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Horizonte De Hielo

Horizonte De Hielo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Salvatore Falcó

Susana Reyes es fuego puro. Una teniente de la Fuerza Aérea estadounidense de raíces mexicanas que ha pasado su vida desafiando las expectativas de quienes la creen demasiado pequeña para dominar los cielos. Cuando es enviada a una remota base militar en las profundidades de Rusia como parte de un programa de intercambio de élite, espera encontrar resistencia, pero no un muro de hielo impenetrable.
Ese muro tiene nombre: Mikhail Volkov.
Con 1.90 de estatura, una disciplina de acero y una mirada azul que parece congelar el aire a su paso, Mikhail es el capacitador encargado de convertir a Susana en una piloto experta de los imponentes cazas Su-35. Para él, ella es una distracción impulsiva; para ella, él es un gigante arrogante que necesita una lección de humildad.

NovelToon tiene autorización de Ariane Salvatore Falcó para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 19

El hangar de la Base Central era un hervidero de luces rojas y sirenas sordas. Tras el accidente de Viktor, la atmósfera se había vuelto irrespirable. La policía militar rusa y los agentes del FSB ya estaban acordonando la zona, buscando en las cajas negras del Su-35 una verdad que ni Mikhail ni Susana podían permitirse que saliera a la luz. El peritaje inicial no solo revelaría el error de Morozov, sino que las grabaciones de cabina expondrían la tensión personal y profesional que había fracturado la misión.

Mikhail arrastró a Susana hacia una de las oficinas de comunicaciones blindadas del ala norte. No hubo palabras, solo el sonido de sus botas contra el metal.

—Tenemos que hacer las llamadas. Ahora —dijo Mikhail, cerrando la puerta con tres cerrojos electrónicos—. Si esperamos a que el General termine su interrogatorio, estaremos en una celda en Siberia antes del amanecer.

El Pacto de las Sombras

Susana tomó el teléfono satelital de encriptación variable, el enlace directo con su contacto en Virginia. Mikhail hizo lo propio con una línea privada que pasaba por encima de la cadena de mando del Kremlin, llegando directamente a su protector en la inteligencia exterior.

—Aquí Águila Roja —dijo Susana, con la voz temblorosa pero firme—. La misión ha colapsado. Hay una baja confirmada. El activo Volkov y yo estamos comprometidos. Solicitamos extracción inmediata bajo el Protocolo de Contingencia "Niebla".

Al otro lado de la línea, Mikhail hablaba en un ruso rápido y autoritario.

—Sokol-1 reportando. El tablero se ha roto. Necesito el santuario. Ahora.

Hubo un silencio eterno mientras los procesadores de datos en dos continentes distintos evaluaban la situación. Susana y Mikhail se miraron, compartiendo un segundo de vulnerabilidad absoluta. Ya no eran enemigos, ni amantes fingidos, ni socios de conveniencia. Eran dos náufragos de una guerra que los había masticado y estaba a punto de escupirlos.

—Recibido —la voz del jefe de Susana sonó metálica—. Moscú y Washington han llegado a un acuerdo temporal para evitar un incidente internacional. No hay extracción a casa. Serán trasladados al Punto Zero. Coordenadas enviadas al piloto del transporte médico. No saldrán de allí hasta que las aguas se calmen. Oficialmente, ambos están desaparecidos en acción.

La Huida en el Sudario de la Noche

El escape fue un borrón de adrenalina. Un helicóptero de transporte médico, pintado con insignias neutrales, los esperaba en la pista secundaria, lejos de los focos principales. Larisa Sokolova observaba desde una ventana superior, con los ojos inyectados en odio, viendo cómo el hombre que obsesionaba su vida se desvanecía en la oscuridad junto a la mujer que ella despreciaba.

Volaron durante horas sobre el océano, cruzando fronteras invisibles hasta que el frío del Ártico fue reemplazado por la humedad salada de latitudes desconocidas. El sol empezaba a asomar cuando el piloto señaló una mancha verde y gris en medio del azul infinito.

—Isla San Judas —dijo el piloto por el intercomunicador—. Un antiguo puesto de observación meteorológica abandonado en los años setenta. Está fuera de todas las rutas comerciales. Tienen suministros para seis meses. Buena suerte.

El Santuario de Piedra

Cuando el helicóptero se alejó, dejando tras de sí un silencio ensordecedor, Susana y Mikhail se quedaron solos en la playa de arena volcánica negra. La isla era pequeña, una joya de roca escarpada cubierta de vegetación densa y palmeras azotadas por el viento. En el centro, una estructura de hormigón y madera, medio devorada por la selva, se alzaba como un monumento al aislamiento.

Mikhail cargó las dos bolsas de supervivencia y caminó hacia la cabaña. Susana lo siguió, sintiendo el peso del sol en su piel por primera vez en meses.

Al entrar, el lugar era básico hasta la médula: una cocina de propano, dos camas de campaña, una mesa de madera rústica, una radio de onda corta que solo recibía mensajes encriptados y estantes con comida enlatada y agua. No había lujo, no había pianos, no había sirvientes. Solo la cruda realidad de su existencia.

—Es una prisión —susurró Susana, dejando caer su mochila al suelo—. Una prisión con palmeras.

—Es un refugio, Susana —corrigió Mikhail, quitándose la chaqueta de vuelo y revelando la camiseta negra empapada en sudor—. Fuera de esta isla, somos hombres muertos. Aquí, al menos, somos dueños de nuestro silencio.

La Convivencia del Silencio

Los primeros días fueron los más difíciles. El profesionalismo que antes los separaba ahora era un obstáculo en un espacio tan reducido. Mikhail se encargó de asegurar el perímetro y de hacer funcionar el generador viejo, mientras Susana organizaba los suministros y trataba de no volverse loca con el eco de la muerte de Viktor en su cabeza.

La tensión romántica, que antes usaban como arma, se transformó en algo mucho más denso y real. Sin una misión que cumplir, sin un General al que engañar y sin una Larisa a la que usar, se vieron obligados a enfrentarse cara a cara.

Una noche, mientras el sonido del oleaje golpeaba las rocas, Susana encontró a Mikhail sentado en el porche, observando las estrellas. El cielo era tan claro que las constelaciones parecían lo suficientemente cerca como para tocarlas.

—¿Crees que alguna vez nos dejarán salir? —preguntó ella, sentándose a su lado, guardando la distancia.

Mikhail suspiró, un sonido que salió desde lo más profundo de sus pulmones.

—Nuestros jefes nos salvaron porque somos útiles vivos, pero somos peligrosos libres. Nos quedaremos aquí hasta que la verdad sobre Morozov sea enterrada bajo mil capas de burocracia. Podrían ser semanas... o años.

Susana lo miró de reojo. Mikhail parecía más joven bajo la luz de la luna, sin el peso del uniforme. El "Alfa" sádico y el instructor gélido habían dado paso a un hombre que simplemente intentaba sobrevivir a sus propios fantasmas.

—Mikhail... sobre lo que pasó en la base... sobre Viktor... —empezó ella.

Él la interrumpió, poniéndole una mano suavemente en el hombro. Esta vez, el contacto no era una orden ni una provocación. Era un ancla.

—Viktor es parte del pasado, Susana. Esta isla es el presente. Aquí no hay espías, ni pilotos, ni traidores. Solo estamos nosotros dos. Y si este va a ser nuestro mundo por un tiempo, tenemos que decidir qué versión de nosotros mismos vamos a dejar vivir aquí.

Susana bajó la mirada, sintiendo cómo las barreras que había construido alrededor de su corazón empezaban a agrietarse definitivamente. La venganza, el "ojo por ojo", la desconfianza... todo eso pertenecía al hielo de Rusia. Aquí, en el calor de la isla, la única verdad era que no podía seguir negando que Mikhail era la única persona en el mundo que entendía su oscuridad.

—Tengo miedo, Mikhail —confesó ella, su voz apenas un susurro que se perdía en el viento—. Miedo de que, si dejo de pelear contigo, no quede nada de mí.

Mikhail se inclinó hacia ella, envolviéndola en un abrazo que no tenía nada de táctico. Fue un abrazo de náufrago, de alguien que finalmente ha encontrado tierra firme tras una tormenta eterna.

—Si dejas de pelear, Susana, finalmente habrá espacio para que empieces a vivir.

Se quedaron así, entrelazados bajo el cielo infinito, mientras la radio de onda corta emitía un pitido constante y frío en la oscuridad de la cabaña, recordándoles que el mundo exterior seguía allí, esperando el momento de reclamarlos. Pero por ahora, en su isla preparada para lo básico, lo único que importaba era el latido compartido de dos corazones que habían dejado de fingir.

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Nairobis Cardozo Portillo
Buenísima historia 👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
😔😔😔😔
Luz Granados
por favor segunda parte, merecen quedar juntos👏
Luz Granados
muy buena, pero nos falta la segunda parte, después de sufrir tanto merecen quedar juntos.gracias...
𓏲 ๋࣭ ࣪Aɾყ S.F𑁍ɾιԃ ˖: es que me gustan los finales no felices y también los felices....este fue uno no muy feliz
total 1 replies
Rubiia sanz
venga yaaaa 😟😟😟😟 cómo no van a terminar juntos depues de todo joderr que mal 💔
Rubiia sanz: me ha gustado pero esperaba ver un poco de guerra más escenas de mikhail y susana volando en sus aviones joee es un sabor amargo 💔 pero dentro de lo que cabe está bien
total 2 replies
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥
corina
está historia me trae de los cabellos me encanta que la prota no se de esas gafas que se dejan joder de los demas
Nairobis Cardozo Portillo
🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Aracelis Durango
Buenísima 🔥🔥🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
😈😈🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏👏❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Se derrumbaron las barreras ❤️❤️❤️🔥🔥🔥
Nairobis Cardozo Portillo
🤭🤭🤭🤭
Nairobis Cardozo Portillo
Está buenísima 👏👏
Rubiia sanz
a mí me gustaria leer lo que piensa el al verla osea leer su opinión y narrado por el. Muy buena me encanta que ella sea piloto de cazas
Nairobis Cardozo Portillo
Susana estás jugando con fuego y te vas a quemar ese capitán es de armas tomar🔥
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Susana eres una guerrera
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