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PASSIONE

PASSIONE

Status: Terminada
Genre:Romance de oficina / Equilibrio De Poder / Dominación / Traiciones y engaños / Sustituto/a / Amor-odio / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 15

El aire en el despacho de Danilo parecía haberse agotado. La palabra "embarazada" parpadeaba en la pantalla de su teléfono encriptado como una sentencia. Se llevó una mano a la sien, sintiendo el pulso acelerado. Un hijo. Un hijo con la mujer que su esposa odiaba más en el mundo. Un hijo que, en el tablero de ajedrez de los Hawser, no era una bendición, sino un blanco móvil.

—Señor Hawser... ¿se encuentra bien? —la voz de su secretaria, Bianca, lo devolvió a la realidad.

Danilo cerró el puño sobre el teléfono y lo guardó en el bolsillo. Recuperó su máscara de frialdad en un segundo.

—Sí, Bianca. Dile al equipo de auditoría que preparen las salas de conferencias. No tengo nada que ocultar. Si mi esposa quiere revisar las cuentas, que lo haga. Pero que sepan que cada minuto que pierden en mis gastos personales es un minuto que el Proyecto G-4 se retrasa. Que quede claro en el acta.

Cuando la secretaria salió, Danilo se acercó al ventanal que daba a la Bahía de Guanabara. Sabía que el tiempo se le escapaba. Helenina no hacía auditorías por curiosidad; las hacía para asfixiar. Si descubría los pagos a Marcos "El Lobo", llegaría a Itacaré en cuestión de horas.

Necesitaba un cortafuegos. Y lo necesitaba ya.

Esa tarde, Helenina se presentó en la oficina de Danilo sin avisar. No vestía su ropa de trabajo habitual, sino un vestido de seda rojo sangre que gritaba poder. Se sentó en el borde del escritorio de su marido, moviendo una pieza de ajedrez de cristal que Danilo usaba como pisapapeles.

—He estado pensando, Danilo —dijo ella, con una voz suave que siempre precedía a un ataque—. Después de todo este lío de Estácio, nos vendría bien un heredero. Un Hawser que unifique nuestras fortunas de cara al consejo de administración.

Danilo sintió un escalofrío. Era como si ella pudiera leerle el pensamiento. ¿Sabía lo de Davina o era una de sus macabras coincidencias?

—Es un momento complicado para pensar en hijos, Helenina —respondió él, fingiendo desinterés mientras firmaba unos documentos—. Con la expansión en marcha y los problemas legales...

—Precisamente por eso —le interrumpió ella, clavando sus ojos oscuros en él—. Un embarazo en la familia suaviza nuestra imagen pública. Nos hace parecer "humanos". Piénsalo. Quizás sea el proyecto más importante que podamos iniciar juntos.

Helenina se bajó del escritorio y caminó hacia la puerta, pero antes de salir, se detuvo.

—Ah, por cierto. La auditoría ha encontrado un desfase en la partida de "Seguridad Externa" de la zona norte. Una cantidad considerable retirada en efectivo. ¿Algo que quieras comentarme antes de que profundicen?

—Seguridad privada para los ingenieros —mintió Danilo sin pestañear—. Tras el incendio, nadie quería ir a Estácio sin escolta. Tuve que pagar sobresueldos en negro para que no abandonaran la obra.

Helenina asintió, aunque su sonrisa no llegó a sus ojos.

—Entiendo. El miedo es caro, ¿verdad? Nos vemos en la cena.

---

Mientras tanto, a mil kilómetros de allí, en Itacaré, Davina intentaba reconstruir su vida bajo el nombre de "Clara". Trabajaba en una pequeña posada, limpiando habitaciones y ayudando en la cocina. El olor a mar y la humedad de la selva eran su único refugio.

Esa tarde, mientras tendía las sábanas blancas al sol, sintió un mareo. Se apoyó en un poste de madera y respiró hondo, acariciando su vientre todavía plano.

—Tranquilo, pequeño —susurró—. Aquí estamos a salvo. Ella no nos encontrará.

Pero Davina no estaba tranquila. Sentía una mirada constante sobre ella. No era una mirada agresiva, como la de los matones de Helenina, sino algo más sutil. Al final de la calle, vio a un hombre sentado en un café, leyendo un periódico. Era Marcos. Llevaba tres días allí, moviéndose como una sombra.

Davina entró en la posada y buscó a la dueña, una mujer mayor de piel curtida por el sol llamada Doña Zezé.

—Zezé... hay un hombre en el café de la esquina. Lleva días ahí. ¿Lo conoce?

Zezé miró por la ventana, entrecerrando los ojos.

—No es de por aquí, niña. Parece un turista de los que vienen a buscar lo que no se les ha perdido. ¿Tienes miedo de alguien?

Davina no respondió, pero sus manos temblaron. Esa noche, decidió que no podía quedarse mucho tiempo en la posada. Si ese hombre era un enviado de Danilo, estaba perdida. Y si era de Helenina, estaba muerta.

Lo que Davina no sabía era que, a pocos metros de su habitación, escondido en la maleza, otro hombre —este enviado por Tulio, el jefe de seguridad de Helenina— estaba instalando una micro-cámara en el tronco de una palmera apuntando directamente a su puerta.

La auditoría en Río era solo una distracción. Helenina ya tenía un pie en Itacaré…

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Dayma Sánchez Pérez
excelente
Alexx: Gracias ☺️
total 1 replies
Dayma Sánchez Pérez
👍
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