Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 19
Le conté a Tatiana que andaba con angustias económicas y que necesitaba dinero con urgencia. Yo me había comprado un nuevo carro, pero me costó más allá de mi raleado presupuesto en la policía y ahora estaba con la soga al cuello, ahorcada en deudas. Quería que mi hermana me enviara un dinero para saldar las deudas que me dejó al adquirir el "Súper Sexy", un auto muy aerodinámico que era la sensación en Europa y que competía con los carros que producía mamá en su fábrica de vehículos. -¿Para qué te has comprado un carro si puedes ir a la tienda de mamá y llevarte diez de los autos que vende, absolutamente gratis?-, se molestó conmigo Tati.
Ocurre que ese es otro de mis gustitos je je je. Me encantan los autos. Ya tengo seis carros en mi cochera y el nuevo modelo "Súper Sexy" me chiflaba porque era potente y muy ligero. ¡¡¡Soy loca por la velocidad!!!
-No le digas nada a mamá, ya sabes que se molesta mucho cuando hago algo malo-, le pedí, mordiendo coqueta mi lengüita, poniendo la carita de niña tonta.
-Entra a los portales de las financieras de mamá, saca toda la plata que quieras, tú tienes carta blanca para disponer de los millones de dólares que cuenta mamá en sus bancos, ¿por qué tienes que pedirme dinero como si fueras una mendiga?-, me siguió martillando Tati.
-Tú no lo entiendes, Tatiana, se trata de principios, yo quiero valerme por mí misma-, seguí riéndome coqueta.
-Mamá acaba de lanzar una línea de carros último modelo que son mil veces mejor que el "Súper Sexy", ¿por qué le compras a la competencia?, anda a la tienda de mamá y llévate el mejor modelo que te guste gratis, sin pagar un centavo. Ahora está de moda el "Tigre de Bengala", infinitamente superior al "Súper Sexy". En toda Europa compran los carros de mamá, tú eres la única tonta que prefiere el "Súper Sexy"-, no dejaba Tati de regañarme.
-Me gusta el "Súper Sexy", es un carro muy lindo je je je-, no daba yo mi brazo a torcer.
-¡¡¡Me dan ganas de arrancharte todos tus pelos, Claudia!!!-, continuó renegando mi hermanita gemela.
-Es un préstamo, Tatiana, es solo hasta que me paguen mi quincena en la policía je je je-, le aclaré.
-Ay hermana, pagaste una fortuna por el "Súper Sexy", pasarán veinte años para que recuperes tu economía y puedas pagarme-, se resignó Tati.
Gané la batalla y Tatiana me envió mucho dinero a mi billetera electrónica, más de lo que costó el "Súper Sexy". El problema conmigo es que soy manilarga. Gasto, gasto y gasto. Tengo mi closet lleno de zapatos, de minifaldas, blusas, leggins, zapatos, botas, tangas, minivestidos, todos de marca. Eso no lo sabe mamá, tampoco, porque toda esa ropa yo la compro siempre a la competencia de ella, je je je.
-¿Cuándo aceptarás que tú eres la hija de Rachel Dumitrache, la mujer más poderosa y rica del mundo y que puedes gastar todo lo que quieras sin andar pidiendo prestado dinero ni viviendo como una mendiga?-, renegó por última vez, Tati.
-Eso ocurrirá cuando mamá acepte que yo vivo como a mí me gusta, je je je-, le aclaré riendo mi hermana.
*****
Fue entonces que descubrí que una cofradía satánica estaba tras mis pasos con el afán de capturarme. Benjamin Peralt, el sujeto que se hacía pasar por periodista, era en realidad un cazador de vampiros y quería atraparme.
Después que me enteré de la verdadera identidad de Peralt, encontré su dirección. En todos esos días no lo había vuelto ver al fulano ese, pese a que ocurrieron varios crímenes que acapararon la atención de la prensa. Cuando me disponía a dar declaraciones a los medios, lo buscaba afanosa entre los periodistas y reporteros, sin embargo, el tal Peralt no aparecía. Se había hecho humo.
Esther Garret tampoco lo había vuelto a ver a Peralt. -Creo que el Diario Noticias cerró, tuvo poca vida-, no estaba ella al tanto de que ese sujeto que me buscaba con afán.
Esa noche decidí buscarlo en la dirección que había conseguido de él, embozada en un traje oscuro, con mis leggins puestos, botas y polera, marchando por las cornisas, saltando entre los techos, volando por las paredes, escondida en las sombras, igual a una vampiro en busca de sangre. Bueno, eso era yo ¿no? je je je.
No me fue difícil encontrar la casa. Aquella era una vivienda de dos niveles, encofrada entre edificios grandes, sin cochera ni porche ni jardín. Aterricé en su terraza y alcé mi naricita para oler perros. No los había, tampoco contaba con alarmas. Me puse mis guantes quirúrgicos y forré mis botas con bolsas plásticas para no dejar huellas. Me deslicé como una serpiente por entre tablas, baldes, desechos y fierros retorcidos y encontré una pequeña rendija por donde me introduje haciendo eses, gracias a mi cuerpo de jebe, tan elástico y efectivo.
Mis ojos veían en la oscuridad y mi olfato lo percibía todo. Descubrí, entonces, que el tal Peralt dormía.
Pero había algo más que mi olfato descubrió. Olor a sangre, pero no era de humano sino de roedores. La pestilencia se me metía horriblemente en mis fosas nasales y me acuchillaba y abría herida en mis narices.
-¿Ratas?-, arrugué mi naricita y fui al desván sigilosamente. Era un cuarto muy oscuro, tanto que tuve que prender las luces y entonces quedé perpleja, atónita, boquiabierta, espantada e incrédula a la vez.
Aquel era un santuario satánico, con demonios pintados en las paredes con sangre de las ratas, dibujos obscenos de genitales masculinos y femeninos, insultos y blasfemias y recortes de revistas de vampiros colgados en los rincones, atravesados de puñales. En una mesa habían canastillas con muchos ajos cortados ya podridos y fétidos, y estacas de palos, afiladas, para hundirlos en el corazón de sus presas.
¡¡¡Peralt era, en efecto, un cazador de vampiros!!!