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Crónicas De Los Cuatro Reinos: La Saga Arcana

Crónicas De Los Cuatro Reinos: La Saga Arcana

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:541
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo dividido por magia y poder, seis protagonistas luchan por el destino de los Cuatro Reinos. Entre traiciones, alianzas y secretos ancestrales, cada uno debe enfrentar su propio pasado para conquistar un reino al borde del caos. Una saga épica de magia, intriga y supervivencia donde solo los más fuertes definirán el futuro.

Crónica de los Cuatro Reinos: La Saga Arcana.
Libro 1: El Legado de Drakthar.
Libro 2: Fuego y Hielo en Frostvale.
Libro 3: Los Secretos de Ironspire.
Libro 4: El Juramento de Embercliff.
Libro 5: La Corona Rota.
Libro 6: Las Sombras del Trono.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 03

Maeve me llevó a su refugio, una cueva oculta por una cascada y enredaderas, un lugar acogedor que olía a hierbas y tierra. Allí, me curó mis heridas con ungüentos de olor extraño y me ofreció un caldo caliente que supo a gloria. Por primera vez en semanas, me sentí segura.

—Tu padre era un buen hombre —dijo Maeve una noche, mientras el fuego crepitaba en la cueva—. Pero estaba ciego. Ciego al veneno que crecía en su propia corte. Valerius siempre ambicionó el trono, y su miedo a tu magia era su excusa perfecta.

—¿Cómo lo sabes todo esto? —pregunté, mi voz apenas un susurro.

—El bosque lo sabe todo, niña. Las raíces de los árboles son nuestras venas, el viento son nuestros oídos. He observado Drakthar durante siglos. Y he esperado.

Esperado, ¿para qué?

—He esperado a alguien como tú —explicó Maeve, leyendo mi mente con facilidad—. Alguien con la fuerza de la sombra y el corazón que se niega a doblarse. Valerius no solo ha usurpado tu trono, Elowen. Ha empezado a desenterrar algo antiguo, algo que tu padre mantuvo oculto. Magia más oscura que cualquier cosa que tú conozcas.

Mis ojos se abrieron de par en par.

—¿Magia prohibida? ¿Pero cuál?

—Los Secretos de la Vieja Tierra —respondió Maeve, su voz grave—. Poderes que los primeros reyes de Drakthar usaron para dominar, no para proteger. Poderes que solo un linaje puede controlar... el tuyo. Pero tú no estás sola. Hay otros en el bosque. Proscritos, marginados, aquellos a quienes Drakthar ha rechazado. Ellos también buscan justicia.

En las semanas siguientes, Maeve se convirtió en mi mentora. Me enseñó los verdaderos secretos del Bosque Prohibido, no como un lugar de monstruos, sino como un ecosistema vivo, vibrante, lleno de magia. Me mostró cómo escuchar el murmullo de las raíces, cómo usar las hierbas para curar y para envenenar, cómo fundirme con las sombras hasta convertirme en una parte indistinguible de la noche. Mi magia de sombras, antes caótica, empezó a tomar forma bajo su guía. Aprendí a manipularla, no solo para la defensa, sino también para el sigilo, para la ilusión, e incluso para sanar.

Y me presentó a los otros. Un grupo heterogéneo de almas perdidas que habían encontrado refugio en las profundidades del bosque. Estaba Kael, un ex cazador de la guardia real, desterrado por negarse a seguir órdenes inhumanas de Valerius. Un hombre de pocas palabras, pero con una lealtad férrea y una habilidad formidable con el arco. Estaba Lyra (no mi prima Lysandra, sino una joven guerrera elfa del bosque, de cabello cobrizo y ojos verdes como las hojas nuevas), expulsada de su clan por su conexión con la magia prohibida de la tierra. Había también un par de gemelos, Zylos y Zyla, ladrones ágiles de las calles de Drakthar, cuyos dedos eran tan rápidos como sus lenguas y cuyos conocimientos del inframundo de la ciudad serían invaluables.

Al principio, desconfiaron de mí, la "princesa" que venía de los muros que los habían desterrado.

—¿Por qué deberíamos confiar en alguien de la realeza? —preguntó Kael una tarde, su voz áspera, sus ojos escrutándome—. Todos ustedes son iguales, solo les importa el poder.

—Porque yo ya no soy de la realeza —respondí, mi voz ahora con la dureza de la piedra pulida—. Soy una exiliada. He sentido el frío de la tierra bajo mi espalda, el hambre en mi vientre. Y sé lo que es la traición. Mi padre fue asesinado, y Valerius me despojó de todo. Compartimos un enemigo. ¿Acaso eso no es suficiente para la confianza?

Mis palabras parecieron calar. Lentamente, con recelo al principio, comenzaron a aceptarme. Me enseñaron sus habilidades: Kael me perfeccionó en el arco y el sigilo, Lyra me mostró cómo canalizar la energía de la tierra para conjuros más potentes, y los gemelos me instruyeron en el arte de la infiltración y el robo silencioso.

Mi cuerpo se endureció, mis manos se callaron. Las suaves telas del palacio fueron reemplazadas por cueros y pieles de animales, mis cabellos trenzados para que no estorbaran. La princesa había muerto. En su lugar, había nacido una guerrera de las sombras, forjada en la desesperación y alimentada por la sed de justicia.

Una noche, sentada alrededor de la hoguera con mis nuevos aliados, mirando las llamas danzar, Maeve se acercó a mí.

—Ya no eres la niña que llegó aquí con la mirada perdida —dijo, su voz suave—. El bosque te ha enseñado. Te ha endurecido.

—Y me ha dado algo que Drakthar nunca me dio —respondí, mirando a Kael, que afilaba su daga con una concentración silenciosa, y a Lyra, que tejía una cuerda con hojas resistentes—. Una familia.

Maeve sonrió, una expresión rara y profunda.

—La venganza es un camino largo y peligroso, Elowen. Pero con estos a tu lado, quizás tengas una oportunidad. El tiempo de la espera ha terminado. Valerius se ha afianzado demasiado. Es hora de que el verdadero legado de Drakthar reclame su trono.

Asentí, sintiendo el peso de la responsabilidad, pero también la fuerza de mis nuevos aliados. El fuego de la venganza ardía más brillante ahora, no solo alimentado por la rabia, sino también por la lealtad y la promesa de un futuro mejor para todos los desterrados.

El Bosque Prohibido había sido mi prisión, pero se había convertido en mi cuna. Las sombras que una vez me consumieron, ahora eran mi manto protector.

Era hora de regresar.

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