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Soy La Villana Que Salvará A Su Favorito.

Soy La Villana Que Salvará A Su Favorito.

Status: En proceso
Genre:CEO / Venganza de la protagonista / Reencarnación
Popularitas:7.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

SOY LA VILLANA QUE SALVARÁ A SU FAVORITO

Violeta Alber ha vivido tres vidas: mercenaria letal en la Metrólis Feudal, mariscala de élite en la era moderna y diseñadora de moda exitosa, pero la traición la ha acompañado siempre. Al morir por tercera vez, despierta en el cuerpo de Roxana Ruiz —la esposa por contrato del personaje que más admiró en una novela: Bruno Castellano, un CEO brillante pero paralizado y sumido en la depresión, condenado a morir para que los protagonistas oficiales vivan felices.

Conociendo el destino trágico que les espera a Bruno y su familia, Roxana decide cambiar el curso de la historia. Convertirá su imagen de mujer despreciada en la de una líder imponente, luchará contra la manipulación de Orquídea y Gael, salvará a los hermanos de Bruno y protegerá sus bienes —incluyendo tierras en París con minas de diamantes y oro que le garantizarán libertad.

NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

5 CENA FAMILIAR

La sirvienta obedeció sin vacilar, una tras otra, hasta que Lucía estaba mareada y su rostro estaba completamente rojo.

—¡Tráemela aquí! —ordené.

Sonia la arrastró hasta donde yo estaba, agarrándola del cabello. Los hermanos de Bruno permanecían callados, observando todo con los ojos como platos.

—Lucía, tú solo eres una ex amante del padre de Bruno —le dije con frialdad—. No tienes ningún valor legal aquí: YO soy la esposa legítima. La casa la dirigiré YO a partir de hoy. ¡Mira el desastre que has ocasionado al consentir a estos mocosos!

Luego llamé a los matones que habían recuperado la conciencia:

—Ustedes dijeron que me servirían. Su primer trabajo es sacar a todos los empleados que Lucía contrató. Golpeenlos si es necesario, pero sáquenlos de aquí —ordené—. Han descuidado a su amo durante demasiado tiempo.

Después me dirigí a los hermanos de Bruno:

—Ustedes no quiero quejas de ningunos. Todos tendrán que estar a la hora de cenar. El que no se presente... pagará el precio.

En ese momento llegó la madre de los mellizos, María, con la cara seria.

—Vengo a llevarme a mis hijos —anunció.

—Sonia, tráela aquí —dije. Cuando la mujer se acercó, continué—: Sé que lo que buscas es dinero. Te lo daré, pero tendrás que firmar un papel donde nos cede la custodia total de Flor y Santiago.

—¡Por supuesto! Pero quiero mucho dinero, señora Roxana —respondió María sin rodeos.

—Toma este cheque con la mitad del monto —le entregué un sobre grueso—. La otra mitad te la daré cuando cumplas el acuerdo y entregues los papeles firmados.

—¡Gracias, señora! —dijo, sonriendo y guardando el cheque con avidez.

Justo entonces apareció Orquídea, vestida con un vestido blanco elegante, intentando quedar como la heroína que llega a ayudar. Pero se llevó una gran sorpresa al ver el desastre en el portón.

—¿Roxana? ¿Qué haces aquí? —preguntó, fingiendo preocupación.

—¿Qué haces TÚ aquí? —le respondí con frialdad—. Estamos bien. Lárgate de mi casa, no eres bienvenida.

—Esta casa es de Bruno —replicó, poniéndose una cara de víctima—. Sé que me odias porque Bruno me ama a mí, pero no es mi culpa...

—Jajajaja, no seas patética, Orquídea —le dije riendo—. No me molestas en lo más mínimo. Pero soy la esposa de Bruno y debo velar por esta familia. Aléjate.

En ese momento Gael se desmontó de su auto, furioso.

—¡Voy a entrar a ver a mi primo, quieras o no! —gritó, avanzando hacia el portón.

—Si entras, no me responsabilizo por lo que hagan mis matones —advertí.

Gael se rió con arrogancia y se lanzó contra los hombres que intentaban detenerlo, derrotándolos con facilidad.

—¡Nadie me detiene! —gritó.

Lo reté con una sonrisa desafiante.

—Si me derrotas, entrarás y me postraré ante ti. Pero si pierdes... quiero uno de tus dedos —anuncié.

—¡Está bien, acepto! —dijo, adoptando una postura de pelea.

Me levanté de mi asiento y me lancé hacia él. Con múltiples patadas precisas y movimientos que dominara como mariscala, lo derribé en pocos segundos. Cayó al suelo, jadeando de dolor.

—¿Qué vas a hacer, Roxana? —preguntó con miedo.

Puse una sonrisa fría y aterradora.

—Te lo dije... quiero uno de tus dedos —repetí.

—¡Estás loca! —gritó.

Orquídea intentó meterse en la pelea, pero le di una patada en el estómago que la dejó dormida en el suelo. Luego agarré el dedo meñique de la mano derecha de Gael, lo puse sobre una piedra del portón y se lo rompí con una patada fuerte. El hombre gritó de dolor tanto que se orinó encima.

—¡Duele! ¡Estás loca! —gemía.

—Esto es una advertencia —le dije—. Sé que lo de hoy fue obra tuya y de Orquídea. Podrán engañar a otros, pero a mí no.

Después me acerqué a Orquídea, que empezaba a despertar.

—¡Aléjate de mí! —gritó.

Le puse mi tacón negro con filo sobre su mano y lo clavé con fuerza.

—¡Duele! ¡Me duele mucho! ¡Basta! —gritó, derramando lágrimas.

Saqué el tacón violentamente, haciendo que sangrara su mano.

—Esto es solo una advertencia —dije—. Si se meten con mi familia, los haré desear la muerte.

Los matones que habían quedado en pie estaban completamente aterrados, temblando de miedo.

El chofer de Gael se acercó con la cara roja de ira.

—¡Usted es una perra loca! —gritó.

—¡Llamen a los matones! ¡Sujétenlo! —ordené. Cuando lo tuvieron immobilizado, le di una patada en la boca con tanta fuerza que perdió varios dientes; su boca quedó completamente rota y ensangrentada.

—No permito que nadie me falte el respeto —anuncié con claridad.

—¡Sonia, arrastra a Lucía adentro! —ordené. Los hermanos de Bruno veían todo desde la ventana, murmurando entre sí:

—¡Esa loca me da miedo, es muy aterradora! —dijo Diego, mientras Sebastián asentía con la cabeza.

Gael y Orquídea fueron llevados al hospital por su chofer, que se marchó corriendo sin decir nada más. Todos los antiguos empleados fueron sacados de la mansión a empujones, mientras el nuevo equipo de servicio empezaba a limpiar y ordenar el lugar.

Los matones que habían prometido servirme se alojaron en las habitaciones de servicio. Decidí conservarlos y entrenarlos para que vigilaran y protegieran a Bruno —eran hombres fuertes, y con el debido entrenamiento serían un buen equipo de seguridad.

Llegó la hora de la cena, y yo misma la había preparado: platos caseros ricos y bien presentados. Los mellizos Flor y Santiago bajaron primero, con los ojos brillantes. Tenían 5 años y eran unos niños hermosos.

—¡Qué lindos son ustedes! ¡Siéntense a cenar! Les preparé comida rica —dije con una sonrisa cálida, muy diferente a la que había usado antes.

—¡Gracias, madre! —dijeron ambos a la vez, sentándose en la mesa con entusiasmo.

Después bajaron los hermanos de Bruno, callados y con la cabeza baja. Les pregunté por Bruno:

—¿Por qué no bajó Bruno? Les dije que lo trajeran —dije con severidad.

—El no quiso... nunca sale de su habitación —respondió Sebastián con voz baja.

—Entonces YO iré por él —anuncié, dirigiéndome al segundo piso.

Llegué a la puerta de Bruno y llamé:

—¡Bruno, ábreme la puerta! —grité.

—¡No me molestes! No pienso abrir —respondió desde adentro.

—Entonces la voy a tumbar —advertí.

Sin esperar respuesta, pateé la puerta con tanta fuerza que los goznes se rompieron y la madera voló hacia adentro.

—¡¿Cómo te atreves?! —gritó Bruno, sentado en su silla de ruedas con la cara roja de ira.

—¡Baja conmigo o te bajo cargado! —dije, acercándome a él.

—¡Qué fastidiosa eres, mujer! —murmuró, pero no pudo evitar sonreír con resignación.

Agarré su silla de ruedas y lo bajé hasta el comedor, donde todos esperaban. Él no quería comer, cruzándose de brazos.

—¡Bruno, come ya o prefieres que te la dé en la boca! —le dije con firmeza.

—No es necesario —dijo enojado, pero se acercó a la mesa y empezó a comer—. Está bueno... —murmuró casi sin querer.

Sasha la hermana de Bruno, se acercó con una sonrisa.

—Desde hace mucho tiempo es la primera vez que cenamos todos juntos —dijo con emoción, mientras todos los presentes asintían con la cabeza.

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santiago bock herrera
🤭🤭🤭
santiago bock herrera
Roxana no deja pasar una
santiago bock herrera
Es bueno que se apoyen
santiago bock herrera
Esta es mi villana favorita
Aleida Delgado Santana: Es una ,Queen. Es muy astuta.
total 2 replies
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