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Una Duquesa Para El Márquez

Una Duquesa Para El Márquez

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Romance / Reencuentro
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luisa Galli

La alta sociedad aveces pasa por momentos de locura, al igual que está historia que está llena de momentos locos nuestra historia estará llena de aventuras, dramas y mucha pasión.

NovelToon tiene autorización de Luisa Galli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lleno de Verdades

La mañana londinense amaneció fresca y luminosa, como si la ciudad hubiese decidido celebrar la llegada de la reina y de Eleonor. En el comedor principal de la residencia, los ventanales dejaban pasar la luz suave que caía sobre la mesa elegantemente servida.

La reina, que antes del viaje parecía cargada de inquietud, esa mañana estaba inexplicablemente animada. Eleonor, aún con un leve malestar, tomó asiento frente a ella. Ambas bebían té recién servido cuando un firme golpeteo resonó en la puerta principal.

Los mayordomos intercambiaron miradas y uno de ellos acudió a atender. Pasaron unos segundos, apenas un murmullo lejano, y luego pasos firmes se aproximaron hacia el comedor.

Eleonor giró el rostro.

Un hombre de cabello rubio, impecablemente peinado hacia atrás, apareció en el umbral. Alto, de complexión fuerte, porte regio y mirada cálida. Sus ojos se posaron primero en la reina y luego en Eleonor con un interés perfectamente medido.

La reina levantó la mano con entusiasmo.

—¡Duque Rowan! Qué gusto verlo —exclamó ella, incorporándose para saludarlo.

Eleonor sintió su corazón dar un pequeño salto. Así que éste era el famoso duque extranjero, aquel que había solicitado su mano en matrimonio sin haberla visto siquiera. Un hombre con riqueza, tierras y una reputación intachable… y que ahora estaba frente a ella, más real que las cartas selladas o los comentarios de la corte.

La reina sonrió ampliamente.

—Permítame presentarle a la duquesa Eleonor de Wynthorne. Aunque… —miró a su amiga con una chispa maliciosa—, supongo que no hace falta presentación formal después de haber pedido su mano.

La sangre subió al rostro de Eleonor, pero mantuvo la compostura. El duque Rowan inclinó la cabeza con un respeto impecable y tomó la mano de la duquesa para besarla.

—Es un honor conocerla por fin, mi lady —dijo con una voz grave y sorprendentemente cálida—. Su reputación y fortaleza la precede.

Eleonor bajó ligeramente la mirada.

—El honor es mío, duque Rowan. Bienvenido a Londres.

Se sentaron. El desayuno transcurrió con una naturalidad inesperada. El duque era amable, inteligente, conversador sin ser presuntuoso. Eleonor se encontró respondiendo con soltura, sonriendo a sus comentarios, escuchando sus anécdotas.

Lo sorprendente era que se sentía cómoda con él. Mucho más de lo que habría imaginado posible.

Pasaron buena parte de la mañana juntos, paseando por los jardines interiores de la residencia, conversando sobre política, comercio exterior, arte y literatura. La reina los observaba desde lejos con una sonrisa complacida, como quien ve moverse perfectamente las piezas de un tablero.

Pero el deber las aguardaba.

A primera hora de la tarde, Eleonor y la reina se dirigieron a la cita médica. La duquesa insistió en que el duque se quedara descansando, prometiendo regresar después para acompañarlo a la reunión prevista.

El consultorio del médico era discreto y cuidadosamente aislado de miradas indiscretas. Eleonor se mantuvo al lado de la reina en todo momento, apretando su mano con firmeza. El doctor, un hombre mayor que había trabajado décadas en silencio para familias nobles, examinó a la reina con profesionalismo y una delicadeza casi paternal.

Minutos después, la noticia cayó como un rayo de esperanza.

—Majestad… está usted embarazada —anunció el médico, con una sonrisa serena—. Y según sus primeros signos, el embarazo progresa con normalidad. Es temprano, sí… pero alentador.

La reina cerró los ojos de inmediato. Una mezcla de alivio, temor, alegría y vulnerabilidad tembló en su pecho.

El médico continuó hablándoles de reposo, cuidados estrictos y unas pastillas para controlar ciertos malestares. La reina escuchaba con lágrimas contenidas, aferrada a Eleonor como si la vida dependiera de ello.

—Lo lograremos —susurró Eleonor cuando salieron al carruaje—. Esta vez, lo lograremos juntas.

La reina asintió, conmovida, sosteniendo la caja de medicamentos como si fuera un tesoro.

Ya entrada la tarde, ambas regresaron a la residencia. Había poco tiempo antes de la reunión organizada por el amigo londinense de la reina, por lo que debían prepararse.

—Eleonor —dijo la reina con una expresión demasiado solemne para ser casual—. Quiero que tú y el duque Rowan vayan adelante. Yo llegaré un poco más tarde.

Eleonor la miró con suspicacia inmediata.

—Majestad… ¿qué está tramando?

La reina desvió la mirada, teatralmente inocente.

—Nada en absoluto. Es un simple compromiso social. Tú representas a Wynthorne, y él… bueno, es tu posible futuro vínculo político. Deben presentarse juntos.

Eleonor suspiró. Sabía que la reina era capaz de muchas cosas, pero también sabía que discutir no serviría de nada. Así que aceptó.

Minutos después, ya con un vestido de seda azul oscuro, tomó el brazo del duque Rowan y subieron al coche destinado a llevarlos a la reunión.

La residencia era un palacio urbano, dotado de salones amplios y decoraciones exquisitas. Apenas cruzaron la entrada, los heraldos anunciaron:

—¡La duquesa Eleonor de Wynthorne y el duque Rowan de Alverford!

Las conversaciones se apagaron. Cientos de ojos se volvieron hacia ellos. Eleonor sostuvo la cabeza erguida, consciente de que debía representar dignidad. Rowan, a su lado, proyectaba serenidad aristocrática.

Caminó con seguridad hasta el anfitrión, quien la saludó con cortesía.

—Bienvenida, mi lady. Es un honor tenerla aquí esta noche.

Eleonor correspondió con una inclinación suave.

El duque Rowan estrechó la mano del anfitrión con amabilidad…

Y entonces Eleonor lo vio.

Una figura conocida.

Alta.

De porte inconfundible.

Frederick.

Estaba al otro lado de la sala, elegantemente vestido, con el cabello perfectamente ordenado y una expresión serena… o al menos, eso parecía hasta que sus ojos se posaron en Eleonor.

Y junto a él, aferrada a su brazo como si temiera perderlo, una joven hermosa, de cabello oscuro y mirada tímida.

Eleonor sintió cómo el corazón se le detenía un instante.

Frederick parpadeó, tensándose visiblemente.

La joven a su lado hablaba algo en su oído, pero él no escuchaba, su mirada estaba fija únicamente en Eleonor y en el hombre cuyo brazo ella sostenía.

El salón, de pronto, pareció demasiado silencioso, demasiado pequeño, demasiado lleno de verdades y así comenzó la noche que la reina había planeado con precisión milimétrica.

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inuyasha/ Tomoe🦊
me jode tanto lo q ella hace, elije eso y no lucha no va entra de nada, simplemente deja q todos decidan pro ella es molesto. ni siquiera lucha por su felicidad
Ada Rodriguez
me gusta
Laura Aguado
Está muy interesante ❤️❤️❤️
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