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Destinos Cruzados

Destinos Cruzados

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Jairy Erismar Ramirez

Elena busca el orden y la perfección; Julián vive bajo sus propias reglas. Cuando sus caminos se crucen en la academia, descubrirán que el destino tiene un plan completamente diferente para los dos. ¿Podrá el amor romper sus defensas?

NovelToon tiene autorización de Jairy Erismar Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un nuevo hogar para todos

Los días siguientes al inesperado encuentro en la oficina transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos. El señor Arturo, movido por una urgencia que nacía desde lo más profundo de su alma arrepentida, no perdió un solo segundo. Utilizó todas sus influencias y recursos para dejar lista la imponente mansión familiar, la cual había permanecido sumida en un silencio sepulcral durante los últimos tres años. Mandó a pintar, a redecorar y, sobre todo, ordenó reformas estructurales de inmediato: la construcción de rampas de acceso en la entrada y la adaptación completa de una hermosa y espaciosa habitación en la planta baja.

​Para Elena, el cambio se sentía casi irreal. Aquella mañana, mientras terminaba de cerrar la última caja de cartón en el pequeño departamento donde había luchado sola, miró a su madre, quien esperaba pacientemente en su silla de ruedas. Durante esos tres largos años, el cuidado de su madre discapacitada había sido una de sus mayores preocupaciones y fuentes de fatiga. Ver entrar al señor Arturo con una sonrisa radiante, dispuesto a ayudarlas a cargar las maletas y a cambiarles la vida por completo, hizo que Elena soltara un suspiro de alivio. El pasado de carencias y dificultades por fin quedaba atrás.

​El trayecto en el automóvil adaptado que Arturo había conseguido fue sumamente pacífico. Cuando el vehículo cruzó las grandes rejas de la propiedad y se detuvo frente a la imponente fachada de la mansión, el pequeño Julián pegó su carita a la ventana, abriendo los ojos de par en par.

​—¡Abuelo, es una casa gigante! —exclamó el niño con su tierna vocecita, logrando que el corazón de Arturo diera un vuelco de pura felicidad.

​—Es tu casa, mi campeón. De ahora en adelante, este es el hogar de todos ustedes —respondió el anciano conmovido, ayudando con suma delicadeza y respeto a bajar a la mamá de Elena en su silla de ruedas a través de la nueva rampa.

​Al cruzar el umbral de la entrada, la madre de Elena miró a su alrededor con los ojos cristalinos, asombrada por la belleza del lugar y, sobre todo, por las atenciones de Arturo. El anciano la guio personalmente hacia su nueva habitación en la planta baja.

​—Quise que se quedara aquí abajo para su mayor comodidad —explicó Arturo con total humildad, abriendo la puerta—. Tiene acceso directo al jardín, un baño completamente equipado para sus necesidades y un espacio amplio para que se desplace sin problemas. Además, ya contraté a una enfermera profesional que la asistirá todos los días para que Elena ya no tenga que cargar con todo el peso sola.

​Elena miró a su madre, quien sostenía la mano de Arturo con lágrimas de gratitud en las mejillas, incapaz de articular palabra ante tanta generosidad.

​—Señor Arturo... esto es más de lo que alguna vez pudimos soñar —susurró Elena, con un nudo de felicidad en la garganta—. Gracias por pensar en mi mamá.

​—Es lo mínimo que puedo hacer, Elena. Prometí cuidar de ustedes y voy a cumplirlo —respondió Arturo con firmeza.

​Luego, el anciano tomó la manita de su nieto para guiar a Elena escaleras arriba y mostrarles el resto de la casa. El cuarto del niño era un sueño: una cama en forma de auto de carreras, un gran estante lleno de libros de cuentos y más juguetes de los que el pequeño pudiera haber imaginado jamás. El niño soltó un grito de alegría y corrió directo a explorar su nuevo territorio, tirándose sobre una mullida alfombra para jugar con un camión de bomberos.

​La tarde se pasó entre risas infantiles y el proceso de desempacar. Por primera vez en tres años, el eco de las risas de un niño y la calidez de una familia unida llenaron cada rincón de la mansión, transformando la fría estructura de cemento en un verdadero hogar.

​Entrada la noche, después de que el pequeño Julián y la madre de Elena cayeran profundamente dormidos, Elena bajó a la planta baja para tomar un vaso de agua. Al pasar cerca del gran jardín trasero, notó que una luz tenue iluminaba el despacho principal. Caminó con pasos suaves y descubrió al señor Arturo de pie frente al gran ventanal, mirando hacia el cielo estrellado, sosteniendo el portarretratos de su hijo Julián.

​Elena tocó la puerta de madera entreabierta con delicadeza.

​—¿Señor Arturo? ¿Todo bien? —preguntó con suavidad.

​El anciano volteó y le dedicó una sonrisa melancólica, invitándola a pasar. Elena se acercó y miró la fotografía de su gran amor.

​—Estaba hablando con él... —confesó Arturo con la voz un poco ronca—. Le estaba contando que su hijo, su hermosa mujer y su suegra ya están aquí, protegidos bajo este techo. Le pedí al cielo que me dé los años suficientes para ver crecer a ese niño y para asegurarme de que nunca más vuelvan a pasar una sola necesidad.

​Elena sintió que las lágrimas rodaban libres por sus mejillas. Se colocó al lado del anciano, mirando también la fotografía.

​—Él lo sabe, señor Arturo —dijo Elena, poniendo una mano reconfortante sobre el hombro del hombre—. Esté donde esté, Julián está viendo esto. Su alma por fin está descansando en paz al ver que su familia está unida y a salvo.

​Arturo bajó la mirada, dejando que una lágrima solitaria rodara por su rostro, sellando una promesa silenciosa ante el recuerdo de su hijo. Al regresar a sus respectivas habitaciones, una sensación de absoluta esperanza quedó flotando en el aire. Los destinos cruzados por la tragedia finalmente habían encontrado un puerto seguro.

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