Alexa Hills desprecia a su jefe, el arrogante y poderoso Azkarion DArgent, casi tanto como a su asfixiante deuda. Sin embargo, cuando un oscuro incidente destruye su estabilidad, la renuncia parece su única salida... hasta que Azkarion le presenta una oferta imposible de rechazar.
A cambio de su libertad financiera, Alexa deberá firmar un contrato de matrimonio y entregarse al mundo de un hombre con obsesiones ocultas y una tentación secreta que roza lo prohibido. Atada por un papel y rodeada de lujos peligrosos, Alexa descubrirá que el mayor riesgo no es el contrato, sino sucumbir a los deseos irresistibles que su "esposo" despierta en ella.
NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 17
El amanecer se filtró por las pesadas cortinas de mi habitación con una crueldad metálica. No había dormido más de tres horas; el resto del tiempo lo pasé mirando el techo, tratando de asimilar que mi vida se había convertido en un tablero de ajedrez donde las piezas estaban manchadas de sangre real. Me levanté con el cuerpo entumecido, sintiendo todavía la presión de los dedos de Azkarion en mis muñecas y el eco de sus besos desesperados en el almacén. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de mi padre, envejecido diez años en una sola noche, y la mirada gélida de Azkarion mientras reducía a Julian Vane a la nada.
Me dirigí al baño y abrí el grifo del agua fría. Necesitaba que el impacto me devolviera a la realidad. Al mirarme al espejo, casi no me reconocí. Había una dureza nueva en mis ojos, una sombra que no estaba allí cuando empecé como su asistente. Me puse un vestido de seda color perla, de corte impecable pero austero, y me maquillé con precisión quirúrgica para ocultar la palidez de mi rostro. Hoy no era el día para parecer una víctima; hoy era el día en que la "Reina" de Azkarion debía presentarse ante el mundo para sellar la caída de los Miller.
Bajé al comedor principal. El ambiente en la mansión era de una calma tensa, como el ojo de un huracán. Azkarion ya estaba allí, sentado a la cabecera de la mesa, rodeado de carpetas y pantallas táctiles que mostraban gráficos de la bolsa en tiempo real. Llevaba una camisa negra con las mangas remangadas, dejando a la vista el vendaje que yo misma le había puesto anoche. Al verme entrar, dejó de hablar por su auricular y me siguió con la mirada.
—Te ves cansada, Alexa —dijo, y su voz, aunque tranquila, tenía esa vibración que siempre me ponía en alerta—. Pero te ves letal. Es una buena combinación para lo que nos espera hoy.
—Es el resultado de vivir en tu mundo, Azkarion —respondí, sentándome frente a él sin probar bocado—. He llamado al hospital. Mi padre está estable, pero los médicos dicen que ha sufrido un choque postraumático. ¿Cuándo podré verlo de verdad? Sin tus guardias vigilando cada respiración.
—Cuando Julian Vane esté formalmente procesado y no represente una amenaza. Hasta entonces, su seguridad depende de mi control —tomó un sorbo de café negro y se inclinó hacia delante—. Hoy firmaremos la fusión definitiva. Los Miller han entregado su rendición incondicional a cambio de que no presente cargos adicionales por el secuestro. Es un trato limpio.
—Nada en este trato es limpio —siseé—. Has usado el terror para conseguir una firma. Eres un genio de la extorsión, Azkarion.
Él sonrió, pero no fue una sonrisa agradable. Fue la mueca de un depredador que sabe que tiene la razón. Se levantó y caminó hacia mí, rodeando la mesa hasta quedar justo detrás de mi silla. Sentí su calor irradiando hacia mi espalda, una presencia física que me asfixiaba y me atraía al mismo tiempo. Sus manos se apoyaron en mis hombros, y sus dedos largos acariciaron la seda de mi vestido.
—En este nivel, Alexa, la moral es un lujo que solo los que no tienen nada que perder pueden permitirse. Yo protejo lo mío. Y tú eres mía.
Se inclinó y rozó mi oído con sus labios. Un escalofrío involuntario recorrió mi espina dorsal. Odiaba la traición de mis propios sentidos. A pesar de todo el resentimiento, el recuerdo de su cuerpo sobre el mío en el almacén, de esa vulnerabilidad salvaje que mostró cuando pensó que me perdía, seguía quemándome por dentro.
—Prepárate. El coche nos espera en diez minutos. Hoy le diremos al mercado quién manda realmente en esta ciudad.
El trayecto a la sede de DArgent fue un despliegue de poder. Cuatro vehículos de seguridad nos escoltaban, abriéndose paso entre el tráfico matutino de Manhattan. Azkarion no dejó de trabajar en todo el camino, pero mantenía una mano posesiva sobre mi muslo, apretando ligeramente cada vez que los periodistas intentaban acercarse al vehículo en los semáforos. Era un recordatorio constante de su dominio, una marca invisible que decía al mundo que yo era intocable bajo su ala.
Al llegar al edificio, la marea de flashes fue cegadora. Los reporteros gritaban preguntas sobre el estado de mi padre y la legitimidad de la boda. Azkarion me rodeó la cintura con el brazo, pegándome a su costado con una firmeza que no permitía dudas. Caminamos por el vestíbulo de mármol como si fuéramos la realeza regresando de una conquista.
Entramos en la sala de juntas del piso 60. Los abogados de los Miller estaban allí, con rostros cenicientos, junto a los representantes de NovelToon y los principales inversores de la fusión. La tensión se podía cortar con un cuchillo. Azkarion se sentó en el centro de la mesa larga, y yo me senté a su derecha, el lugar de honor que el contrato me dictaba.
—Empecemos —dijo Azkarion, y su voz resonó con una autoridad absoluta.
La reunión duró horas. Fue un desfile de documentos legales, cláusulas de confidencialidad y transferencias millonarias. Yo escuchaba, anotaba y firmaba donde se me indicaba, sintiéndome como una muñeca de porcelana en medio de una guerra de trincheras. De vez en cuando, sentía la mirada de Azkarion sobre mí, una mirada cargada de una mezcla extraña de orgullo y una necesidad oscura que me hacía removerme en el asiento.
En un receso, me retiré a la oficina privada adjunta para recuperar el aliento. El cristal del ventanal me ofrecía una vista de la ciudad que parecía de juguete desde esa altura. Me toqué el collar de zafiros que Azkarion me había obligado a ponerme esa mañana; pesaba como un grillete.
La puerta se abrió y Azkarion entró, cerrándola con llave. Su presencia pareció absorber todo el oxígeno de la habitación. No dijo nada al principio; solo caminó hacia mí y me acorraló contra el ventanal, sus manos apoyándose a ambos lados de mi cabeza sobre el cristal frío.
—Lo estás haciendo muy bien, Alexa —susurró, su mirada plateada recorriendo mi rostro con una intensidad que me cortaba la respiración—. Los inversores están fascinados contigo. Creen que eres el ancla que me mantiene humano.
—Es irónico, considerando que tú eres el que me está robando la humanidad a mí —respondí, aunque mi voz temblaba ligeramente. Su cercanía era peligrosa, cargada de esa electricidad que siempre terminaba en un incendio.
—No te estoy robando nada. Te estoy transformando. Te estoy preparando para el mundo que te rodea.
Sus dedos subieron a mi cuello, acariciando la piel sensible justo debajo del collar. Su tacto era suave, casi tierno, una contradicción con el hombre que acababa de destruir el imperio de una familia sin parpadear. Se inclinó y me besó el cuello, un beso lento y profundo que me hizo soltar un gemido ahogado.
—Azkarion, no... aquí no —protesté débilmente, aunque mis manos subieron a sus hombros, aferrándose a la tela de su camisa.
—¿Por qué no? —preguntó contra mi piel—. Este edificio es mío. Esta oficina es mía. Y tú eres mía. Quiero que lo sientas. Quiero que recuerdes quién te salvó anoche mientras todos esos buitres miraban hacia otro lado.
Me besó con una urgencia que me desarmó por completo. Fue un beso de propiedad, de hambre acumulada, una forma de sellar su triunfo comercial con un triunfo personal sobre mi voluntad. Sus manos bajaron por mi espalda, apretándome contra la dureza de su cuerpo, reclamando cada centímetro de mí en medio de la oficina de cristal. La sensualidad del momento era casi insoportable, una mezcla de adrenalina por la reunión y la pasión prohibida que nos consumía.
Por un momento, me olvidé de las acciones, de los Miller y de la venganza. Solo existía el sabor de su boca y la forma en que sus manos me hacían sentir que yo era el centro de su universo oscuro. Pero entonces, el teléfono en el escritorio de la oficina empezó a sonar, rompiendo el hechizo.
Azkarion se separó de mí con una lentitud tortuosa, sus ojos brillando con una promesa de lo que vendría después. Se arregló la corbata y contestó el teléfono con la misma voz gélida de siempre, como si no acabáramos de estar al borde del abismo.
—DArgent al habla. Sí. Que entren ahora.
Me miró y me hizo una seña para que me arreglara el cabello.
—Es el equipo de prensa de NovelToon. Quieren la foto oficial de la firma. Pon tu mejor sonrisa de futura esposa, Alexa. El mundo está mirando.
Regresamos a la sala de juntas. El acto final de la fusión se llevó a cabo ante las cámaras. Ver a Azkarion firmar los documentos con esa caligrafía elegante y decidida fue como ver a un juez dictar una sentencia definitiva. Los aplausos llenaron la sala, y los apretones de manos se sucedieron. Yo me mantuve a su lado, sonriendo mecánicamente, mientras sentía cómo el peso del contrato se duplicaba. Ya no era solo una deuda; era una alianza pública que me encadenaba a su nombre de una manera que ningún abogado podría deshacer.