El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.
¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?
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Método demoníaco
Dejé escapar un suspiro lleno de irritación mientras caminaba detrás de la reina Kathy. Mis pasos resonaban con ecos en el pasillo. El suelo era completamente gris y las paredes iguales, solo que estas tenían rayas azules que parecían venas de agua. Agua azul con burbujas pequeñas flotaba dentro de los cristales incrustados en las paredes. Las lámparas eran de las antiguas, pero no funcionaban con corriente. ¿Cómo hacen para tener velas aquí? No estamos en el agua de todos modos, pero sinceramente, se siente extraño. Como si la lógica misma se hubiera tomado un descanso.
Llegamos a una pequeña caja de cristal. La reina Kathy dio un paso adelante y, después de dudar por unos segundos, la seguí. La caja de cristal se cerró como una ventana de una casa. La caja empezó a subir sin parar. ¿Esto es un ascensor? Incluso el suelo era transparente. Podía ver cómo nos alejábamos del fondo marino, cómo las figuras de las sirenas se hacían más pequeñas hasta convertirse en puntos borrosos.
Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Volteé a ver a Kathy, que usualmente estaba distraída. Ahora que lo pienso, ella es hermosa. Creo que sería la mejor esposa que un hombre pudiera tener. Además, todas las chicas de aquí curiosamente son guapas. Los únicos feos aquí son los hombres, y aún así tienen novia. Y yo, que soy más guapo que ellos, no tengo a nadie. Qué tristeza.
La reina se dio cuenta de que la estaba observando y me dio una sonrisa.
—Linda—La reina abrió los ojos como platos al escuchar mis palabras.
Me di cuenta de lo que había hecho. Su cara se puso tan roja como un betabel.
—Lo-Lo siento por hablar co-cosas sin sentido... Me dejé llevar por la emoción. Claro, no estoy diciendo que seas fea. A mí me pareces hermosa—Mordí mi lengua y dejé caer un poco de sangre de mi boca.
Mierda. Creo que empeoré la situación. Maldita sea, quiero morir. ¿Por qué dije eso? ¿Qué tan jodidamente loco estoy? Ahora pensará que soy un niño inmaduro. ¿Espera, eso no es algo bueno? Perdería las sospechas de que soy un adulto.
Las puertas del ascensor —o lo que sea que es— se abrieron. Di pasos como un niño mimado, fingiendo una actitud que no me pertenecía. Aunque sentí que el rostro de la señorita Kathy se volvió sombrío. Llegamos a una habitación super gigante donde, en una esquina, estaban Katherine y Theresia. Katherine estaba peinando a Theresia. Ambas voltearon sus miradas hacia mí.
Se nota el parentesco. Deben de ser hermanas de sangre. Digo esto porque Katherine, a pesar de tener grandes pechos, se nota que solo tiene diecinueve años. Ambas corrieron hacia mí.
—Primero vayamos a comer. El joven Joshua debe de tener hambre—Habló la reina Kathy.
Las dos asintieron, subiendo y bajando la cabeza de forma dramática. Es como si estuvieran evaluando todo mi ser. La incomodidad creció dentro de mi cuerpo.
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Estando ya en la mesa del comedor, había comida en la mesa, pero era solamente ensalada. A mí, principalmente, no me gustan los vegetales y mucho menos el tomate. Y también la piña. Fruncí el ceño viendo la comida. Aunque al final me la terminé comiendo. No podía ser grosero con una reina.
Después de comer, una mesera, que también era sirena, pasó a recoger los platos y los cubiertos. Las tres me miraban con desdén. Yo solo miraba la mesa sin decir una sola palabra.
—¿Entonces por qué estoy aquí?—Finalmente rompí el silencio con una pregunta rápida.
—Bueno, eso te lo contaré después de entrenarte. Vamos, necesitas hablar con el rey Arturo—Esto tiene que ser una broma.
Ella me llevó a una especie de cuarto que estaba al final del pasillo. Menos mal que soy un hombre bastante paciente. En el cuarto había una ventana tan grande que podía ver toda la ciudad marina. Ya estaba anocheciendo, y la vista tan grandiosa me hizo sentir calma.
Una esfera del tamaño de la cabeza de un adulto estaba frente a nosotros. Era completamente blanca. Kathy puso sus manos en la esfera y parpadeó como cuando apagas y prendes tu teléfono.
Una figura apareció brevemente en la esfera. El rey Arturo abrió la boca e hizo una mueca de confusión.
—¿Hola?—Me quedé allí por varios segundos hasta que di un paso adelante.
—Tío Arturo. Puede decirle a mi padre que tuve que quedarme en el reino del agua azul. Y que no volveré en un tiempo—Los ojos del rey Arturo se abrieron como platos, sorprendido por la repentina voz que lo llamaba.
—Puff, JAJA. Sin duda eres mi sobrino. Donde quieras te andas metiendo—El rey Arturo se limpió una lágrima del ojo izquierdo. ¿Me dijo chismoso?
Fruncí el ceño, mirando la cara estúpida del rey Arturo. Le saqué la lengua, irritado por su comportamiento.
—Yo lo pienso entrenar y cuando esté listo se los devolveré—La voz de Kathy resonó. Tanto el rey Arturo como yo nos quedamos callados y sorprendidos. ¿Cómo que devolver? Ni que fuera un juguete.
—¿Es eso cierto, sobrino?—El rey levantó una ceja y recorrió mi rostro con su mirada.
—Sip. Dile a mi querido padre que no volveré en un tiempo, pero que le mandaré cartas—¿Por qué la reina sirena quiere entrenarme?
—Comprendo, Joshu. Pero recuerda traerle un regalo a tu querido tío—¿Joshu? ¿Qué carajos? Es un rey y le pide regalos a un niño.
Solamente asentí, dejando escapar un leve suspiro. Los ojos de la reina, que siempre están cerrados, se abrieron mirándome con desdén.
La esfera se apagó como un televisor. Me quedé observando por unos segundos. Después, de dudar por un rato, di la vuelta para salir. ¿Pero a dónde iba?
—Espera—¿Eh? Me detuve en medio de la puerta de salida y la ventana.
—Ejem... Bue-Bueno. Las otras chicas no son mis hijas. Son mis hermanas. Nuestra madre desapareció cuando Theresia tenía tres años. Y ellas me llaman mamá, aunque no sé el por qué—Sus ojos se pusieron más grandes. Podía sentir su tristeza.
¿Por qué me cuenta esto a mí? Solo la he visto hoy. ¿Entonces por qué? Las preguntas llenaron mi cabeza. Mis manos temblaron levemente y gotas de sudor frío salieron de mi rostro.
Me acerqué a Kathy. Ella estaba jugando con sus manos. Le di tres palmaditas en el hombro.
Mierda. ¿En qué cosas me he metido?