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La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

La NOCHE QUE NUNCA TERMINA

Status: Terminada
Genre:Mitos y leyendas / Maldición / Brujas / Completas
Popularitas:553
Nilai: 5
nombre de autor: karolina oquendo

COMPLETA

Mudarse parecía la única salida.
Para Andrés, Lili y su hijo Santiago, dejar la ciudad no fue una decisión… fue una necesidad. Una casa barata en un pueblo olvidado les ofrecía algo que ya no tenían: tranquilidad.
Y al principio, eso fue exactamente lo que encontraron.
Silencio. Calma. Espacio para empezar de nuevo.
Pero hay silencios que no son normales.
Y hay lugares donde la oscuridad no solo oculta… sino que observa.
Cuando cae la noche, la casa cambia.
Los rincones se vuelven más profundos. Los pasillos más largos. Y lo que no se ve… comienza a sentirse.
No hay monstruos.
No hay presencias.
Solo algo mucho más peligroso:
La mente.
Porque en la oscuridad, cada pensamiento toma forma…
y lo que imaginas… puede volverse real.

NovelToon tiene autorización de karolina oquendo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19 – Lo que queda por dentro

Había pasado un mes y medio desde que llegaron al pueblo, aunque el tiempo ya no se sentía como algo confiable. Los días transcurrían, pero no dejaban sensación de avance, solo desgaste, como si cada jornada fuera una repetición con pequeñas diferencias que lentamente los consumían. Según lo que ahora entendían, quedaba un mes. Un mes para algo que ninguno podía nombrar del todo, pero que todos sentían acercarse.

En la casa de los Oquendo, el ambiente era distinto desde la noche anterior. El intento de escapar, el garaje vacío, la certeza de que no había salida, había cambiado algo dentro de ellos. Ya no era solo miedo, ahora era una presión constante que se mezclaba con pensamientos que no podían controlar. Esa mañana, Andrés fue el primero en romper el silencio, no con un grito como Santiago, sino con algo más pesado, más difícil de decir.

—Yo también vi algo… —murmuró, sin mirar a nadie.

Lili levantó la vista lentamente.

Santiago lo miró de inmediato.

Andrés dudó, pero esta vez no se detuvo.

—No era un sueño normal… —continuó—. Era como… si estuviera en otro lugar, pero sabía que no lo estaba… estaba aquí… pero no del todo.

Respiró hondo.

—Había un tablero… con personas… como piezas… y algo las movía… algo que no podía ver… pero sabía que estaba ahí.

Santiago bajó la mirada.

Encajaba.

Demasiado.

—Decía cosas… —añadió Andrés—. Decía que otras familias eran más fáciles… que nosotros… no.

El silencio volvió, pero esta vez no fue de negación.

Fue de comprensión.

—Dijo que nuestras almas eran mejores… —continuó, con la voz más baja—. Pero que también se podían romper… si el miedo no era… preciso.

Lili sintió un escalofrío.

Porque eso explicaba algo.

Algo que ella no había querido decir.

—Yo… también he tenido sueños —dijo finalmente.

Los dos la miraron.

Lili dudó.

Pero habló.

—Siempre es el mismo… o casi el mismo…

Tragó saliva.

—Veo… algo… no sé qué es… pero está triturando… —su voz tembló apenas—. Como una máquina… como una licuadora… pero más grande… más… viva.

Santiago frunció el ceño.

Andrés no dijo nada.

—Y ahí están ustedes… —continuó—. Tú… y Santiago…

Su respiración se volvió más pesada.

—Los… los destruye… los mezcla… y yo… solo miro…

El silencio se volvió insoportable.

—Y entonces… escucho una voz… —añadió—. Dice… “están ricos… tu esposo y tu hijo… solo faltas tú”.

Santiago levantó la mirada de golpe.

—¿Qué…?

Pero Lili negó con la cabeza.

—Y lo peor… —susurró— es que a veces… siento que respondo… que digo… “con ellos es suficiente”…

Se quedó en silencio.

—Pero no sé si soy yo… o si algo me hace decirlo…

Esa fue la parte que más pesó.

Porque no era solo el miedo.

Era la duda.

—Eso no eres tú —dijo Andrés de inmediato.

Pero no sonó seguro.

Porque en ese lugar…

nadie estaba completamente seguro de sí mismo.

En la casa de los Herrera, la situación era distinta.

No hablaban de lo que pasó.

No podían.

Los padres sabían la verdad, la habían visto, habían visto a su hijo desaparecer frente a ellos sin poder hacer nada, pero sus mentes no lo aceptaban del todo. Había una especie de negación constante, una necesidad de creer que todo era una confusión, que nada había sido real, que en cualquier momento todo volvería a la normalidad.

Pero no era así.

Y la hija de ocho años lo sentía.

No sabía exactamente qué había pasado, pero sabía que algo no estaba bien. Su hermano ya no estaba, y nadie le daba una respuesta clara. Eso le dolía más que el miedo, porque en su mente infantil, la ausencia tenía una explicación simple.

—Se fue —pensaba.

Se fue sin decir nada.

Sin despedirse.

Y eso la llenaba de resentimiento.

Porque no entendía.

Porque nadie le decía la verdad.

Porque el silencio también lastimaba.

Ese mismo día, algo más ocurrió.

Una de las niñas… desapareció.

No fue en la noche.

No fue con ruido.

No fue con señales claras.

Simplemente… no volvió.

Había salido con curiosidad, con esa necesidad de entender el pueblo, de ver más allá de lo que les mostraban. Caminó un poco más lejos de lo habitual, lo suficiente para sentir que algo no encajaba, lo suficiente para sospechar, pero no lo suficiente para regresar.

Y entonces…

ya no estaba.

Cuando lo notaron, ya era tarde.

Pero incluso entonces…

nadie reaccionó como debería.

Porque el miedo ya había hecho su trabajo.

En la casa de los Moya, la percepción era completamente distinta.

Para ellos, lo que ocurría no tenía el mismo peso.

No del todo.

Especialmente para la niña de cinco años.

Ella no veía horror.

Veía… algo más cercano a un juego.

Las cosas que aparecían, las sensaciones extrañas, los cambios en su cuerpo, incluso el cansancio, todo lo interpretaba desde una lógica diferente, una que no entendía el peligro.

—Ya va a pasar —decía.

Como si fuera algo temporal.

Como si todo fuera parte de algo normal.

A veces sonreía.

Y eso…

era más inquietante que el miedo.

Porque no todos estaban sufriendo igual.

Algunos…

ni siquiera entendían lo que estaba pasando.

En la casa de los Oquendo, el silencio volvió después de que todo fue dicho.

Pero no era el mismo.

Ya no era negación.

Era conocimiento.

Sabían más.

Pero eso no los ayudaba.

Porque entender…

no cambiaba nada.

El tiempo seguía avanzando.

Y lo que fuera que estaba ocurriendo…

también.

Y cada día que pasaba…

sentían que quedaba menos.

Menos fuerza.

Menos opciones.

Menos de ellos mismos.

Y eso era lo más aterrador.

No lo que veían.

Sino lo que estaban perdiendo…

sin darse cuenta.

Poco a poco.

Hasta que ya no quedara nada.

1
Rimuro Oquendo
nueva obra es de suspenso ☺️
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