"Que la luna sea testigo de mi vida y de mi muerte. Que guarde mi nombre en su luz plateada hasta el final de los tiempos."
— Antiguo proverbio de Valdris
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Capítulo 18: Las Sombras se Mueven
El palacio de Brumhaven despertó antes del alba, envuelto en un bullicio de actividad que no se veía desde la boda del rey. Sirvientes iban y venían por los pasillos cargados con decoraciones, flores de invernadero traídas especialmente para la ocasión, y banderas azules y plateadas que ondearían en cada rincón. Los cocineros llevaban horas preparando banquetes, los músicos ensayaban en el gran salón, y los caballeros pulían sus armaduras para el gran desfile.
Era el día del nombramiento oficial de Eryndor como Príncipe Heredero de Valdris.
Lyra había sido despertada antes del amanecer por Nana Elle, que la metió en un baño caliente casi a la fuerza mientras un ejército de doncellas preparaba su vestimenta. El vestido era aún más elaborado que el de la bienvenida: terciopelo azul noche con bordados de hilos de plata y oro, mangas acampanadas que rozaban el suelo, y una cola moderada pero elegante. Su cabello blanco fue recogido en un elaborado peinado con trenzas y pequeños broches de zafiros, dejando algunos mechones sueltos que enmarcaban su rostro.
Cuando estuvo lista, se miró al espejo. La niña de diez años que veía reflejada parecía mucho mayor. Había algo en sus ojos color miel, en la forma en que sostenía la mirada, que delataba una madurez impropia de su edad.
"Estás hermosa", susurró Lunaria en su mente.
"Gracias. Ojalá pudieras estar conmigo en la fiesta."
"Estoy contigo siempre. Aunque no me vean, estoy."
Lyra sonrió y se dispuso a salir, pero antes de cruzar la puerta, dudó. Miró el reloj de arena sobre su escritorio. La ceremonia no comenzaría hasta el mediodía. Tenía unas horas.
"Podría..."
"¿Escaparte?", completó Lunaria con un dejo de diversión. "¿Para reunirte con Darian?"
"Exactamente. Adrián dijo que quería conocer mejor cómo funciona mi red. Y hoy... hoy necesito saber si hay novedades."
"Ve. Pero ten cuidado. No te manches el vestido."
Lyra rió en silencio y, con la agilidad que le daba su naturaleza de loba, se deslizó por el pasillo evitando a los sirvientes.
El Encuentro Secreto
Adrián la esperaba en el lugar acordado: un viejo torreón abandonado en el ala oeste del palacio, justo donde comenzaban los jardines. Cuando Lyra llegó, él ya estaba allí, apoyado contra la pared de piedra con los brazos cruzados y esa media sonrisa irónica que tanto le caracterizaba.
Vestía de negro, como siempre, pero con detalles plateados que indicaban que también estaba preparado para la fiesta. Su piel pálida apenas reflejaba la luz de la mañana, y sus ojos grises brillaron al verla.
—¿Escapándote el día del nombramiento de tu hermano? —preguntó—. Eso es muy poco princesil de tu parte.
—Tú también estás aquí —señaló Lyra—. Y eres el invitado de honor, prácticamente.
—Yo solo soy el primo lejano que viene de visita. Nadie me echará de menos hasta el desfile.
—Mentira. Isolda te busca para desayunar.
Adrián puso los ojos en blanco.
—Mi tía es increíblemente insistente cuando quiere.
—Es porque te quiere. Disfrútalo.
Antes de que pudieran seguir bromeando, una sombra cayó desde las alturas y aterrizó silenciosamente frente a ellos. Kael, el mensajero, con su sonrisa traviesa y su capacidad innata para aparecer de la nada.
—Princesa —dijo, inclinándose—. Darian los espera. Sigamos.
Los tres se adentraron en los pasadizos secretos que Lyra había aprendido a usar desde que tenía uso de razón. Adrián la seguía con curiosidad, observando cada detalle: las paredes de piedra cubiertas de polvo, las telarañas en los rincones, las pequeñas marcas que Kael había dejado para orientarse.
—¿Cuánto tiempo llevas construyendo esto? —preguntó en voz baja.
—Desde que tengo cinco años —respondió Lyra con naturalidad—. Bueno, desde que volví.
Adrián asintió, comprendiendo. Para él, que también había "vuelto", esas palabras tenían un significado que nadie más podía entender.
Llegaron a una puerta de madera carcomida. Kael llamó tres veces, pausa, dos veces más. La puerta se abrió y Darian apareció, alto y serio, con su mirada afilada escudriñando a Adrián un instante antes de asentir.
—Pasa, princesa. Y tú también, príncipe de Aurelia. Mira nos tiene preparado el informe.
La Sala de los Mapas
El lugar era una pequeña habitación circular, oculta en el corazón del ala abandonada. En el centro, una mesa de madera tosca sostenía un enorme mapa de Valdris y los reinos vecinos, cubierto de pequeñas banderas y marcas. Mira estaba allí, con sus papeles y registros, y otros dos jóvenes que Lyra conocía bien: Corbin y Renard, sus infiltrados en la Orden de Caballeros.
—Princesa —dijo Mira, levantándose—. Tenemos noticias. Importantes.
Lyra sintió un escalofrío. Las noticias importantes rara vez eran buenas.
—Habla.
Darian tomó la palabra.
—Nuestros informantes en la guardia real han detectado movimientos extraños. Reuniones nocturnas en tabernas de mala muerte, encuentros entre soldados que normalmente no se relacionan, y... —dudó un instante— y mensajes cifrados que nuestros descriptadores han logrado interceptar.
—¿De quién? —preguntó Lyra, aunque ya lo sospechaba.
Darian intercambió una mirada con Mira, que asintió.
—De Varen Crain.
El nombre cayó en la habitación como una piedra en un estanque. Adrián, a su lado, tensó la mandíbula.
—¿Qué sabemos exactamente? —preguntó Lyra, con la voz más firme de lo que se sentía.
Mira extendió varios pergaminos sobre la mesa.
—En los últimos meses, Crain ha sido ascendido dos veces. Ahora es comandante de la guardia del ala norte, un puesto que le da acceso a los movimientos de la familia real y a los horarios de los relevos. Ha estado reuniendo a su alrededor a un grupo de hombres descontentos: soldados con deudas de juego, oficiales pasados por alto en ascensos, gente que le debe favores o dinero.
—¿Cuántos? —preguntó Adrián.
—Difícil saberlo con certeza —respondió Corbin, dando un paso adelante—. Pero en la Orden hemos notado que algunos caballeros jóvenes han empezado a faltar a las reuniones obligatorias. Cuando preguntamos, dicen que están enfermos. Pero Renard los ha visto reunirse con Crain en las afueras de la ciudad.
Renard asintió, confirmando.
—Anoche mismo. Los seguí hasta una taberna llamada "El Jabalí Herido". Estuvieron reunidos más de tres horas. Cuando salieron, Crain repartió algo... bolsas pequeñas. Dinero, probablemente.
Lyra sintió que la sangre le hervía. Varen Crain. El hombre que había matado a su hermano. El hombre que había ordenado la flecha que la atravesó. El hombre que había destruido su familia en su vida pasada.
Y ahora, una vez más, empezaba a moverse.
—¿Saben qué planea? —preguntó, controlando la furia.
Darian negó con la cabeza.
—Todavía no. Es cuidadoso. Habla en acertijos, usa mensajeros que cambian constantemente. Pero hay algo más... algo que nos preocupa especialmente.
—Dímelo.
—Ha empezado a cortejar a ciertos nobles. Nombres que no deberían estar en su órbita. Lord Castellan, el tesorero real. Lady Marwen, que controla las rutas comerciales del sur. Y... —dudó— y ha sido visto en reuniones con emisarios de reinos vecinos. Reinos que no tienen buenas relaciones con Valdris.
El silencio se hizo pesado.
Adrián fue el primero en hablar.
—Quiere información. Quiere alianzas. Quiere saber cómo y cuándo golpear.
—Exactamente —confirmó Mira—. Y lo que es peor: está buscando algo. Alguien nos dijo que ha estado haciendo preguntas sobre la familia real. Sobre sus costumbres, sus horarios, sus debilidades.
Lyra cerró los ojos un momento. En su mente, las imágenes de su vida pasada se superponían con el presente. Varen Crain sonriendo mientras golpeaba a Eryndor. Varen Crain ordenando a los arqueros. Varen Crain limpiando su espada manchada de sangre.
"No otra vez", pensó. "No voy a permitirlo otra vez."
"Y no lo harás", respondió Lunaria con firmeza. "Ahora lo sabes. Ahora puedes adelantarte."
Lyra abrió los ojos y miró a su gente.
—Quiero vigilancia permanente. Darian, necesito que asignes a alguien para seguir cada movimiento de Crain. Dónde va, con quién habla, qué come, a qué hora duerme. Todo.
—Así se hará, princesa.
—Mira, revisa los registros financieros de los últimos meses. Quiero saber si Crain ha recibido pagos extraños, de dónde viene su dinero, quién lo financia.
—Lo tendrás en dos días.
—Corbin, Renard, ustedes sigan en la Orden. Ganen la confianza de los jóvenes caballeros, los que se reúnen con Crain. Necesito saber qué les promete, qué les ofrece.
—Lo haremos —respondieron al unísono.
—Y Kael —la princesa miró al mensajero—. Tú eres mis ojos y oídos en los lugares donde nadie más puede entrar. Las tabernas, los burdeles, los mercados. Escucha todo. Todo.
Kael asintió con una sonrisa.
—Nadie se fija en un chico que trepa muros, princesa. Traeré información.
Adrián observaba la escena con admiración. Diez años. Lyra tenía diez años y dirigía una red de espías con la eficacia de un general experimentado.
—¿Y yo? —preguntó cuando los demás se retiraron a sus tareas—. ¿Qué puedo hacer?
Lyra lo miró fijamente.
—Tú vas a llevarme a Aurelia. Y allí vamos a investigar qué conexiones tiene Crain con tu reino. Porque si está recibiendo apoyo de fuera, probablemente venga de algún noble con intereses en desestabilizar Valdris.
—Lo haré —prometió Adrián—. Y cuando encontremos algo...
—Cuando encontremos algo, estaremos listos. Esta vez no nos tomarán desprevenidos.
El Regreso a la Fiesta
Cuando Lyra y Adrián regresaron al palacio, el bullicio de los preparativos estaba en su punto álgido. Se separaron rápidamente para no levantar sospechas, cada uno hacia sus habitaciones a ultimar detalles.
Lyra apenas tuvo tiempo de repasar mentalmente todo lo que había escuchado mientras las doncellas terminaban de ajustar su vestido. Varen Crain. El nombre resonaba en su cabeza como un tambor de guerra.
"Tranquila", le susurró Lunaria. "Hoy es un día de celebración. No dejes que él te robe esto."
"Lo sé. Pero es difícil."
"Por eso eres fuerte. Porque sonríes aunque por dentro estés planeando. Porque bailas aunque por dentro estés luchando."
Lyra tomó aire y se miró al espejo. La imagen que devolvía era la de una princesa hermosa, con su cabello blanco brillando bajo la luz de las velas y sus ojos color miel llenos de determinación.
"Vamos", pensó. "A celebrar a mi hermano."
Salió de sus habitaciones y se dirigió al gran salón, donde la fiesta ya comenzaba.
El Nombramiento
La ceremonia fue imponente.
El gran salón estaba abarrotado de nobles, caballeros y dignatarios. Las antorchas proyectaban sombras danzantes sobre los tapices que narraban la historia de Valdris. Y en el centro, sobre una tarima elevada, el rey Alaric esperaba con la corona de roble y hierro en sus manos.
Eryndor avanzó por el pasillo central con paso firme. Su cabello gris plateado brillaba bajo la luz, y sus ojos azules miraban al frente con una determinación que hizo que Lyra sintiera orgullo. Vestía una armadura ceremonial sobre una túnica azul marino, y en su pecho lucía el emblema de los Valdris.
Cuando llegó ante su padre, se arrodilló.
Alaric colocó la corona sobre su cabeza, una versión más pequeña de la real, pero igualmente significativa.
—Eryndor Valdris —dijo con voz potente que resonó en todo el salón—, hoy te nombro oficialmente Príncipe Heredero de Valdris. Jura proteger este reino, servir a su pueblo y honrar a tu familia con cada acto de tu vida.
—Lo juro —respondió Eryndor, con voz firme.
—Levántate, hijo mío. Y ocupa el lugar que te corresponde.
Eryndor se levantó y se giró hacia la multitud. Los aplausos estallaron, mezclados con vítores y aclamaciones. Lyra aplaudía con lágrimas en los ojos, orgullosa de su hermano, feliz de que estuviera en casa, determinada a protegerlo de las sombras que se cernían sobre ellos.
Desde el otro lado de la sala, Adrián la miró y asintió. Un gesto de complicidad. De alianza. De promesa.
"Juntos", pensó Lyra. "Vamos a vencerlos. Esta vez, vamos a vencerlos."
Y la fiesta continuó, con música y bailes y risas, mientras en las sombras, los planes de Varen Crain comenzaban a tejerse.