alma. Y si hubo algo que quedó sin aclarar… ya no está en tus manos resolverlo. Lo que importa ahora es lo que viene de aquí en adelante.
Miriam asintió despacio, secándose el rostro con la manga, e intentó reunir el valor que sentía tan lejano.
—Quiero empezar de verdad. Quiero levantarme, trabajar, recuperar mi vida… pero cada cosa que hago, cada lugar al que voy, cada canción que escucho… todo me lo recuerda. Siento que él sigue aquí, entre estos muros, metido en cada recuerdo, y no logro sacarlo de mi mente ni de mi corazón. Todavía lo amo, Lionela… qué vergüenza decirlo, pero todavía lo amo con la misma fuerza que antes, aunque sé que no debiera.
—No es ninguna vergüenza amar de verdad —le corrigió su amiga con suavidad, acariciándole el cabello con cariño maternal—. El amor no se apaga cuando uno quiere, ni desaparece solo porque nos hicieron daño. Es algo que vive dentro, y tardará su tiempo en transformarse o irse. Pero mientras eso pasa, aquí estoy yo. No te dejaré caer, no te dejaré sola. Vamos a construir esto juntas, paso a paso. Buscaremos nuevas actividades, conoceremos gente nueva, llenaremos tus días de cosas buenas que te ayuden a recordar lo valiosa que eres.
Miriam levantó la vista, y por primera vez desde hacía mucho tiempo, en sus ojos apareció un brillo pequeño pero real de esperanza.
—¿Crees que algún día volveré a ser la misma? ¿Crees que podré volver a confiar en alguien sin miedo a que me traicione o me mienta?
—Serás incluso mejor que antes —aseguró Lionela con una sonrisa decidida—. Porque habrás pasado por la prueba más dura y habrás salido adelante. Serás más fuerte, más sabia y más dueña de ti misma. Y cuando llegue ese momento en que mires atrás, todo esto solo será una lección que te ayudó a distinguir lo que vale la pena de lo que no. Ya verás.
Se abrazaron con fuerza, un abrazo largo y sincero que sirvió como promesa y como consuelo. Allí, entre las paredes de ese hogar nuevo y sencillo, Miriam entendió que no estaba perdida del todo. Tenía a su lado a quien nunca le fallaría, y poco a poco, con paciencia y apoyo, empezó a trazar el camino que la alejaría del dolor, aunque muy en el fondo, guardara todavía la huella imborrable del hombre al que había entregado su vida, y que el destino había arrancado de su lado.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.