(YAOI/BL)
Dark es un Vampiro pura sangre de la familia Nightingale. Es quién reina en el pueblo de Las Lunas Llenas. Es un muy buen gobernador y muchas personas se ofrecen para darle su sangre, pero él no acepta a cualquiera porque la sangre que debe beber debe ser única, especial y de la más alta calidad. Sin embargo, después de que la persona que tenía para beber sangre comienza a perder calidad en sus vasos sanguíneos, la preocupación lo asalta al creer que no podrá encontrar a alguien igual o incluso mejor que pueda darle vitalidad, fuerza y sobre todo poder. Sin embargo, cuando encuentra a Honey se da cuenta de que se había equivocado.
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SEDUCIENDO A UN VAMPIRO.
Honey comía con ganas porque tenía mucha hambre. Jays lo observó más que feliz porque, el verlo comer, era algo que le daba enorme felicidad por cumplir muy bien su trabajo que le había encomendado su Rey sobre cuidar a sus recipientes de sangre.
Lo vio feliz y que comía con unas enormes ganas. Ella se dedicó a limpiar su boca igual que siempre y tenía que esforzarse en entender las cosas que Honey le decía con la boca llena, pero logró recopilar cosas sobre zanahorias, lechugas y conejos, así que ella asintió. Notó que algo estaba sucediendo porque había transcurrido dos semanas y Honey se había estado quedando en su habitación cada dos días y luego andaba afuera disfrutando de todo y comportándose como alguien tranquilo que no tenía intenciones de dar el más mínimo problema.
Al terminar, ella se fue con él mientras le llevaba unas cosas a los conejos. Siempre se quedaba con ellos hablando y haciéndoles cariño, luego se iba a las rosas preocupándose de no ensuciarse ni un solo poco, pero se dedicaba a acariciar sus pétalos y hablarles un poco.
Jays estaba sorprendida de eso, pues sabía que Dark no dejaba que nadie se acerque, pero asumió que con Honey estaba haciendo un esfuerzo debido a cómo era de curioso y las veces que se había metido en problema, entonces si Honey podía ver las rosas, no iba a querer estar yendo a otro lado. Y esa era la intención de Dark, mantenerlo un poco controlado por unos segundos, pero Honey no estaba controlado por ver unas rosas.
—Jays, ¿tú has ido a las ciudades lejanas?
—Recuerdo que años atrás ronde esos lugares, pero nada más que eso. Ya sabe, en esas ciudades las jurisdicciones son diferentes. Pueden convivir vampiros y humanos, pero hay otras reglas muy diferentes.
Honey asintió mientras estaba sentado en el suelo.
—Mamá me contaba que yo nací en una de las ciudades lejanas, pero, por papá, se vinieron aquí a vivir. Entonces, mamá comenzó a enfermar y tiempo después falleció. Yo siempre pensé que aquí no era feliz, pero siempre lo ocultaba de mí para que no estuviera triste.
Jays era capaz de darse cuenta de que, cada vez que hablaba de su madre, se ponía triste. Era una tristeza tan enorme que se veía diferente. Pensó en querer decirle algo, en querer hacerlo sentir mejor, pero ella no recordaba a su madre y no sabía muy bien que palabras emplear. Entonces, por no ser capaz de encontrar las palabras perfectas, prefirió arrodillarse detrás de él y comenzar a peinar su cabello con sus manos. El largo le llegaba casi a los hombros ya, así que eso indicaba que todo estaba bien con él.
El fin de un recipiente de sangre iniciaba dando los primeros indicios con su cabello, ya que perdía el brillo, se juntaba demasiada grasitud y las puntas comenzaban a partirse en dos.
—No se preocupe, joven Honey —susurró a su lado —. Usted es un chico muy amable y dulce, así que su madre debió estar feliz de tenerlo. Cualquiera estaría feliz de tenerlo a su lado. Las personas suelen ser siempre prepotentes, malintencionadas, mentirosas y engañosas, pero usted no es nada de eso. Tal vez es olvidadizo, despistado y muy curioso, pero eso solo lo vuelve más especial.
Honey sonrió unos segundos.
—Sí, todo se me olvida. Cuando mamá estaba me sucedía igual y ella siempre me decía cabeza de pollo.
—El castillo siempre se veía demasiado sombrío y triste, pero usted llegó riendo y dándole vida a muchas cosas y todos nos dimos cuenta de eso. Nuestro Rey jamás negaría algo como eso si se lo pregunta.
—Las últimas veces que me ha mordido, no me ha dolido tanto —comentó, pero se fue dando cuenta de que, cada vez que Dark lo iba mordiendo, le iba gustando.
Soltó un suspiro porque comenzaba a desear que fuera solo sábado o miércoles para que él bebiera de su sangre.
—Eso es porque su cuerpo ya se está acostumbrando. A todos los recipientes de sangre les ha ocurrido.
Se quedó dudoso pensando en sí a todos les comenzaba a gustar y sintiendo cosas extrañas por su cuerpo. Sacó un poco de pasto y sintió como Jays acariciaba su cabello con cuidado y gentileza. Sintió relajación y disfrutó de eso por unos segundos. Sus toques eran amables y le daban la sensación de que estaba siendo acariciado por su propia madre, pero Dark lo tocaba con fuerza y le calentaba todo el cuerpo.
No sabía si eso era bueno o peligroso, pero no quiso pensar nada más.
—¿Quieres comer algo más? —preguntó Jays.
—No, tengo sueño —respondió.
Jays lo quedó mirando unos segundos y era la misma respuesta que le había estado dando los últimos. Lo vio ponerse de pie y lo acompañó hasta su habitación. Entró para ordenar algunas cosas y lo vio tirarse en la cama para acomodarse y dormir. Eso no le preocupó porque los recipientes de sangre podían sentir mucha hambre o mucho sueño o ambas cosas a la misma vez.
Al verlo dormir, solamente salió fuera. La luna ya estaba por salir y la noche estaba llegando. Al pasar unos minutos, Honey se movió en la cama y se acercó a la puerta para mirar fuera viendo todo libre. Cerró la puerta y le puso seguro.
Había dejado las cosas muy bien guardadas así que Jays nunca había visto nada. Se estaba aburriendo cada día más, pero había obtenido una nueva diversión que era mejor que andar viendo a esas sirenas. Se quedó mirando el techo un poco pensando en algunas cosas. Le gustaba sentir algo en esa parte de su cuerpo. Hace tiempo que no hacía nada y no quiso desaprovechar la oportunidad de entretenerse solo. Después de todo, imaginaba que ninguno de los vampiros que andaban por el castillo podían servir para eso.
Se quedó quieto por un instante y uso un poco de lubricante para aligerar las cosas y preparar el área de buena manera. Había descubierto que el vibrador era bueno, pero era más bueno si intentaba llevarlo justo a ese punto y utilizaba el dildo a la misma vez.
Movió un poco su cuerpo y tomó su erección con su mano libre para obtener el doble de bueno.
Estaba seguro que nadie iba a entrar porque era lunes, por ende Dark no iba a beber nada de sangre y porque Jays no iba a regresar por creer que estaba dormido. Así que cerró sus ojos intentando imaginar que estaba con alguien, pero no podía imaginarse algún rostro de esos chicos que le habían gustado porque, al final de todo, el rostro se comenzaba a distorsionar para volverse el rostro de alguien tenebroso a quién debía tenerle respeto y no imaginaciones eróticas.
Un gemido largo se escapó de sus labios mientras oía el sonido del vibrador en su interior y siguió moviendo sus manos para encargarse de atrás y adelante. El dildo no era muy grande, pero tenía el tamaño para hacerlo sentir bien.
No sabía muy bien lo que estaba deseando, pero sentía que estaba experimentando algo intenso por todas esas imaginaciones que tenía en su mente. El calor le recorrió el cuerpo e imaginó escuchar unos pasos, pero no quiso detenerse. Asumió que era Jays y que, como la puerta estaba con seguro, entonces no iba a poder entrar de forma inmediata, mas no era Jays en lo absoluto.
Deseó que llegará Dark para verificar algunas cosas, pero estaba tan consumido por lo que le estaba recorriendo el cuerpo que no fue capaz de darse cuenta de nada. Otro gemido se escapó de sus labios atravesando las paredes llegando a los oídos de quién estaba caminando por el pasillo y se detuvo. Su rostro seguía serio y, a pesar de que estaba lo suficientemente lejos, pudo escuchar ese gemido estremecedor que se había escapado de alguien.
Dark miró en aquella dirección porque con su audición escuchaba todo y no era muy difícil distinguir gemidos de dolor con los gemidos claros de placer desbordante que alguien podía estar sintiendo.
Honey había estado queriendo muchas cosas y, el solo hecho de pensar en que Dark le estuviera mordiendo el cuello mientras entraba en él una y otra vez, lo hacía casi volverse loco porque quería más. Asumió que se estaba volviendo una persona totalmente pervertida, pero en su imaginación estaba seduciendo a un vampiro sin siquiera darse cuenta de que no era simplemente en su imaginación, sino que también en la vida real.
—Ah... Dark —susurró.
El vampiro formó puños al oír aquello.
—A-ah...
Formó puños y se alejó con rapidez para llegar a su habitación. Intentó respirar porque hace demasiado tiempo que no sentía tanta calor en su cuerpo sabiendo que su piel siempre era fría como el de una serpiente. Pasó las manos por su cabello porque Honey no se equivocaba mucho. Habían pasado años y no recordaba muy bien cuando había sido la última vez que había disfrutado de un placer como ese.
Tal vez diez, quince o veinte años en que no hacia algo como eso porque nadie le llamaba la atención realmente. Le gustaba el sexo, pero de una forma que a otras personas le daban miedo y desconfianza, pero no era una persona insistente. Sabía leer a las personas, así que era capaz de darse cuenta quién deseaba algo así y quién no.
Todas esas cosas estaba seguro que las había tirado en algún lugar lejos, pero Honey las estaba usando y lo imaginó de muchas maneras: amarrado, gimiendo, con esposa, con los ojos vendados, rogando por más, llorando por el dolor.
Y, después de tanto tiempo, una parte de él despertó con fuerza porque seguía escuchando claramente los gemidos de Honey cada vez más acelerados.
Y supo que, el tener a Honey a su lado iba a ser peligroso, no solo por su curiosidad y que se metía en problemas cada dos por tres, sino que por miles de cosas malas.