Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 23
El choque fue brutal.
El acero resonó contra el acero y el aire se llenó de gritos ahogados y del chasquido en los choques de las espadas. Lin se movió entre los guerreros del Khan, derribando a los que se atrevían a levantar su espada contra ella. Los soldados de Khan caían y ella avanzaba hasta finalmente tener el campo libre hacia el Khan.
—¡Atención! —ordenó— ¡No se rindan, el enemigo no debe de salir de aquí, al menos no vivo!
El Khan la vio entonces.
No como un rumor, ni como un informe manchado de sangre en un pergamino, sino allí, frente a él: firme, implacable, una mujer hermosa vestida con armadura y usando su espada como si fuera parte de sí misma, con la mirada encendida por algo más que odio. Durante un instante solo uno, su avance se detuvo.
—Así que tú eres Lin… —dijo, con una voz profunda que parecía surgir de la propia montaña— La general que llevo a la victoria a su imperio.
Ella se abrió paso hasta quedar frente a él, separada apenas por un círculo de combatientes que evitaron acercarse a ambos.
—Y tú eres el Khan aquel que se ha atrevido a desafiarme. —replicó Lin, sin bajar la espada— Pero, ahora que te veo no eres tan imponente de cerca.
Una sonrisa ladeada cruzó el rostro del Khan. No se veía ofendido por las palabras de Lin, por el contrario, había algo más, había, interés.
El combate seguía alrededor de ellos, y Lin, fue la primera en dar el primer ataque contra el Khan, sus espadas se encontraron. El impacto fue tan violento que a Lin se le entumecieron los brazos. El Khan era fuerte, más de lo que había anticipado, y cada golpe suyo llevaba una precisión inquietante, como si conociera su estilo. Pero, eso no era suficiente para hacerla retroceder, por el contrario, ella atacaba con más emoción, como si esa batalla fuese algo que esperara, y es que finalmente, después de la guerra, encontraba un contrincante digno de enfrentar.
—Dicen que no temes a la muerte —continuó él mientras desviaba un ataque— y puedo ver que es verdad, ni siquiera los mejores guerreros tienen el valor que tú tienes. Pero, tu valentía no es suficiente, porque esta cueva será su tumba.
Lin frunció el ceño. Aquello no era una provocación común.
—Tu intento de provocación no funciona conmigo. — respondió Lin. — porque, el único que será enterrado en esta cueva, será tu débil cadáver.
El Khan retrocedió un paso, y contrario a Lin, él si se sintió ofendido, que una mujer mostrara tanta seguridad de ganar cuando se enfrentaba a él, era algo que hería su orgullo.
—Vaya que tienes un gran ego, pero eso se acabará aquí. —seguro el Khan.
Con un movimiento rápido, apartó a uno de sus propios hombres que intentaba intervenir.
—No quiero matarte, Lin.
El mundo pareció detenerse un segundo.
—Únete a mí —dijo él, sin alzar la voz— Cuando tome el trono, no serás una general encadenada a órdenes ajenas. Serás libre. Ninguna Emperatriz Madre, ningún emperador cobarde negándose a darte tu libertad, tú y tu hijo serán libres como siempre has querido.
Esta vez las palabras calaron más de lo que ella quiso admitir.
Libre.
La espada de Lin vaciló apenas un suspiro. Lo suficiente para que una pregunta incómoda se filtrara en su mente: ¿cómo sabe tanto de mí? Aquella voz, aquella forma de hablar del trono… no sonaba como la de un simple conquistador del norte.
—Hablas como si el trono ya te perteneciera —dijo ella con cautela— ¿Quién eres realmente, Khan?
Los ojos de él brillaron, divertidos, pero también alertas.
—Alguien que sabe reconocer a un espíritu indomable cuando lo ve.
No respondió.
Antes de que Lin pudiera insistir, un estruendo aún más poderoso sacudió la cueva. No venía del interior.
—¡Explosión externa! —gritó uno de sus capitanes.
Las paredes se sacudieron. El techo comenzó a derrumbarse y una lluvia de piedras cayó sobre ambos bandos. El polvo lo cubrió todo, volviendo el aire casi irrespirable. Un bloque de roca aplastó a varios combatientes y los gritos se mezclaron con el rugido de la montaña.
Lin miró alrededor. Sus hombres estaban en peligro.
—¡Retirada! —ordenó con fuerza— ¡Saquen a los heridos, ahora!
El Khan la observó mientras ella priorizaba a sus soldados, cubriéndolos con su propio cuerpo, abriéndose paso entre los escombros. Aquella decisión, aquella lealtad, selló algo en su expresión.
—Nos volveremos a ver, Lin —dijo, alzando la voz entre el caos— Y entonces escucharás mi oferta sin piedras cayendo sobre nosotros.
Ella se giró justo a tiempo para ver cómo una enorme losa se desplomaba entre ambos, separándolos.
—¡General! —gritó el capitán— ¡El túnel no aguantará!—
Sin más opción, Lin condujo a los suyos hacia la salida secundaria. Cuando finalmente lograron salir al aire helado, exhaustos y cubiertos de polvo, la mina colapsó por completo detrás de ellos.
Durante largos segundos, Lin creyó que el Khan había quedado sepultado.
Pero muy lejos de allí, entre pasajes ocultos que solo unos pocos conocían, una figura emergía el polvo y los escombros, respirando con calma, limpiando la sangre de su espada.
El Khan del Hielo estaba vivo.
Y sonreía.
Porque por primera vez en años, la guerra no solo le prometía un trono… sino una batalla digna contra alguien inesperado.
Qué Lin obtenga esa información del anciano y sepa a quién se enfrenta /Left Bah!/
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/
ya estoy intrigada