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PROTECCION INESPERADA
El ambiente en Montenegro Group era tenso aquella tarde, aunque Valeria Duarte trataba de no mostrarlo.
Había pasado horas revisando documentos, ajustando cifras y preparando presentaciones para la reunión con los inversionistas, pero la sensación de estar bajo la mirada constante de Gael Montenegro no la dejaba relajarse.
Cada gesto suyo, cada comentario breve, hacía que su corazón se acelerara sin control.
Mientras organizaba las últimas carpetas en su escritorio, escuchó pasos firmes acercándose.
Gael apareció con su porte habitual, serio y concentrado, y dejó caer suavemente un archivo sobre su mesa.
—Valeria —dijo, con su voz grave y precisa—.
Necesito que revises este informe antes de la reunión.
Ella tomó el folder, sintiendo nuevamente la cercanía de su jefe.
Mientras se inclinaba para revisar una sección del documento, un pequeño accidente ocurrió: uno de los folders que sostenía cayó al suelo.
Antes de que Valeria pudiera reaccionar, Gael se inclinó rápidamente y tomó el folder en un solo movimiento, evitando que se rasgara.
—Gracias —murmuró ella, sorprendida.
Él la miró con seriedad, como evaluando su reacción.
—Debes tener cuidado —dijo—. Estos documentos son importantes.
No fue solo una corrección profesional; había un matiz de atención que Valeria no había percibido antes.
Era como si en ese gesto hubiera algo más que responsabilidad: un cuidado que iba más allá de lo laboral.
Mientras ella reorganizaba los papeles, Gael permaneció a su lado unos segundos más, observando cómo lo hacía.
El contacto accidental de antes parecía resonar aún en su mente; esta vez, sin embargo, había algo diferente: un pequeño indicio de protección, un gesto que la hizo sentirse segura de una manera inesperada.
—Valeria —dijo finalmente—.
No dejes que nadie interrumpa esto.
Necesito que te concentres.
Ella levantó la vista y lo vio directamente.
En su mirada había autoridad, pero también un interés sutil que la hizo ruborizarse ligeramente.
—Sí, señor —respondió, con voz firme, tratando de ocultar la mezcla de nerviosismo y emoción que sentía.
Durante los siguientes minutos, trabajaron juntos, revisando cada detalle de los documentos.
Cada vez que algo parecía no estar correcto, Gael se inclinaba para señalarlo, pero de una manera que ya no resultaba intimidante; había algo cálido, casi humano, detrás de su precisión calculadora.
Valeria no podía evitar pensar en lo extraño que era sentir tanto por alguien como él.
Alguien que había sido frío y distante, ahora mostraba pequeñas señales de preocupación por ella, aunque fueran sutiles.
Un roce accidental, un gesto protector, una mirada prolongada… cada cosa la hacía sentir más conectada con él, y también más vulnerable.
Finalmente, cuando todo estuvo en orden, Gael tomó la carpeta y asintió.
—Bien hecho —dijo, con un tono que parecía más cercano de lo habitual.
No añadió más, pero Valeria sintió que esas dos palabras llevaban un peso inesperado.
Mientras él se retiraba hacia su oficina, ella se quedó mirando la puerta unos segundos, consciente de que algo había cambiado.
No solo la forma en que él la veía, sino también la forma en que ella lo sentía: había una conexión creciente, silenciosa, que ninguno de los dos podía ignorar.
Valeria respiró hondo, intentando recuperar la compostura, pero en el fondo sabía que aquel pequeño gesto de protección había marcado un antes y un después.
Era el inicio de algo que prometía complicar la línea entre lo profesional y lo personal…
y ambos, sin saberlo, ya estaban atrapados en esa tensión que no podría detenerse.