Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 21
Al despertarme, lo primero que siento es dolor; todos los músculos me duelen, sobre todo los de las piernas, algo que no me sorprende después del ejercicio nocturno que tuvo lugar anoche. Lentamente, me giro y puedo ver el otro lado de la cama vacío; el causante de mi dolor no está aquí.
Lentamente me incorporo y empiezo a observar la habitación en busca de algo que pueda ponerme y es que me niego a andar desnuda.
El lugar es muy bonito, cálido, esa sería la palabra con la que lo describiría, en el lugar predomina en color madera, pero esta es una madera rojiza, que combina a la perfección con los colores del lugar, el café, el beige, incluso un poco de rosado son los colores que adornan la habitación, todos en tonos claros que resaltaban el color de la madera, a diferencia de mi casa, la cama de esta habitación no tenía un dosel, pero no lo necesitaba, los tallados de la madrea, como en enredaderas, era todo lo que necesitaba para lucir hermosa, la pared tenía un tapiz con un diseño muy tenue, que de no fijarse bien parecería que es monocromática, lámparas doradas colocadas en puntos estratégicos en la pared brindaban la iluminación por la noche, peor en el día, un gran ventanal se encargada de eso, el suelo era de una madrea más clara que la de los muebles y sobre este había un alfombra que ocupada buena parte del espacio, la cual tenía un diseño que hacía juego con el de los muebles, todos de la misma madera rojiza que la cama.
Era un lugar hermoso, de eso no había duda; nada tenía que ver con el lúgubre ambiente del resto de la casa; este lugar era cálido, se sentía como un hogar.
Como en mi otra habitación, aquí había dos puertas, también de madera rojiza; asumo que una es el baño y la otra el armario.
Algo insegura, ya que no se si mis piernas me sostengan, creo me sobrepase a pesar de que esta era la primera vez de este cuerpo, le levantó y voy hacia nuestras prendas tiradas, que ahora cubren parte de bella alfombra y tomo la camisa de mi marido, y me la pongo, tras hacerlo me dirijo al armario para buscar que ponerme, pero me sorprendo al ver que la abrirlo este está casi vacío, no hay casi prendas en él, solo algunos pocos trajes de Dragan y nada mío, y como estoy segura de que no me quedan cierro la puerta.
- Este, em, si alguien me escucha, necesito ropa y que alguien prepare el baño – le pido a la nada, y es que Dargan me explicó que son sus sombras las que sirven aquí, pero yo no sé cómo llamarlas.
No pasa mucho tiempo cuando la puerta se abre y quien entra por ella es Dargan.
- Me alegra verte, necesito ropa, y ducharme, también el té que estaba en mi equipaje – le pido, y es que en mi equipaje venía el té anticonceptivo que conseguí.
- Te lo traeré enseguida – me dice, mientras recorre mi cuerpo con la mirada, el cual solo está cubierto por una camisa, la cual, por flojera, no abotoné por completo.
- Alto allí mi semental, estoy adolorida, así que deberás esperar unos días – le digo, a lo que Dargan se pone totalmente colorado.
Decir que trajo lo que le pedí enseguida es quitarle mérito, y es que lo hizo casi al instante. Rápidamente, varias sombras entraron, una con vestido mío, otras con agua para el baño y el té listo para tomarse.
Lo primero que hice fue tomar el té, el cual sabe horrible, y al beberlo no pude evitar hacer una mueca de disgusto.
- ¿Sabe tan mal? – me pregunta Dargan al ver mi reacción.
- Sabe horrible, pero si es el pago que debo hacer por pasar las noches a tu lado, con gusto lo acepto; no pienso pasar los siguientes años en celibato, mucho menos ahora que sé lo bueno que eres en las artes amatorias – le contesto y nuevamente Dargan se pone colorado; es tan tierno.
- Si te hace sentir mejor, la medicina que debo tomar tampoco sabe bien – me dice evitando mi mirada todo el tiempo, seguro avergonzado por tener que hablar de esto.
Cuando hablamos de los métodos que usaríamos para evitar tener hijos por ahora, Dargan me contó que había una raíz que los hombres debían comer antes del acto, algo que Dargan hizo antes de la boda, y es que, según le dijeron, su efecto dura unas buenas horas, y yo, por si acaso su raíz no funciona, tomo este té, que evita el embarazo una vez se ha consumado el acto.
- No me hace sentir mejor, pero me hace sentir menos sola en esto – le respondo y entro al baño a asearme.
Al salir me siento como nueva, y a Dargan no lo veo por ninguna parte, así que asumo que salió de la habitación en cuanto entré al baño; solo hay un par de sombras, quienes son las que me ayudan a cambiarme, y una vez estoy lista, salgo del lugar en busca de Dargan; debo hablar con él.
- ¿Saben dónde puedo encontrar a Dargan? – le pregunto a una de las sombras. Ante mi pregunta, todas desaparecen, menos una, a la que le hable, y esta empieza a caminar por delante de mí, y yo, sin dudarlo, la sigo.
- Esta me lleva por la casa hasta un estudio, en donde Dargan está sentado detrás de su escritorio, leyendo unos papeles.
El estudio es una combinación del estilo que predomina en la casa y del estilo que hay en la habitación. El escritorio y la silla que Dargan está usando son de madera rojiza, con un estilo elegante y armonioso; lo demás es oscuro: las paredes, el librero, incluso el sofá que allí está, todo es de madera oscura y color negro o gris, de estilo tosco y exagerado; es realmente un contraste muy marcado.
- ¿Ya estas mejor? – me pregunta Dargan al verme.
- Si, mucho mejor, pero quería hablar contigo sobre algo – le digo mientras me siento en la silla frente a él.
- ¿Sobre qué?
- No viviremos aquí, ¿verdad? – le pregunto, esa pregunta apareció en mi cabeza cuando vi lo vacío que estaba el armario.
- No, viviremos en la mansión que está en el territorio del vizcondado; está algo alejada de la capital, pero con ayuda de mis sombras la distancia no será problema – me responde, y aunque sé que tal vez es algo pronto para preguntar, lo hago.
- ¿Por qué? – la pregunta es simple, pero a la vez no.
- Yo, bueno, cuando, simplemente nunca me he sentido cómodo aquí, este lugar no me trae buenos recuerdos – me responde Dargan.
- Perdón por preguntar – me disculpo mientras tomo su mano por encima del escritorio; yo sé parte de lo que pasó aquí, en esta casa, y debe de ser muy difícil para él estar en un lugar en el que sufrió tanto.
- No debes de disculparte, es natural sentir curiosidad, simplemente no estoy listo para responder a esa pregunta.
- Cuando lo estés, me gustaría escucharte, aun si cuando te sientas listo, seamos dos viejitos cuidando de nuestros nietos – le digo apretando su mano en señal de unión.
- Aun no tenemos hijos y tú ya hablas de nietos.
- Pero lo tendremos, de eso no hay duda, y ellos tendrán hijos, así que también es seguro que tendremos nietos, así que ¿por qué no hablar de ellos?
- Tienes razón.
Tras eso, ambos nos quedamos en silencio; no es incómodo, sino todo lo contrario, y es que está lleno de calma y serenidad; es de esos silencios que existen cuando dos personas se sienten cómodas la una con la otra.
- También quería hablarte de algo más – le digo mientras suelto su mano y, sin perder tiempo, le relato mi encuentro con el príncipe.