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CIEN DIAS DE AMOR FORZADO:LA ESPOSA DEL MANGNATE

CIEN DIAS DE AMOR FORZADO:LA ESPOSA DEL MANGNATE

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor prohibido / Romance
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

¿Puede un amor nacido del engaño sobrevivir a la verdad? ¿Podrá la esposa sustituta reclamar el corazón de un hombre que juró nunca volver a amar?

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capitulo 15

La estación de tren era un purgatorio de luces de neón y vapor. Me senté en un banco de madera astillada, apretando el bolso que Julian me había entregado contra mi pecho. El frío de la madrugada de la ciudad no era nada comparado con el vacío gélido que sentía en el estómago. Me llamo Zoe. No Elena, no "señora Volkov", ni siquiera "la impostora". Solo Zoe. Y Zoe lo había perdido todo en una sola noche.

Miré el billete de tren. Destino: un pueblo costero a cuatro horas de distancia donde nadie conocía mi rostro ni el apellido de mi padre. Era el plan de escape perfecto, la salida de emergencia de una vida que nunca fue mía. Pero mientras el altavoz anunciaba la salida de mi convoy, mi mente seguía atrapada en aquella mansión, en el olor a whisky y sándalo, y en la mirada herida de un hombre que prefería odiarme antes que admitir que me necesitaba.

—¿Zoe?

Levanté la vista bruscamente. Por un segundo, el corazón me dio un vuelco pensando que era él, que Dante había cruzado la ciudad bajo la lluvia para detenerme. Pero no. Era Julian. Estaba de pie frente a mí, con el abrigo empapado y una expresión que no lograba descifrar.

—¿Qué haces aquí, Julian? Pensé que te habías ido.

—No podía dejar que te fueras así —se sentó a mi lado, dejando un espacio prudencial—. He estado pensando en lo que pasó en el vestíbulo. Dante está fuera de sí, Zoe. Ha destrozado la biblioteca. No deja que nadie se acerque, ni siquiera Arthur.

—Es lo que él quería, ¿no? Que la estafadora se fuera —mi voz sonó más rota de lo que pretendía—. Vanessa ganó. Elena ganó. Yo solo soy el daño colateral de una guerra que empezó mucho antes de que yo naciera.

Julian suspiró y sacó un cigarrillo, pero no lo encendió. Lo hizo girar entre sus dedos nerviosos.

—Vanessa tiene los documentos originales de la fusión de 2022. Si los entrega a la fiscalía, Dante no solo perderá la empresa; irá a prisión por negligencia y ocultación de pruebas. Tu padre... tu padre le tendió una trampa legal que ni yo mismo vi venir.

—Lo sé. Lo vi en los archivos. Mi padre fue el cómplice de Vanessa —apreté los dientes para no llorar—. Dante tiene razón en odiarme. Llevo la sangre del hombre que lo destruyó.

—Pero tú no eres tu padre —Julian se giró hacia mí, y por primera vez vi una chispa de verdadera urgencia en sus ojos—. Dante no te odia a ti, Zoe. Se odia a sí mismo por haber bajado la guardia contigo. Y Vanessa sabe eso. Por eso trajo a Elena. Ella quiere confundirlo, quiere que él no sepa en qué realidad vivir para que firme la cesión de acciones mientras está vulnerable.

—¿Y qué quieres que haga yo? —exclamé, levantándome del banco. El sonido del tren acercándose hizo que el suelo vibrara—. Soy una mujer buscada por suplantación. Si vuelvo, me entregarán a la policía.

—No si volvemos con algo más fuerte que el chantaje de Vanessa —Julian se puso de pie también—. Hay una caja de seguridad en el Banco Nacional. Está a nombre de tu madre. Tu padre la usó para esconder los pagos que recibió de los Sterling en 2022. Si conseguimos esos registros, podemos demostrar que Vanessa sobornó a un alto cargo para manipular la fusión. No solo limpiaríamos a Dante, sino que enviaríamos a Vanessa y a tu padre a la tumba financiera.

Me quedé helada. Mi madre. Ella siempre fue el peón en el tablero de mi padre, pero nunca imaginé que él la hubiera usado como escudo legal.

—Necesitas la firma de mi madre. Y ella no está en condiciones de firmar nada.

—Necesito tu rostro, Zoe. Eres su hija, su tutora legal de facto. Y eres la viva imagen de la mujer que abrió esa cuenta. Si logramos entrar esta mañana, antes de que Vanessa mueva sus hilos...

El tren llegó a la plataforma con un chirrido metálico. Las puertas se abrieron, invitándome a la paz, al olvido, a una vida donde no tuviera que fingir ser otra persona. Pero también a una vida donde Dante Volkov se hundiría en el hielo para siempre, creyendo que la única mujer que lo amó realmente fue una mentira más.

Miré el tren. Miré a Julian.

—Si hacemos esto y sale mal, Dante no podrá protegerme. Me arrojará a los lobos para salvarse.

—Lo sé —admitió Julian con una crudeza que aprecié—. Pero si sale bien... podrías ser la primera persona en la vida de Dante Volkov que lo salva en lugar de hundirlo.

Cerré los ojos. Por un instante, recordé el calor de su cuerpo en la cama negra, la forma en que su respiración se acompasaba con la mía antes de que el mundo se rompiera. No lo hacía por el contrato. No lo hacía por el dinero. Lo hacía porque el "Glaciar" merecía ver el sol una vez más, aunque yo no estuviera allí para verlo con él.

—Vámonos —dije, dándole la espalda al tren—. Al banco.

El trayecto de regreso a la zona financiera fue un borrón de lluvia y semáforos en rojo. Julian conducía como un loco mientras hacía llamadas en manos libres, coordinando con contactos que yo no sabía que tenía. Mi mente, sin embargo, estaba en la mansión. Imaginaba a Elena paseándose por los pasillos, usando mis pinceles, durmiendo en mi cama, riéndose de lo fácil que había sido desplazarme. La náusea volvía a cada momento.

Llegamos al Banco Nacional justo cuando las puertas se abrían. Julian me guio hacia el área de cajas de seguridad privadas. Me sentía pequeña, ridícula con mi ropa mojada y mi cabello revuelto, pero cuando la empleada me pidió la identificación, Julian intervino con una autoridad que no admitía réplicas.

—La señorita de la Vega tiene una emergencia familiar. Necesitamos acceso inmediato a la cuenta de su madre, la señora de la Vega. Aquí están los poderes notariales —Julian deslizó una carpeta que debió de haber preparado durante la noche.

La empleada me miró. Me miró como se mira a alguien que ha estado en las portadas de los periódicos sociales. En su mirada leí el primer aviso del desastre: ella veía a Elena de la Vega.

—Por supuesto, señora Volkov. Pase por aquí.

Casi me corrijo, pero Julian me apretó el brazo. Entramos en la bóveda gélida. El silencio allí dentro era absoluto, un silencio de dinero y secretos enterrados. Cuando la caja fue depositada sobre la mesa, mis manos temblaban tanto que no podía introducir la llave.

—Hazlo tú —le pedí a Julian.

Él abrió la caja. Dentro no había joyas, ni oro. Solo una pila de documentos y una grabadora de voz antigua. Julian hojeó los papeles con una rapidez profesional, su rostro iluminándose con cada página.

—Es aquí, Zoe. Aquí están los recibos. Vanessa Sterling pagó directamente desde sus cuentas personales. No fue una transacción corporativa, fue soborno puro. Y aquí... —tomó la grabadora y pulsó el botón de reproducción.

La voz de mi padre llenó la pequeña sala de seguridad. Estaba discutiendo con Vanessa. Era una grabación de 2022.

*"—Dante nunca se enterará, Vanessa. Los Volkov confían en mí. Solo necesito que me asegures que mi parte estará en la cuenta de mi esposa para cuando el mercado caiga"*.

*"—No te preocupes, de la Vega. Dante estará tan ocupado llorando por su amada Vanessa que no notará que su imperio tiene fugas. Solo asegúrate de que esa estúpida de tu hija mayor se mantenga alejada del despacho"*.

Apagué la grabadora. Mis ojos ardían. Mi propia familia. Mi propio padre me había llamado "estúpida" mientras vendía al hombre con el que ahora estaba casada. La traición era el lenguaje materno de los de la Vega, y yo acababa de recibir una lección magistral.

—Tenemos suficiente —dijo Julian, guardándolo todo en su maletín—. Con esto, Vanessa no solo perderá el chantaje; irá a juicio. Pero Zoe... esto implica que tu padre también irá a la cárcel.

—Él ya me vendió hace mucho tiempo, Julian. Que pague lo que debe.

Salimos del banco con la sensación de llevar una bomba en el maletín. Pero al llegar al coche, Julian recibió un mensaje que lo dejó pálido.

—¿Qué pasa?

—Vanessa ha convocado a la prensa en la puerta de la mansión. Ahora mismo. Dice que tiene una declaración oficial de Dante sobre el divorcio y la "expulsión de la impostora". Dante no contesta al teléfono. Si ella habla antes de que lleguemos con esto... el daño a la imagen de la empresa será irreversible. La junta lo echará en menos de una hora.

—Arranca el coche —dije, mi voz volviéndose fría y decidida. La Zoe miedosa se había quedado en el banco de la estación. Ahora solo quedaba la mujer que iba a quemar el tablero de juego.

El viaje hacia la mansión fue una carrera contra el tiempo. Cuando llegamos, la entrada estaba bloqueada por cámaras, periodistas y luces de televisión. Era un circo mediático. Vanessa estaba en los escalones de la entrada, luciendo como una reina victoriosa, con Elena a su lado fingiendo un recato modesto detrás de un pañuelo.

1
Rozalia Dragos
Entretenido Muy bueno
ana vasquez
un tira y encoje entretenido, eso sí 🤭
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