Gabriela y Gonzalo apenas llevan poco de casados, pero su matrimonio se verá amenizado cuando Gabriela decide la tontería de intercambiarse con su hermana gemela, quien no es precisamente buena y que, además, está en prisión. ¿Podrá su matrimonio sobrevivir? ¿Podrá Gonzalo darse cuenta de quién está frente a él?
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INTERMEDIO.
...GABRIELA:...
Los días pasaban más rápido de lo que esperaba.
Gonzalo tuvo que viajar de regreso, para tratar unos asuntos en la clínica; separarme de él me costó más de lo que pensé, pero tenía obligaciones que atender.
Mi padre también se ausentó; viajó con mi primo Dante por un caso en otra ciudad.
Lo ocurrido días atrás con Arlet seguía presente. Mis padres y ella ya habían hablado; estaban decepcionados, pero nunca la dejarían caer. Mi padre puso una abogada para llevar su caso.
La primera parte del juicio ya se había llevado a cabo y, aunque nada estaba asegurado, había una alta probabilidad de ganar.
Arlet, mi hermana, estaba desbordada entre las llamadas de las marcas y el estreno de la obra Apenas coincidíamos.
Pero no sólo eso, el video de la infidelidad con el esposo de mi prima se viralizo.
Eso le pego duro en su imagen y se encontraba trabajando con todo su equipo.
Así que, al final, quienes me ayudaban con todo eran mi madre y Zoe.
Ellas se llevaron increíblemente bien desde el principio. Zoe y Arlet no conectaron igual, no se llevaban mal ni bien, tenían distintos puntos de pensar y tampoco habían tenido tanto tiempo de convivir.
Aun así, había demasiadas cosas en las que pensar y, por momentos, sentía que todo me rebasaba.
Extrañaba a mi prometido.
Lo extrañaba más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Y deseaba que estuviera aquí conmigo.
Ese día nos reunimos con la planeadora de bodas para comenzar a definir la temática del evento. Intenté concentrarme, pero mi mente iba y venía entre pendientes, emociones y silencios.
—No creo que las flores vayan bien con la temática de la nebulosa —opinó Zoe.
Mi madre frunció el ceño, observando el muestrario que la planeadora había extendido sobre la mesa.
—¿Cómo que no? Las flores siempre van bien —respondió—. Le dan vida, calidez… no quiero algo frío o demasiado moderno.
—Pero es que justo eso —insistió Zoe—. Una nebulosa no es cálida, es elegante. Oscura. Etérea. Las flores la vuelven terrenal.
La planeadora intervino con cautela:
—Podrían usarse flores blancas, muy discretas, quizá solo en las mesas…
—No —dijo mi madre de inmediato—. Si van a ponerse flores, que se noten.
Zoe suspiró, cruzándose de brazos.
—Entonces ya no es una nebulosa, es un jardín de noche.
Sentí cómo la conversación empezaba a tensarse.
Ambas tenían razón y, al mismo tiempo, ninguna parecía dispuesta a ceder.
Me miraron a la expectativa de que decidiera. Al final, era mi boda y la decisión era mía.
Yo observé los bocetos sin saber de qué lado ponerme, con la sensación incómoda de que algo tan simple como unas flores estaba empezando a dividirlo todo.
Solo quería que el día de la boda llegara, terminara, y poder compartir mi vida con el hombre que amaba; pero ahí estaba, discutiendo por flores.
—Tal vez unas flores luminosas puedan crear el puente entre ambos conceptos.
Todas nos giramos.
Era mi primo Brandon.
—No hay flores luminosas —replicó Zoe.
—Obviamente serían artificiales —aclaró él—, Pero pueden ser artificiales, integradas a la luz. La nebulosa seguiría siendo el centro… y las flores solo acompañarían, no la dominarían.
Zoe negó con la cabeza.
—No es una nebulosa literal —dijo Brandon, apoyándose en el respaldo de la silla—. No se trata de llenar el salón de estrellas falsas.
Zoe lo miró con desconfianza.
—Entonces, ¿qué es?
—Una atmósfera —respondió él—. El techo como si fuera un cielo en movimiento, luces que no encandilen, sino que respiren. Tonos violetas, azules profundos… como si el espacio se abriera encima de ustedes.
La forma en que Brandon habló me hizo recordar mi primera cita con Gonzalo, cuando me llevó al Domo.
Mi madre frunció el ceño, pero no lo interrumpió.
—Y abajo —continuó Brandon—, nada rígido. Mesas claras, velas cálidas. Flores reales, sí, pero suaves, casi etéreas. Que no compitan con el cielo, que lo acompañen. Como si la tierra estuviera mirando hacia arriba.
Zoe bajó lentamente los brazos.
—¿Flores que no se roben la escena?
—Exacto —sonrió Brandon—. Que parezcan nacidas de la luz, no del suelo.
Mi madre miró los bocetos otra vez. Esta vez más despacio.
—Solo sáquenme de una duda… —dijo—. ¿Qué es una nebulosa?
En lo que yo le explicaba a mi madre que es una nebulosa y le enseñaba algunas fotos de internet para que entendiera el concepto.
Brandon comenzo aterrizar la idea con la planeadora y con Zoe hasta que esta última se me acerco.
— ¿De donde salió este hombre?
Me desconcerté.
— Es mi primo Brandon.
— ¿Y tiene novia?
La mire, ella no le quitaba la vista de encima.
— El es gay.
— No parece.— Zoe seguía con la vista fija en el. Se mordía el labio.— ¿Crees que yo pueda hacer que se interese en las mujeres?
— Estas loca, no lo creo.
— Aceptó el reto.
Se acercó a él y su coqueteo con el no tuvo vergüenza.
Solo negué con la cabeza.
Mis vista se desvió hacia mi hermana, que estaba apunto de irse.
Brandon estaba ahí por eso, había hablado con Arlet , ellos tenían una relacion más allá de la de solo dos primos, hermanos amigos y confidentes, almas gemelas tal vez y con lo que Arlet confesó en la fiesta de Vania, no habian hablado al parecerse las cosas entre ellos no se habían arreglado.
Le hice una seña para que se acercara, pero no lo hizo.
Vi el dolor en sus ojos. Pero no no podia hacer nada por ella.
Mire a Brandon.
El entendía bien lo que quería para la boda.
— Tu serás un miembro más para organizar mi boda. Entiendes lo que quiero y eres único capaz de que mi madre y Zoe estén deacuerdo.
— Con gusto. — se encogió de hombros.
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...ARLET:...
Maldita sea la hora en la que se me ocurrió abrir la boca.
Ver a mi prima tan campante y a mi hermana tan enamorada me recordó, con una crudeza insoportable, todo aquello que yo nunca podría tener.
Eso fue lo que me llenó de coraje.
Bebí hasta perder la noción de lo que hacía. Al menos tuve la lucidez suficiente para no decir nada sobre mis verdaderos sentimientos.
Eso sí lo supe ocultar.
Tuve que inventarle a mi familia que estaba enamorada del patético esposo de mi prima, que por eso había actuado como lo hice. Era una mentira conveniente. Una explicación que podían entender.
Y como si no fuera suficiente, el video que yo misma manipulé se hizo viral. Me costó contratos, campañas, papeles que estaba a punto de firmar. Todo por una estupidez.
Estaba furiosa conmigo misma. Por haber sido tan idiota.
Ahora, de todo lo que había perdido, lo que más me importaba era reconciliarme con Brandon.
Pero él se puso del lado de Cora.
Por primera vez, eligió a su hermana por encima de mí.
Me dijo que ella nunca me había querido. Que siempre fui yo quien decía que era Cora la frustrada conmigo, por llevar la vida que ella siempre soño … cuando la realidad era otra.
Y tenía razón. Yo siempre me había victimizado con Brandon, usando la actitud distante de Cora como excusa.
Pero había cosas que no podía decirle.
No a él.
Me conocía demasiado bien.
Ahora solo esperaba que pudiera perdonarme. Que creyera que mis disculpas eran sinceras.
Podía perder contratos, prestigio, oportunidades…
pero no a él.
Era mi primo.
Mi alma gemela.
La única persona que siempre me había elegido.
Y ahora yo misma lo había alejado.
Me pidió que me disculpara con su hermana.
Pero no podía.
No podía disculparme con esa estúpida que primero me robó a mi hermana y después quiso ser como yo. Que se quedó con los papeles que yo quería cuando íbamos juntas a la escuela de teatro.
Me tenía harta.
Así que no lo haría.
Tenía que existir otra manera de recuperar mi relación con Brandon.
Cuando salió del estudio donde hablábamos, se detuvo con mi hermana y con esa amiga suya.
Otra estúpida que se cree especial en la vida de Gabriela.
Yo soy su hermana.
Su gemela.
Compartimos el mismo útero, maldita sea.
Y como si fuera poca cosa, empezó a hablar con mi primo.
De por sí cree que tiene derecho sobre mi hermana.
Como si pudiera ocupar un lugar que no le corresponde.
Gabriela me llamó, pero sabía que Brandon no quería hablar conmigo en ese momento, así que me marché.
Estaba demasiado enojada para lidiar con eso.
Tenía que ser inteligente.
No podía caer en la desesperación.
Mi prima se atrevió a denunciarme por acoso a su esposo. Como si él alguna vez me hubiera hecho caso. Todo lo hice para molestarla. Nada más.
Pero ahora eso ya no importaba.
Tenía que arreglarlo todo antes de que mi carrera terminara por los suelos.
Confiaba en la abogada que mi padre me había asignado.
Esto no podía terminar así.
No conmigo perdiendo.