Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
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capitulo 19
Aurelian no perdió tiempo.
Mientras el príncipe insistía en invitar a Amara al palacio bajo pretextos diplomáticos, él movía piezas en silencio. Conocía ya los planes del rey, las ambiciones del heredero y las grietas del reino. Mateo, siempre atento bajo su disfraz de acompañante, le informaba de cada intento del príncipe por acercarse más de lo debido.
—La presiona —le dijo una noche—. Quiere que acepte algo pronto.
Y Aurelian entendió.
No era cortejo.
Era estrategia.
La oportunidad llegó más rápido de lo esperado.
El rey organizó una gran celebración. Nobles de todos los territorios fueron convocados. La invitación era formal… pero la intención, evidente.
Proponer una alianza matrimonial frente a todos.
Forzar una respuesta pública.
Hacer imposible una negativa sin consecuencias políticas.
Marcos, al escuchar el rumor horas antes del evento, casi perdió el control.
—Ese viejo maldito… —murmuró con la mano sobre la empuñadura de su espada—. Juro que si lo hace—
—No —lo detuvo Aurelian con voz helada—. Espera.
Pero incluso él estaba al límite.
La noche llegó.
El salón estaba lleno.
El rey tomó la palabra.
El príncipe, vestido con arrogancia y oro, sonreía satisfecho.
Y a su lado…
una mujer hermosa.
Demasiado hermosa.
Vestida con lujo evidente.
Su amante favorita.
El mensaje era claro: Amara sería la esposa oficial. La otra, la concubina.
Una humillación disfrazada de tradición.
Los duques Draconis se pusieron de pie de inmediato.
—Nos oponemos —declaró el padre de Aurelian con firmeza.
Los reyes de Legra avanzaron un paso, colocándose sutilmente delante de su hija.
Protección pura.
—Nuestra hija no será moneda política —dijo el rey cubieroto de pies a cabeza, la ira contenida bajo cada palabra.
El salón comenzó a murmurar.
El rey anfitrión sonrió con falsedad.
—No es una imposición. Es un honor.
Mentira.
Era una trampa.
Y quien se estaba muriendo por dentro…
era Aurelian.
Oculto entre las sombras del balcón superior.
Escuchándolo todo.
Viendo cómo el príncipe extendía la mano hacia ella.
Viendo cómo el rey intentaba acorralarla con palabras dulces y presión pública.
Algo dentro de él se rompió.
No iba a esperar más.
Las puertas del salón se abrieron con un golpe seco.
Las conversaciones murieron al instante.
Entró con uniforme militar negro, impecable, adornado con insignias plateadas. Elegante. Imponente. Letal.
Cada paso resonó en el mármol.
Los murmullos crecieron.
El príncipe frunció el ceño.
El rey palideció.
Aurelian no miró a nadie más.
Solo a ella.
Cruzó el salón sin pedir permiso.
Sin inclinar la cabeza.
Sin anunciarse.
Se detuvo frente a Amara.
Y sin decir una palabra—
La tomó en brazos.
El salón estalló en susurros.
—¿Qué significa esto? —exigió el rey.
Aurelian alzó la vista.
Sus ojos eran fuego contenido.
—Significa —dijo con voz clara y profunda— que ese compromiso no puede celebrarse.
Silencio absoluto.
—Porque la princesa ya está prometida.
El príncipe dio un paso al frente.
—¿Y quién sería el insensato?—
—Yo.
Las palabras cayeron como un desafío.
El murmullo se volvió un escándalo.
El rey rió con incredulidad.
—No existe anuncio oficial.
—Entonces hagámoslo oficial.
Aurelian bajó la mirada hacia Amara.
Con una mano firme pero delicada, alzó su velo.
Y el mundo se detuvo.
Su rostro quedó expuesto ante todos.
Hermosa.
Imponente.
Innegablemente real.
El impacto fue inmediato.
No solo por su belleza.
Sino por el acto.
Por la audacia.
Antes de que nadie pudiera reaccionar—
Aurelian la besó.
Frente a todos.
Sin permiso.
Sin miedo.
Sin arrepentimiento.
Un beso firme.
Declaración de guerra.
El salón quedó en shock.
El príncipe estaba lívido.
La amante retrocedió.
Los nobles murmuraban como un enjambre descontrolado.
Los reyes de Legra observaban en silencio… y no intervinieron.
Porque entendieron.
Eso no era solo pasión.
Era protección.
Era una reclamación pública.
Era un desafío directo al trono.
Cuando Aurelian se separó apenas, sin soltarla, habló lo suficientemente alto para que todos escucharan:
—Quien desee disputarla…
que venga por mí primero.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno