NovelToon NovelToon
MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA UN CORAZÓN SESGADO

MANUAL DE INSTRUCCIONES PARA UN CORAZÓN SESGADO

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Amor eterno / Romance
Popularitas:127
Nilai: 5
nombre de autor: Roberto González Álvarez

"Soy psicóloga, sé exactamente por qué el amor es una ilusión neuroquímica… y aun así estoy a punto de perder una apuesta por culpa del publicista con la sonrisa más estadísticamente significativa del mundo."

NovelToon tiene autorización de Roberto González Álvarez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: El Manuscrito

En psicología del aprendizaje hay un concepto que explica por qué algunos seres vivos nunca dejan de sorprendernos: la Curva de Aprendizaje Acelerada. Es ese fenómeno por el cual un organismo, tras un período inicial de ensayo y error, empieza a adquirir nuevas habilidades a un ritmo exponencial. Como un niño que aprende a leer y de repente devora libros enteros. Como un músico que domina un instrumento y empieza a improvisar. Como un gato que ha aprendido a abrir la nevera, descifrar códigos numéricos y dejar notas escritas con un bolígrafo robado.

Y que ahora, aparentemente, había decidido conquistar el microondas.

—No puede ser —dije, paralizada en la puerta de la cocina—. Dime que no es lo que parece.

Andrés, a mi lado, se quedó en silencio durante cinco segundos. Luego, con una calma que rayaba en la negación psicológica, dijo:

—Depende de lo que te parezca.

—Me parece que Schrödinger está dentro del microondas.

—Entonces sí. Es lo que parece.

El microondas estaba abierto. La puerta, entreabierta como una invitación. Y en el interior, cómodamente instalado sobre el plato giratorio, con el tupper de salmón entre las patas delanteras, estaba Schrödinger. Nos miró con su desprecio habitual, parpadeó lentamente y emitió un maullido que no necesitaba traducción:

"¿Qué? Es cálido. Y el salmón también."

—¿Cómo ha abierto el microondas? —pregunté.

—El botón de apertura no requiere código —dijo Andrés, con el tono de quien analiza un fallo de seguridad—. Solo presión. Es un error de diseño.

—¿Un error de diseño? ¿Vas a culpar al fabricante del microondas de que nuestro gato sea un delincuente?

—No culpo al fabricante. Estoy impresionado por la capacidad de adaptación de Schrödinger. Es un caso de estudio.

—Es un caso de juzgado. Como siga así, vamos a tener que contratar un abogado especializado en crímenes gatunos.

Schrödinger, ajeno a nuestro debate jurídico, se relamió un bigote. El salmón había desaparecido. Otra vez. Como cada día desde que habíamos vuelto de Nueva York.

—Tenemos que hacer algo —dije—. Esto se nos ha ido de las manos.

—¿Algo como qué? ¿Poner un candado al microondas? También aprenderá a abrirlo.

—Entonces, ¿cuál es tu propuesta? ¿Rendirnos? ¿Dejar que Schrödinger conquiste la cocina electrodoméstico a electrodoméstico?

—Mi propuesta —dijo Andrés, rodeándome la cintura con los brazos— es aceptarlo. Schrödinger es más listo que nosotros. Siempre lo ha sido. Cuanto antes lo asumamos, más felices seremos.

—Eso es muy zen para un publicista.

—Lo he aprendido de un gato que abre neveras.

---

A pesar de los crímenes gastronómicos de Schrödinger, el libro conjunto avanzaba. "Simplemente nosotros", el título provisional que habíamos acordado después de tres discusiones y dos cafés triples en El Psicoanálisis, ya tenía forma. Seis capítulos escritos. Veinte mil palabras. Un prólogo de Clara titulado "Yo fui la primera en saberlo (y casi me cuesta la cordura)". Y un epílogo provisional que Andrés insistía en titular "Manual de instrucciones para convivir con un delincuente felino".

—La editorial quiere leer lo que llevamos —dije una tarde, mientras revisaba el manuscrito en el sofá. Schrödinger roncaba en su cojín, ajeno a su protagonismo literario.

—¿Ya? ¿Tan pronto?

—Dicen que hay expectación. Que los lectores preguntan en redes sociales cuándo sale.

—Eso es bueno.

—Es aterrador. ¿Y si no les gusta?

—Valeria. —Andrés se sentó a mi lado—. Llevamos dos años juntos. Hemos sobrevivido a un exnovio filósofo, a una gala de premios, a una entrevista en el Today Show y a un gato que abre neveras, microondas y quién sabe si próximamente la caja fuerte del Banco de España. ¿De verdad crees que un manuscrito puede con nosotros?

—El manuscrito no. Las críticas.

—Las críticas siempre llegan. Forman parte de esto. Pero también llegan los lectores que te dicen que tu libro les cambió la vida. Que tu historia les ayudó a entender la suya. Que gracias a ti se atrevieron a enamorarse.

—Eso lo has leído en los comentarios de Noveltoom.

—Lo he leído. Y lo he sentido. Porque yo fui uno de esos lectores. ¿Recuerdas?

Lo recordaba. MrBrightside_Ads. El nick que había cambiado mi vida. El lector anónimo que corregía mis besos anatómicamente imposibles y dejaba corazones rojos al final de cada capítulo. El espécimen con jersey de cachemir y pluma estilográfica que resultó ser el amor de mi vida.

—Lo recuerdo —dije.

—Entonces, ¿enviamos el manuscrito?

—Lo enviamos. Pero con una condición.

—Usted dirá.

—Que el capítulo siete lo revise Schrödinger. Porque al final, él es el verdadero protagonista de esta historia.

Schrödinger abrió un ojo. Nos miró. Cerró el ojo.

Y estoy segura de que, por un instante, sonrió.

---

El manuscrito se envió un jueves. La respuesta llegó un viernes, a las nueve de la mañana, cuando aún estábamos en pijama y Schrödinger inspeccionaba la nevera en busca de vulnerabilidades.

"Queridos Valeria y Andrés: Hemos leído 'Simplemente nosotros'. Nos ha encantado. Es auténtico, divertido, conmovedor. Exactamente lo que esperábamos. Pero tenemos una petición: ¿podríais incluir un capítulo extra? Algo así como 'Dónde están ahora'. Un vistazo al futuro. Vuestros lectores quieren saber qué vendrá después."

—¿Qué vendrá después? —repetí, leyendo el correo—. ¿Cómo vamos a saberlo nosotros?

—No lo sabemos —dijo Andrés—. Pero podemos imaginarlo.

—¿Imaginarlo?

—Somos escritores. Es lo que hacemos. Imaginar historias. Y luego vivirlas.

—Eso es muy profundo para un publicista.

—Lo he aprendido de una psicóloga que escribe novelas románticas. Y de un gato que abre microondas.

Miré a Schrödinger. Schrödinger me miró a mí. En sus ojos felinos no había respuestas fáciles. Solo la certeza de que, pasara lo que pasara, él seguiría abriendo neveras. Y nosotros seguiríamos contándolo.

—Escribamos ese capítulo —dije—. Pero con una condición.

—Usted dirá.

—Que sea un capítulo feliz. No perfecto. Pero feliz.

Andrés sonrió. Esa sonrisa. La suya. La que llevaba dos años iluminando mis días.

—Trato hecho.

---

Aquella noche, con el portátil abierto en el salón y Schrödinger roncando en su cojín (con el estómago lleno de salmón robado), Andrés y yo escribimos el último capítulo de "Simplemente nosotros".

Lo titulamos: "Dónde están ahora (y dónde estarán mañana)."

La primera línea decía:

"Ella sigue dejando la tapa de la mantequilla abierta. Él sigue perdiéndola. El gato sigue abriendo la nevera. Y nosotros seguimos eligiéndonos. Cada mañana. Cada café. Cada martes cualquiera. Porque el amor no es un final feliz. Es un borrador perpetuo. Y nosotros no hemos hecho más que empezar."

Cuando terminamos, Schrödinger se despertó. Caminó hacia el portátil. Apoyó una pata sobre el teclado. Y escribió, con la precisión de quien ha aprendido a comunicarse con sus humanos:

"uytrf"

No era una palabra. Pero estoy segura de que, en su idioma, significaba: "Aprobado. Ahora dadme salmón."

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play