Enzo era un libertino; Camila, tranquila y reservada. Eran completamente opuestos, como el fuego y el agua.
Después de casarse, cuando le preguntaban por qué se había casado con Camila, Enzo encendía un cigarrillo y respondía con un tono burlón y serio a la vez:
—Fue mi familia quien lo decidió. ¿Qué podía hacer yo?
Cinco años de matrimonio fueron cinco años de guerra fría. Al final, fue ella quien tomó la iniciativa de pedir el divorcio.
Pero justo cuando Camila estaba a punto de irse, fue Enzo quien no pudo dejarla marchar.
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Capítulo 19
— Cuando nos casamos en secreto, fue una decisión de los mayores de la familia Silva. Creían que exponer el matrimonio podría afectar la imagen de la familia... y su carrera. Yo estuve de acuerdo.
Ella respiró hondo.
— Hoy veo que fue la mejor elección. Al menos ahora, cuando nos separemos, no tendré que enfrentar un escándalo público.
Pedro frunció el ceño. Enzo ya estaba sentado, la mirada oscureciéndose con cada palabra.
— No habrá titulares, ni especulaciones. Será simple. Limpio.
Su tranquilidad era lo que más dolía.
— ¿Todavía existe alguna chance? — preguntó Pedro con cuidado.
Camila cerró los ojos por un instante. Pensó en las noches frías, en los silencios largos, en el agotamiento que no se resolvía con descanso.
— El amor es algo en movimiento — dijo por fin. — Tal vez un día hubo encanto. Pero ahora... ya no existe.
Enzo sintió el pecho apretarse.
— No quiero seguir fingiendo. No quiero insistir en algo que se acabó. Solo quiero alinear lo que siento con lo que hago.
Cada palabra parecía demasiado precisa. Demasiado madura. Como alguien que ya había cerrado el capítulo mucho antes de esa llamada.
Enzo se levantó de repente y tomó el teléfono de la mano de Pedro.
— Basta.
La voz salió baja, controlada, pero cargada de tensión.
— Enzo…
— Cuelga.
Pedro vaciló por medio segundo. Después, la llamada fue terminada.
El silencio quedó pesado en la sala.
Enzo permaneció mirando la pantalla apagada. “Ya no existe”. La frase resonaba como provocación.
Amor en movimiento. Qué conveniente.
La mente comenzó a distorsionar todo. Ella parecía demasiado decidida. Demasiado segura. Como si ya tuviera a alguien esperando del otro lado.
El nombre surgió solo: Ellio Melo.
El hombre que la entendía.
El estómago de Enzo ardió.
— Claro… — murmuró, amargo. — Ahora tiene sentido.
Pedro suspiró.
— Estás sacando conclusiones precipitadas.
— ¿Lo estoy? Ella quiere el divorcio con urgencia. Habla como quien ya superó todo. ¿De verdad crees que no hay otro hombre involucrado?
Pedro no respondió. No adiantaría discutir con orgullo herido.
Enzo tomó el abrigo.
— No hables más con ella sobre esto. Yo lo resuelvo.
La puerta se cerró con fuerza.
Pedro quedó solo en la sala, pasándose la mano por el rostro. Él lo sabía: aquello no era indiferencia. Era miedo. Pero demasiado miedo para admitir.
Los días pasaron.
Camila esperó una respuesta. Un e-mail. Un mensaje. Cualquier señal.
Nada.
El acuerdo de divorcio que había enviado por correo parecía haber desaparecido. Ninguna confirmación. Ninguna negativa. Solo silencio.
Después de más de una semana, imprimió otra copia. Leyó cada cláusula con calma, firmó nuevamente y se lo entregó a Leila.
— ¿Puedes llevárselo a Pedro?
Leila la observó por algunos segundos.
— ¿Estás segura?
— Lo estoy.
Sin vacilación.
En el hospital, el intervalo del almuerzo era siempre ruidoso. Internos reunidos, celulares en las manos, comentarios cruzando el pasillo.
— ¿Vieron esto?
— ¡Está en todos los portales!
Camila estaba pasando cuando escuchó el nombre.
Enzo Silva.
Ella se detuvo.
Una de las pasantes acercó el celular.
“Enzo Silva es fotografiado ebrio en un bar de Leblon”.
Abajo, otra línea llamaba aún más la atención:
“Laura regresa a toda prisa a Río para apoyarlo”.
Las fotos eran claras. Enzo apoyado en la pared, expresión cerrada. Laura al lado, gafas oscuras, mano apoyada en el brazo de él.
Leyenda: “Actriz interrumpe grabaciones y embarca de madrugada”.
El pasillo pareció distante.
Entonces era eso.
El silencio. La demora. La negativa a firmar.
No era amor.
No era arrepentimiento.
Era conveniencia.
Él necesitaba mantener el matrimonio en el papel. Necesitaba de la esposa discreta. De la imagen estable. Para proteger su propia carrera. Para proteger a Laura de acusaciones públicas.
Camila sintió la sangre abandonar el rostro.
Enzo no estaba reacio a soltar porque todavía la amaba.
Él estaba reacio a soltar porque no quería que Laura sufriera.
Porque necesitaba que la “esposa oficial” permaneciera intacta.
Como fachada.
Como escudo.
Como pieza estratégica.