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La Fruta Prohibida Del Señor Easton

La Fruta Prohibida Del Señor Easton

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Posesivo
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Luke Easton lo perdió todo al volver a casa. La mujer que amaba, el futuro que imaginó... todo esfumado en una traición que lo dejó vacío.

En las calles ardientes de Los Ángeles, buscando un nuevo comienzo, el destino le ofrece una oportunidad inesperada: convertirse en guardaespaldas.

Pero, ¿será esta nueva vida la redención que busca, o el destino tiene otros planes para él? El juego apenas comienza...

Novela extensa...

NovelToon tiene autorización de A.B.G.L para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ophelia Montgomery...

...12...

Tal como dijeron sus compañeros Alex Dutton el jefe del departamento de seguridad de la mansión llegó temprano y con mucho trabajo.

El sol ya había conquistado la mayor parte del cielo cuando Alex Dutton cruzó la sala común con paso firme, su rostro marcado por la seriedad que caracterizaba su cargo. La cafeína aún ardía en las venas de Luke mientras observaba a sus nuevos compañeros prepararse para la jornada, algunos ajustando sus equipos, otros repasando los reportes de seguridad de la noche anterior.

—Easton —llamó Alex, su voz cortante como un cuchillo—. Ven conmigo. Tenemos mucho por cubrir hoy.

Luke se levantó de inmediato, siguiéndolo por pasillos que ahora comenzaba a conocer de memoria. El centro de operaciones funcionaba con la precisión de un reloj suizo: monitores mostraban cada rincón de la propiedad, desde los jardines hasta los pasillos interiores de la mansión; comunicadores emitían pitidos suaves; los guardias se movían con una eficiencia silenciosa.

—Primero, tus herramientas —dijo Alex, abriendo la puerta de un pequeño armario blindado—. Aquí tienes tu asignación.

Sacó dos armas con cuidado: una pistola compacta 9mm con cargador extendido, y una pistola de aire comprimido con balas de goma para situaciones de control de multitudes. Ambas estaban engarzadas en fundas de cuero negro, diseñadas para ser discretas bajo el traje.

—Las llevarás ocultas en las correas que te ajustaron ayer —explicó Alex, demostrando cómo posicionarlas para que no alteraran la línea del saco—. La autorización está en tu archivo. Solo usarás fuego real en caso de extrema emergencia y bajo mi orden directa. ¿Entendido?

—Sí, señor —respondió Luke, sujetando las armas con la destreza de quien conoce su peso y su peligro.

Luego, Alex lo condujo hasta el garaje subterráneo, donde varios vehículos blindados reposaban en filas ordenadas. Uno de ellos, un SUV negro de última generación, brillaba bajo las luces del techo.

—Este será tu vehículo asignado —anunció Alex, abriendo la puerta del copiloto—. Blindaje nivel 4, sistema de comunicación cifrada integrado, neumáticos run-flat, tanque de gasolina blindado. Tiene capacidad para cinco personas y espacio para equipo adicional en el baúl. Conocerás todas sus funciones en el entrenamiento de conducción defensiva que comenzará la semana que viene.

Luke recorrió el vehículo con la mirada, registrando cada detalle: los controles adicionales en el salpicadero, las cámaras de 360 grados, los sistemas de alerta de amenazas. Era una máquina diseñada para sobrevivir, y él entendió de inmediato la responsabilidad que implicaba manejarla.

—Tu horario será rotativo —continuó Alex mientras regresaban al centro de operaciones—. Tres días de servicio activo, uno de descanso. Durante tus turnos, estarás a disposición las veinticuatro horas, aunque tendrás períodos de descanso programados. Tu principal área de responsabilidad será la protección de la persona asignada, pero también deberás colaborar con el equipo en patrullajes de la propiedad cuando sea necesario.

Mientras Alex le entregaba la agenda digital con su horario, uno de los guardias que había conocido esa mañana —Rico, el de la cicatriz en la mejilla— se acercó con una sonrisa maliciosa.

—Oye, Easton —dijo, bajando la voz como si compartiera un secreto—. No sabes lo afortunado que eres, ¿sabes?

—¿Afortunado? —preguntó Luke, sin dejar de prestar atención a las instrucciones de Alex.

—Claro que sí. La señorita Ophelia… es el ser más dulce y amable que he visto en mi vida. Y su belleza… —hizo una pausa, como si las palabras no alcanzaran—. Es cautivadora, muchacho. Cautivadora de una forma que no puedes explicar.

Luke asintió, pero no dijo nada. Estaba allí para trabajar, no para dejarse llevar por comentarios sobre la belleza de alguien.

—Pero ojo —añadió Rico, su tono volviéndose más serio—. No eres el primero en ese puesto. Varios han pasado por ahí antes que tú. Algunos fueron despedidos, otros se fueron por voluntad propia. ¿Sabes qué tenían en común todos ellos?

Luke finalmente lo miró a los ojos.

—¿Qué?

—Se enamoraron de ella —dijo Rico, como si contara una leyenda antigua—. Cada uno de ellos. Alguno lo intentó ocultar, otros no pudo evitarlo. Pero al final, el sentimiento terminó por nublar su juicio profesional. Y en este trabajo, eso es un riesgo que no podemos correr.

Luke frunció el ceño ligeramente.

—No tengo intención de enamorarme de nadie —dijo con firmeza—. Vine aquí por estabilidad, por hacer bien mi trabajo. Nada más.

Rico sonrió, pero no pareció convencido.

—Eso dicen todos al principio, amigo. Todos.

En ese momento, Alex lo llamó con urgencia.

—Easton, ven. Es hora de que conozcas a quien estarás protegiendo.

Luke siguió a Alex por un pasillo que llevaba directamente a la mansión principal. Los pasillos eran más amplios aquí, decorados con obras de arte y muebles de lujo, pero la sensación de seguridad nunca desaparecía: cámaras discretas en cada esquina, sensores de movimiento ocultos en los empastes, guardias posicionados en puntos estratégicos.

Llegaron a las puertas de un salón grande, con ventanales que daban a los jardines traseros. Alex hizo una señal para que Luke se posicionara a su lado, luego abrió la puerta con cuidado.

Allí, en medio de la habitación, estaba ella.

Su belleza era de una delicadeza casi irreal, etérea, como si no perteneciera del todo a este mundo. Su piel era pálida, luminosa, con un brillo nacarado que capturaba la poca luz que la rodea y la transformaba en un resplandor suave, casi fantasmal. No era una palidez enfermiza, sino pura, como porcelana antigua cuidadosamente conservada.

Su rostro era fino, de líneas suaves y elegantes. La estructura de sus facciones era armoniosa, con pómulos apenas marcados que le dan un aire frágil, casi vulnerable. Sus labios, ligeramente entreabiertos, eran suaves, de un tono natural, como si siempre estuvieran a punto de susurrar algo que nunca llega a decirse. Había en su expresión una melancolía silenciosa, un abandono que no es debilidad, sino cansancio del alma.

Su cabello era, sin duda, uno de sus rasgos más hipnóticos: largo, extremadamente largo, cayendo como una cascada de seda plateada. Las hebras parecían moverse incluso en la quietud, como si el viento las acariciara con reverencia. Es un tono entre blanco y plata, con matices fríos que la hacen parecer casi lunar, como si la noche se reflejara en ella.

Su cuerpo era esbelto, de proporciones delicadas. No había exageración en sus curvas; todo en ella era sutil, insinuado. Sus hombros desnudos, apenas cubiertos por la tela caída de su vestido, transmitían una sensación de intimidad involuntaria. El vestido blanco que llevaba se adhería a su figura con suavidad, como una segunda piel, resaltando su silueta sin imponerse sobre ella. Es un blanco que contrastaba con la oscuridad del entorno, haciéndola destacar como un punto de luz en medio de la noche.

En ese instante, Luke comprendió perfectamente por qué todos los hombres anteriores habían caído. No era solo su belleza física, aunque fuera innegable. Era algo más profundo, una energía que emanaba de ella, una fragilidad que invocaba el instinto protector más primitivo. Pero Luke cerró los ojos por un instante, respiró profundamente, y recordó su propósito.

Profesionalismo. Estabilidad. Nada más.

—Señorita Ophelia —dijo Alex con voz suave—. Este es Luke Easton. Su nuevo guardaespaldas.

Ella levantó la mirada hacia él, y en sus ojos —de un color marron con un matiz de miel que parecía cambiar con la luz— Luke vio un universo de emociones ocultas. Un instante de conexión que duró apenas un segundo, pero que fue suficiente para hacerle entender que este trabajo sería más complicado de lo que jamás había imaginado.

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Elizabeth Sánchez Herrera
➕ más ➕ capítulos
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