Axel nunca tuvo talento.
No era el más inteligente.
No era el más fuerte.
No era el más popular.
Mientras otros avanzaban, él parecía quedarse atrás.
A sus 22 años, su vida era una colección de trabajos temporales, sueños abandonados y promesas que nunca cumplía. Cada día se parecía al anterior: levantarse cansado, trabajar por poco dinero y regresar a casa sintiendo que no estaba llegando a ninguna parte.
Pero una noche todo cambia.
Al escuchar a su madre llorar en silencio por las deudas y los problemas que amenazan a su familia, Axel comprende una verdad dolorosa: nadie vendrá a rescatarlo.
No existe un destino especial.
No existen los milagros.
No existe un camino fácil.
Si quiere una vida diferente, tendrá que construirla con sus propias manos.
Así comienza una batalla que durará años.
Una batalla contra la pobreza.
Contra el cansancio.
Contra el miedo.
Contra los errores.
Y, sobre todo, contra sí mismo.
En el camino conocerá a Sofía, una joven que parece tener la vida bajo control, aunque detrás de su sonrisa también esconde heridas que nadie imagina. Juntos descubrirán que crecer no significa volverse perfecto, sino aprender a seguir adelante incluso cuando todo parece perdido.
Entre fracasos, pequeñas victorias, amistades verdaderas, amores complicados y decisiones que cambiarán su futuro, Axel descubrirá que la disciplina duele, que los sueños tienen un precio y que convertirse en alguien mejor es mucho más difícil de lo que imaginaba.
Porque la vida nunca estuvo diseñada para ser fácil.
Y cuando el mundo te obliga a jugar en desventaja...
Solo queda una opción.
Activar el modo difícil.
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CAPÍTULO 18 - Cuando el éxito da miedo
La mayoría de las personas cree que el miedo aparece antes del éxito.
No siempre.
A veces aparece después.
Porque fracasar es doloroso.
Pero tener éxito puede ser aterrador.
Especialmente cuando llevaste años convenciéndote de que no eras suficiente.
Durante varios días Axel caminó con una sensación extraña.
La calificación seguía dando vueltas en su cabeza.
No podía olvidarla.
No porque fuera perfecta.
Porque no lo era.
Sino porque representaba algo que nunca había imaginado.
Había demostrado que podía competir.
Que podía aprender.
Que podía destacar.
Y aquello cambiaba las reglas del juego.
Porque mientras se consideraba incapaz, tenía una excusa.
Si no intentaba algo...
No podía fracasar.
Si no aspiraba a más...
No podía decepcionarse.
Si no soñaba demasiado...
No podía sufrir demasiado.
Era una prisión cómoda.
Dolorosa.
Pero cómoda.
Ahora esa prisión estaba comenzando a romperse.
Y eso daba miedo.
El lunes ocurrió algo inesperado.
El instructor anunció un nuevo proyecto.
Uno mucho más grande que los anteriores.
Mucho más exigente.
Mucho más importante.
Los participantes trabajarían en equipos.
Y los mejores proyectos tendrían acceso a oportunidades reales dentro de empresas asociadas.
El salón entero reaccionó.
Algunos se emocionaron.
Otros se pusieron nerviosos.
Axel sintió ambas cosas al mismo tiempo.
—Perfecto...
Aquella palabra ya comenzaba a parecer una maldición.
Cuando anunciaron los equipos, ocurrió algo todavía más inesperado.
Diego levantó la mano.
—Quiero trabajar con Axel.
El instructor asintió.
—Bien.
Axel parpadeó.
—¿Qué?
Diego sonrió.
—¿Qué?
—¿Por qué yo?
—Porque eres bueno.
—No digas tonterías.
—Lo digo en serio.
Aquella respuesta lo dejó completamente desarmado.
Porque todavía no sabía cómo reaccionar cuando alguien reconocía algo positivo en él.
Seguía buscando la trampa.
La broma.
El error.
Pero no había ninguno.
Esa tarde llegó al parque.
Y por supuesto Sofía estaba allí.
Leyendo.
Como si jamás hubiera abandonado esa banca.
—Tengo un problema.
Ella cerró el libro.
—Adelante.
—Creo que las cosas están saliendo demasiado bien.
Sofía lo observó.
Luego soltó una carcajada.
—Definitivamente eres raro.
—Lo digo en serio.
—Lo sé.
Eso es lo preocupante.
Axel se dejó caer sobre la banca.
—Antes sabía quién era.
—¿Sí?
—Sí.
El que se equivocaba.
El que llegaba tarde.
El que no destacaba.
El que no esperaba demasiado.
—Ajá.
—Ahora todo está cambiando.
—Ajá.
—Y no sé cómo sentirme.
Sofía permaneció en silencio unos segundos.
Luego habló.
—Creo que estás de duelo.
—¿Qué?
—Por tu antigua identidad.
Aquella respuesta lo tomó por sorpresa.
—Explícate.
—Pasaste años creyendo ciertas cosas sobre ti.
Ahora estás descubriendo que muchas eran mentira.
Y eso es confuso.
Porque una parte de ti todavía quiere aferrarse a la versión antigua.
Axel bajó la mirada.
Porque, por incómodo que sonara...
Tenía razón.
Otra vez.
Esa noche abrió una página nueva en la libreta.
Y escribió dos títulos.
Lo que creía sobre mí.
Lo que estoy descubriendo.
Debajo del primero escribió:
"No soy disciplinado."
"No aprendo rápido."
"No puedo destacar."
"No soy capaz de liderar."
Luego observó la lista.
Y comenzó a escribir debajo del segundo.
"Me levanto temprano todos los días."
*"He aprendido más en