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Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Status: En proceso
Genre:Acción / Dominación / Amor-odio
Popularitas:29.6k
Nilai: 5
nombre de autor: EJ CB

​Elena Vargas vive para un solo propósito: destruir a la familia que le arrebató todo. Armada con un odio forjado en cenizas y protegida por la lealtad inquebrantable de sus dos "hermanas", Valeria y Maira, Elena se infiltra en el imperio de los Blackwood para desenterrar un misterio que lleva diez años sangrando.
​Sin embargo, en el centro de la red la espera Samael Blackwood, un hombre cuya dominación es ley y cuya presencia es un abismo. Entre ellos estalla un amor salvaje y prohibido; una guerra de voluntades donde la pasión se confunde con la venganza y cada caricia es un duelo a muerte.

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Capítulo 18: El Filo de la Desesperación

El aire en la gruta se volvió irrespirable. El gas somnífero flotaba en jirones, pero la corriente de aire de la cascada impedía que se concentrara lo suficiente para derribarlos. Elena Vargas sentía el corazón martilleando contra sus costillas; el dedo le temblaba sobre el detonador de nitrógeno líquido. Frente a ella, Silas Vane era la encarnación de la crueldad desalmada, con su arma apuntando al pecho de Samael.

—Suelta el detonador, Elena —rugió Silas, su voz amplificada por la máscara—. No tienes el valor de volar este lugar. No después de lo que te costó llegar aquí.

—Pruébame, Silas —respondió Elena. Sus pómulos altos estaban tensos y su mirada negra no vacilaba—. No me importa morir aquí si eso significa que Morgana Blackwood nunca pondrá sus garras sobre estas piedras.

Valeria, encadenada y sangrando, levantó la cabeza. Sus ojos se cruzaron con los de Elena por un segundo. No había reproche, solo una orden silenciosa: Haz lo que tengas que hacer.

De repente, Samael se movió con la velocidad de un depredador. No fue tras Silas, sino tras el mercenario que sujetaba las cadenas de Valeria. El estruendo de los disparos rompió la armonía de la cascada. Samael derribó al primer hombre de un golpe seco con la culata de su arma, mientras Elena se lanzaba al suelo, esquivando la ráfaga de Silas.

—¡Maira, saca a mi mamá de aquí! —gritó Elena, mientras se deslizaba por el suelo húmedo de la gruta.

......................

Silas arrojó su fusil cuando se quedó sin munición y sacó un machete táctico, el mismo que usaba para sus interrogatorios más sangrientos. Elena, desarmada de fuego, desvainó su daga de plata. El enfrentamiento era inevitable. El entrenamiento de Valeria contra la fuerza bruta de Silas.

Se encontraron en el centro de la gruta, rodeados por el resplandor verde esmeralda. Silas era más pesado y fuerte, pero Elena era puro nervio y agilidad. Él lanzó un tajo descendente que Elena esquivó por milímetros, sintiendo el aire del acero pasar junto a su mejilla. Ella respondió con una estocada rápida hacia el muslo de Silas, logrando cortar la tela de su traje táctico y sacando la primera gota de sangre.

—¡Te voy a romper los huesos antes de que mueras! —rugió Silas.

Mientras tanto, Samael luchaba por liberar a Valeria. Los mercenarios se reagrupaban. La gruta empezaba a vibrar; las cargas de nitrógeno que Maira había colocado por error (o por pánico) estaban goteando, congelando las paredes de roca y volviéndolas quebradizas.

Elena logró conectar un golpe con la empuñadura en la cicatriz de Silas, desorientándolo. Con un movimiento fluido, le pateó la rodilla y lo obligó a caer. Pero Silas, en un último esfuerzo, la agarró por el cuello, asfixiándola con su mano maciza de granito. Elena sentía que el mundo se oscurecía, hasta que clavó su daga con todas sus fuerzas en el hombro de su captor.

Silas soltó un grito y la soltó. Elena rodó hacia la oscuridad, justo cuando una parte del techo de la gruta se derrumbaba, separándolos temporalmente por un muro de escombros y hielo.

Samael logró arrastrar a Elena y a una Valeria semiconsciente hacia un hueco profundo detrás de una veta de cuarzo. Estaban atrapados. El nitrógeno goteaba del techo como lluvia helada, bajando la temperatura de la gruta a niveles peligrosos. El vapor era tan espeso que apenas podían verse las manos.

Maira y Beatriz habían logrado refugiarse en una cámara superior, pero el camino estaba bloqueado por el derrumbe de Silas. Elena temblaba violentamente, no solo por el frío, sino por el choque de adrenalina. Samael la atrajo hacia él, cubriéndola con su cuerpo masivo de 1.90 metros.

—Tenemos que mantener el calor, Elena. Si la temperatura baja más, no podremos movernos para salir de aquí —susurró Samael, su voz ronca vibrando contra el oído de ella.

El miedo a morir, mezclado con la ferocidad del combate reciente, desató una necesidad desesperada de sentir la vida. Samael le arrancó los restos de su traje táctico empapado. Elena, en un arrebato de pasión salvaje, le desgarró la camisa a él, buscando el calor abrasador de su piel.

Se entregaron ahí mismo, sobre el suelo de cuarzo gélido, rodeados por el resplandor esmeralda que parecía latir con ellos. Samael la poseyó con una urgencia que no era solo deseo, era un reclamo contra la muerte. La alzó por los muslos, sentándola sobre su regazo mientras él se apoyaba contra la roca vibrante. Elena envolvió sus piernas alrededor de su cintura, enterrando las manos en su cabello negro, jalándolo hacia ella con una fuerza que buscaba anclarse a la realidad.

Samael bajó su cabeza y comenzó a devorar sus pechos con una intensidad dominante, sus labios calientes contrastando con el aire congelado de la gruta. Elena soltó un gemido que resonó en la cavidad de piedra, un sonido de pura entrega y agonía placentera. Sus manos recorrieron los hombros anchos de Samael, sintiendo el sudor y el agua filtrada.

—No te detengas... —suplicó ella, besándolo con una lengua que sabía a hierro y deseo—. Si este es el final, quiero que sea así.

Samael la penetró de una sola embestida, profunda y rítmica, que pareció detener el tiempo. El ritmo era frenético, una lucha de dominación carnal donde cada estocada buscaba calentar sus sangres mezcladas. La sujetaba por la nuca con una mano, mientras con la otra le apretaba la cintura, fundiéndose en un abrazo que desafiaba el frío mortal del nitrógeno.

Elena se arqueó, sintiendo cómo el placer estallaba en su vientre y se extendía por sus extremidades como un incendio forestal. Los ojos de Samael, ese gris acero ahora convertido en azul tormenta, la miraban con una posesividad que la hacía sentir, por primera vez, que no estaba sola en su venganza. El clímax llegó como una ola de calor devastadora, un estallido que los dejó exhaustos y aferrados el uno al otro, mientras el techo de la gruta seguía crujiendo sobre sus cabezas.

Minutos después, la adrenalina los puso en pie. El calor generado por su encuentro les dio la fuerza necesaria para reaccionar. Samael ayudó a Elena a vestirse con lo que quedaba de sus ropas. Valeria, que había estado en un rincón recuperando fuerzas, los miró con una mezcla de respeto amargo y dolor.

—Si terminaron de despedirse del mundo, hay una grieta allá atrás —dijo Valeria, su voz era un hilo débil pero firme—. El agua de la cascada está entrando por ahí. Si sube el nivel, el nitrógeno se disolverá.

Elena se acercó a su amiga y le tomó la mano.

—Perdóname, Val.

—Cállate y ayúdame a caminar, Leni —respondió Valeria con una sonrisa triste—. Todavía tenemos que matar a Silas.

Lograron encontrar a Maira y Beatriz en la cámara superior. Maira lloraba, abrazada a Beatriz, quien de repente señaló hacia un conducto de ventilación natural por donde se filtraba la luz del sol naciente.

—El camino de los Vargas... —susurró Beatriz—. Antonio decía que siempre había una salida para los que no temen a la oscuridad.

Salieron a la superficie justo cuando la gruta colapsaba detrás de ellos con un estruendo que sacudió la montaña entera. El yacimiento de las esmeraldas estaba sellado de nuevo, sepultando a Silas y a sus mercenarios bajo toneladas de roca y nitrógeno congelado.

Elena respiró el aire puro de la mañana. Estaba herida, traicionada y exhausta, pero estaba viva. Tenía a su madre, tenía a sus amigas (aunque la lealtad estuviera fracturada) y tenía a Samael a su lado.

—Esto no ha terminado, ¿verdad? —preguntó Elena, mirando hacia el horizonte donde la mansión de los Blackwood aún se alzaba como una corona de espinas.

—Apenas estamos en la mitad del camino, Leni —respondió Samael, rodeándola con su brazo—. Mi madre creerá que estamos muertos. Y esa es nuestra mayor ventaja.

Elena miró sus manos, donde las cicatrices del pacto de sangre aún brillaban. El misterio de las esmeraldas había sido cobrado con sangre, pero la verdadera guerra contra Lady Morgana Blackwood acababa de subir de nivel.

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Alma Guentes
más capítulos autora está buenísimo 👏👏👏
Camila Nava
maraton maraton otra vez
♡ Dayana💕
me encantaron los capítulos 🤭 quiero más
♡ Tu y yo bebe 🫦
que forma de traer un recado 🤭 quiero que me den las noticias así 🤣
♡Maye
las capítulos🤭 si no es mucha molestia 🤭
♡ Lau
esta muy buena, espero pronta actualización 🤭
♡ ^Majo^
yo elijo por ti🤣 me quedo en los brazos de él y en lo que no son los brazos también 🤭
♡ ^Majo^
waoooo que entrega ☺️/Awkward/
♡ ^Majo^
/Awkward//Awkward//Awkward/ me sonroje
♡ Tasharen ^_^
quiero más 🤭
Ley Ruiz
MARATON MARATON MARATON
Camila Nava
maraton maraton maraton
Lola Dolores
maraton maraton 👏
Ivonne selva k
más capítulos 😭
Camila Nava
tremenda presentación 👏
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