El rey Adrien tiene cinco esposas por obligación, sin amor en su corazón. Todo cambia cuando conoce a Elara, la última esposa, quien no busca agradarle y despierta en él sentimientos desconocidos. Mientras el amor crece lentamente, los celos, las traiciones y la guerra amenazan con destruirlo todo. Adrien deberá decidir entre el poder… o el amor.
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Verdades peligrosas
El guardia cayó de rodillas, temblando. Sus ojos iban de Adrien a Elara, buscando una salida que ya no existía.
—Habla —ordenó el rey, con la espada aún en alto—. ¿Para quién trabajas?
El hombre tragó saliva.
—Yo… no tenía opción…
Adrien dio un paso más cerca.
—Todos tienen opción.
Elara observaba en silencio, analizando cada gesto, cada palabra. Algo no encajaba. El miedo del guardia era real… pero no parecía el de un traidor convencido.
—¿Quién más está involucrado? —preguntó ella, con voz firme.
El guardia dudó.
—Si hablo… me matarán.
Adrien no bajó la espada.
—Si no hablas, lo haré yo.
El hombre cerró los ojos, derrotado.
—No sé sus nombres… solo recibo órdenes.
—¿De quién? —insistió el rey.
—De… de alguien que trabaja con la reina Isolda.
Elara intercambió una mirada con Adrien.
—¿Ella sigue en contacto contigo? —preguntó.
—Sí… no está lejos.
El silencio se volvió pesado.
Adrien apretó la mandíbula.
—¿Cuál es el plan?
El guardia respiró hondo.
—Atacar el castillo desde dentro… abrir las puertas cuando caiga la noche.
Elara sintió un escalofrío.
—Entonces no tenemos mucho tiempo.
Adrien bajó lentamente la espada, pero su mirada seguía siendo peligrosa.
—Encerradlo —ordenó a los soldados que acababan de llegar—. Y que nadie entre ni salga sin mi autorización.
Los guardias se llevaron al traidor.
El pasillo quedó en silencio.
—Esto es más grande de lo que pensábamos —dijo Elara.
—Sí —respondió Adrien—. Y está mejor organizado.
Ella lo miró.
—Isolda no está sola.
—Nunca lo estuvo.
Adrien comenzó a caminar de regreso, pero Elara no lo siguió de inmediato.
—Hay algo más.
El rey se detuvo.
—¿Qué?
Elara frunció el ceño.
—Ese guardia… tenía miedo, pero no de ti.
Adrien la observó con atención.
—¿Entonces?
—De alguien más.
Un breve silencio.
—Eso significa que hay alguien por encima de Isolda.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Adrien sintió cómo la tensión aumentaba.
—Un líder.
—Exacto.
El rey pasó una mano por su rostro.
—Entonces no estamos enfrentando solo una traición… estamos en medio de una conspiración.
Elara asintió.
—Y el objetivo no soy yo.
Adrien la miró fijamente.
—Soy yo.
Ambos guardaron silencio.
La verdad era clara.
Peligrosa.
Real.
—Tenemos que prepararnos —dijo Elara.
—Lo haremos.
Pero antes de avanzar, Adrien dio un paso hacia ella.
—No te apartes de mí.
Elara sostuvo su mirada.
—No pensaba hacerlo.
Un leve instante de cercanía se formó entre ellos.
Más fuerte que antes.
Más inevitable.
Pero el tiempo no les dio tregua.
Un soldado llegó corriendo.
—¡Majestad! ¡Movimientos en la muralla norte!
Adrien reaccionó de inmediato.
—Vamos.
Elara no dudó en seguirlo.
Porque ahora ya no era solo una lucha por la verdad.
Era una batalla por sobrevivir.
Y esta vez…
El enemigo estaba listo.
Elara sintió cómo la tensión aumentaba con cada paso. Sabía que lo que venía sería decisivo. Adrien, a su lado, transmitía fuerza, pero también preocupación. Si fallaban, todo el reino caería. Y en medio del caos, ambos comenzaban a entender que ya no luchaban solo por deber… sino el uno por el otro.