NovelToon NovelToon
Siento lo que sientes

Siento lo que sientes

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Romance de oficina / Completas
Popularitas:9k
Nilai: 5
nombre de autor: Angel_fr_Hell

**Valentina Reyes nunca pidió este trabajo.**

Un día, una oferta misteriosa aparece en su correo. Al siguiente, está parada en el elevador VIP de Grupo Austral, frente al hombre más intimidante que ha visto en su vida: Santiago Montero, el CEO que nadie se atreve a mirar a los ojos.

Sus dedos se rozan en el botón del piso 25. Una chispa de estática. Un chasquido visible.

Y desde ese momento, Santiago empieza a sentir todo lo que ella siente.

Su ansiedad. Su hambre. Su rabia contra el jefe explotador. Sus ganas de llorar viendo telenovelas a medianoche. Y algo peor: los latidos desbocados de su corazón cada vez que él se acerca demasiado.

El problema es que Santiago Montero no ha sentido absolutamente nada —ni miedo, ni alegría, ni tristeza— desde que tenía doce años.

Ahora, atrapado en las emociones de una chica que lo saca de quicio, Santiago tiene dos opciones: encontrar la forma de romper el vínculo... o admitir que, por primera vez en veinte años, no quiere dejar de sentir.

**Ella le devolvió el color a un mundo en blanco y negro. Pero, ¿qué pasa cuando él descubre que también puede sentir por cuenta propia?**

NovelToon tiene autorización de Angel_fr_Hell para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

Cap 5: Pulsos sincronizados

La persona que Emilio llamó fue él mismo.

Cargó a Santiago como si fuera un costal de cemento —ciento ochenta centímetros de CEO inconsciente y mandíbula apretada— y lo metió en el asiento trasero de su Porsche Cayenne, que estaba estacionado en B2 con una multa de tránsito pegada al parabrisas que Emilio ignoró con la naturalidad de alguien que las acumula como estampas.

—Tú, atrás con él —le dijo a Valentina—. Si se despierta, que lo primero que vea no sea el techo.

Valentina se subió. La puerta se cerró. Santiago estaba desplomado contra el asiento con la cabeza inclinada hacia un lado, la corbata floja, y la mano derecha todavía medio cerrada sobre el aire, como si buscara algo que ya no estaba.

Emilio arrancó. Condujo como si las señales de tránsito fueran sugerencias opcionales.

—No lo mataste —dijo, ajustando el espejo para verla—. Por si te lo estás preguntando.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque le tomé el pulso. Sesenta y ocho. Lo cual es raro porque Santiago en reposo anda en sesenta y dos. —Esquivó un taxi sin usar la direccional—. Entonces o tiene fiebre, o algo lo está alterando.

"Algo" era ella. Valentina lo sabía aunque no pudiera decirlo. Su smartband marcaba 136 lpm y bajando, y cada vez que su corazón se desaceleraba un latido, habría jurado que el pecho de Santiago subía un poco más lento también.

"Estoy loca. Oficialmente loca. Segundo día de trabajo y ya perdí la razón."

---

Hospital Ángeles del Pedregal. Urgencias. Santiago fue ingresado como paciente privado —Emilio se encargó del papeleo con una tarjeta platino y una sonrisa que hizo a la recepcionista olvidar que el paciente había llegado cargado como bolsa de mandado.

El doctor de guardia revisó a Santiago con la misma meticulosidad aburrida de quien hace esto veinte veces al día.

—Síncope vasovagal. Probablemente estrés. No hay daño neurológico. —Le puso una bolsa de suero y lo dejó en observación.

Valentina esperó en el pasillo, sentada en una silla de plástico con los codos en las rodillas y la cara entre las manos. Las enfermeras pasaban a su lado sin mirarla. Un señor con la pierna enyesada la observó desde la camilla de enfrente con curiosidad ociosa.

Sacó el celular. Abrió WhatsApp. Escribió:

"Creo que maté al director."

Camila respondió en cuatro segundos:

"¿¿¿¿QUÉ????"

"Es largo."

"VALENTINA REYES MORA EXPLÍCAME AHORA MISMO."

"Luego te cuento."

Bloqueó el teléfono. Camila le mandó diecisiete mensajes más en los siguientes tres minutos. Valentina los vio acumularse en la pantalla como una avalancha.

---

Santiago abrió los ojos a las 10:47 de la mañana.

Lo primero que vio fue el techo blanco del hospital. Lo segundo, la bolsa de suero. Lo tercero, a Emilio comiendo unas galletas del dispensador con los pies sobre la silla de al lado.

—Bienvenido —dijo Emilio con la boca llena—. Llevas cuarenta minutos fuera. El doctor dice que estás perfecto. Yo digo que te desmayaste como dama victoriana.

Santiago se incorporó. El suero le tironeó el brazo. Lo ignoró.

—¿Dónde está ella?

—Afuera. Temblando. Convencida de que te mató y de que va a ir a la cárcel por homicidio involuntario de un CEO. —Emilio señaló la puerta con la galleta—. ¿La hago pasar?

—Sí.

Valentina entró como quien entra a una corte marcial: los hombros encogidos, los ojos fijos en el piso, las manos agarrándose entre sí como si necesitara sostenerse a sí misma.

—Señor Montero, yo...

—Siéntate.

Valentina se sentó en la silla junto a la cama. Santiago la observó un momento —sin hostilidad, sin calor, solo con esa concentración absoluta que aplicaba a todo lo que no entendía.

—Dame tu muñeca.

Valentina dudó. Pero algo en su tono —no una orden esta vez, sino una petición disfrazada de orden— la hizo extender el brazo. Santiago tomó su muñeca con una mano. Con la otra, se buscó el pulso en el cuello.

—Siente —dijo.

Valentina sintió. Debajo de los dedos de Santiago, el pulso de ella latía con un ritmo determinado: tum-tum, tum-tum. Y en el cuello de él, bajo sus propios dedos: exactamente lo mismo. Tum-tum. Tum-tum. Sincronizados al milisegundo, como dos relojes conectados al mismo mecanismo.

—Eso no es normal —murmuró Valentina.

—No. —Santiago soltó su muñeca—. Creo que estoy compartiendo tus emociones.

Valentina parpadeó. Esperó a que añadiera algo más —una explicación, un contexto, una risa nerviosa—. Nada.

—¿Mis emociones?

—Ayer sentí tu ansiedad. Tu hambre. Tu tristeza. —Lo dijo como quien lee una lista de síntomas—. Hoy, en el elevador, sentí todo lo que sentías. Diez cosas al mismo tiempo. Mi sistema se sobrecargó.

"Este hombre está completamente loco. Lo electrocuté y le dañé el cerebro."

—Ahora mismo piensas que estoy loco —dijo Santiago.

Valentina se quedó inmóvil.

—Y también sientes miedo. —Ladeó la cabeza un milímetro—. Y un poco de... ¿duda?

El silencio que siguió fue tan denso que Valentina pudo oír el goteo del suero.

—Haz una prueba —dijo Santiago—. Piensa en algo que te haga feliz.

Valentina tragó saliva. Cerró los ojos. Intentó pensar en algo feliz pero su cerebro solo producía variaciones de "me van a despedir" y "esto no puede estar pasando". Luego, sin proponérselo, le vino la imagen de Camila apareciendo en la oficina ayer con su balayage perfecto y sus zapatos que costaban más que la renta: "¡Ay, no puede ser!" La risa involuntaria que eso le provocó —genuina, absurda, inoportuna— le aflojó los hombros.

Santiago frunció el ceño. No mucho. Solo el movimiento mínimo de quien nota algo que no debería estar ahí. La comisura derecha de su boca subió un milímetro.

No sonrió. Santiago Montero Castellanos no sonreía. Pero algo en su cara se movió sin su permiso, como un músculo que despierta después de décadas de desuso.

—Ahora piensa en algo malo —dijo, con la voz un poco más baja.

Valentina pensó en la posibilidad de ser despedida. En Ecatepec. En la gotera del baño. En su madre llamándola para preguntar cómo le fue y ella teniendo que mentir.

La mandíbula de Santiago se apretó. Sus ojos se oscurecieron. La bolsa de suero tembló levemente con el tirón involuntario de su brazo.

—Suficiente —dijo, y sonó como alguien cerrando una puerta.

Valentina abrió los ojos.

—No puede ser.

—Pon la mano aquí. —Se señaló el pecho, a la izquierda, donde el corazón latía bajo la bata de hospital.

Valentina debería haber dicho que no. Debería haberse levantado. Debería haber llamado a seguridad, a su madre, a un sacerdote.

En cambio, puso la palma sobre su pecho.

El latido de Santiago golpeó su mano: firme, rítmico, exacto. Y en su propia muñeca, la smartband registraba lo mismo: 74 lpm. Idénticos. Como si dos corazones separados hubieran decidido, sin consultar a sus dueños, latir como uno solo.

La mano de Valentina tembló contra la bata. No la retiró.

—¿Qué somos? —susurró.

Santiago no contestó la pregunta. En su lugar, dijo:

—Nadie puede saberlo. —Su voz era la de siempre: plana, controlada, sin fisuras visibles. Pero debajo de la palma de Valentina, su corazón había acelerado medio segundo—. Necesitamos revertir esto. Rápido.

Emilio, que había estado recargado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados y la bolsa de galletas vacía en la mano, se aclaró la garganta.

—Solo para que conste —dijo—, yo también estoy aquí. Y esto es lo más interesante que me ha pasado en mi vida.

Santiago lo miró con una expresión que en cualquier otro rostro habría sido irritación. En el suyo era simplemente una pausa más larga entre parpadeos.

—Necesito que busques a alguien que pueda explicar esto.

—¿Un médico? ¿Un neurólogo? ¿Un curandero? ¿Un exorcista?

—Alguien —repitió Santiago.

Valentina seguía con la mano en su pecho. La retiró despacio, como si el contacto le quemara. Su smartband y el monitor cardíaco junto a la cama mostraban la misma cifra: 78 lpm. Dos pantallas, dos cuerpos, un solo ritmo.

Santiago miró los números. Valentina miró los números. Emilio miró a los dos mirando los números y guardó silencio por primera vez en toda la mañana.

Afuera, una ambulancia pasó con la sirena encendida. El sonido se coló por la ventana y murió en el pasillo. Y en esa habitación de hospital, tres personas se quedaron en silencio frente a algo que no tenía nombre, no tenía cura, y no tenía la menor intención de desaparecer.

1
Lau
interesante 🤭 comenzando
Graciela Pinto Caetano
esperaba otro final!!!
Tere Bru
novela tan larga ,para un final así !! desilusión total 😔
Milo Mosquera
Muy linda.
Milo Mosquera
😍😍😍😍
Stella Vega
??? Y ???
Stella Vega
????Y ??
engerling marrugo arroyo
😭 y el final 😭😭
Viviana Gonzalez
Estimada Escritora, muchas gracias, por una historia Fascinante, Extraordinario, me encantó pero siento que faltaron los besos, más vida de ellos como pareja,
Is Cantil
Jajaja pobre, no sabe porque comió ese taquito 🤣🤣
Karen Bel
que paso aquí? así termina 😢
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play